Ideas

El hombre artificial

La inteligencia artificial está generando al hombre artificial, pero mientras que la inteligencia artificial es un gran paso en el camino del progreso tecnológico, el hombre artificial es un gran retroceso en la evolución humana, que puede provocar, y ya lo está haciendo, situaciones de riesgo sumamente graves para toda la sociedad.

En la medida en que la IA ofrece la posibilidad de ahorrar esfuerzo a las capacidades intelectuales, tales como investigar, discernir, comparar, relacionar, sintetizar, concluir, se sigue que al igual que cualquier músculo en reposo, el cerebro se hará cada vez más flácido y dependiente de la tecnología.

El caso de la UNAM es bastante emblemático. En el presente año y por primera vez, la universidad dio un paso trascendental al ofrecer su examen de ingreso a licenciaturas totalmente en línea. Era un paso arriesgado dada la mentalidad mexicana siempre tendiente a la corrupción y a la trampa, lo cual explica que esta institución académica acudiera a los servicios de determinadas entidades para detectar cualquier tipo de anormalidades, dando lugar a un duelo justamente entre inteligencias artificiales, por un lado la IA utilizada para descubrir tramposos, y por el otro, la IA utilizada para burlar la vigilancia. Fue esta última la que triunfó, pero no pudo impedir que el resultado de los concursantes fuese sospechoso.

De pronto y de manera sorprendente para nuestros estándares, un notable número de quienes hicieron dichos exámenes obtuvo calificaciones de excelencia. No es que se negara la posibilidad de alcanzarlos, es que las estadísticas históricas no podían justificar tal incremento de genialidad.

La cuestión es que quienes de esta forma lograban el ingreso a la carrera que fuese, es muy posible que con esa misma estrategia siguieran adelantando en su proceso académico, cuyo producto sería médicos artificiales, abogados artificiales, ingenieros artificiales, contadores artificiales, etc. ¿Estaría usted dispuesto a ponerse en manos de un médico que realizó así su carrera? ¿De un profesional incapaz de analizar sus propios datos, con un cerebro famélico y una nula capacidad de pensar?

Ya en México desde la feliz decisión del presidente Peña Nieto de que ninguna escuela básica o media, reprobara a sus alumnos, veníamos acarreando un serio reto de eficiencia intelectual, de indisciplina educativa, de trastocamiento de la función de la escuela, que ahora era otorgar certificados aprobatorios a diestra y siniestra, que afectaban inmediatamente la inserción de los alumnos en los siguientes grados y la necesidad de los famosos cursos remediales.

Igual efecto venía teniendo el impacto de las redes sociales que universalizaban el dominio de la opinión sobre la demostración, de la credulidad sobre la racionalidad, de la terquedad sobre el debate, del dejar de pensar o pensar de manera torpe, pero decidida, algo que en países más serios se había ya prevenido prohibiendo el uso de celulares en primarias y secundarias.

Ahora con el escándalo de la UNAM deberían encenderse todas las alertas y para todo el sistema educativo tanto público como privado no en el sólo sentido de buscar mejores controles o sistemas de vigilancia, sino sobre todo en el de recuperar principios y metas básicas en el quehacer educativo, en orden precisamente al tipo de país que queremos en el actual concierto de las naciones, donde la competitividad, paradójicamente, radica cada vez más en el desarrollo de un pensamiento creativo y competitivo, y no en un concurso de títulos de grados y postgrados sin fondo ni sustancia.

A fin de cuentas, el problema sigue siendo el mismo, quienes mandan y quienes obedecen, quienes piensan y quienes dejan de hacerlo, quienes manipulan y quienes se dejan manipular, quienes ostentan el capital y quienes sólo un mínimo interés, también, de quienes tienen el poder y quienes solamente la debilidad.

armando.gon@univa.mx

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