El futuro de Morena
Morena, actual partido gobernante (hegemónico) en México, se encuentra en una encrucijada política y ética en el contexto del relevo de su dirigencia nacional, lo que presume el afianzamiento del control de la Presidencia Claudia Sheinbaum, y en el contexto de las acusaciones del Gobierno de Estados Unidos en contra del gobernador de Sinaloa y otro funcionarios en ese Estado. Este episodio ha dado paso a comentaristas contrarios al gobierno quienes afirman que en realidad hay otros políticos de Morena en la mira de las autoridades estadounidenses por casos de corrupción, especialmente vínculos con el narcotráfico.
Las acusaciones en contra del gobernador de Sinaloa (ahora con licencia) Rubén Rocha Moya tensaron las relaciones entre los Gobiernos de México y Estados Unidos, como hacía muchos años no ocurría. Las reiteradas intenciones del presidente de Estados Unidos de afirmar que en México gobiernan los cárteles de la droga y su insistente petición para que se le permita llevar a cabo operaciones militares en territorio mexicano han puesto contra las cuerdas al Gobierno mexicano. Ya sea por voluntad propia o por la presión del presidente Donald Trump, lo cierto es que la Presidenta Sheinbaum ha modificado la política de seguridad, para distanciarse de la puesta en práctica por el presidente Andrés Manuel López Obrador. A pesar de ello y a pesar de la entrega (como un tributo) de 94 detenidos de los diversos cárteles de la droga, siguen las presiones de Estados Unidos e incluso se ha especulado sobre una operación para detener a Rocha Moya u otros políticos, semejante al operativo que el Pentágono desplegó en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro.
En este conflictivo contexto, el domingo pasado se celebró el octavo Congreso Nacional Extraordinario de Morena, donde se dio el relevo de la presidencia nacional. Ahí, Ariadna Montiel Reyes sustituyó a Luisa María Alcalde, quién será consejera jurídica de la Presidencia de la República.
En su discurso de toma de posesión, Ariadna Montiel fijó postura frente a las acusaciones en contra de Rocha Moya. Dijo que los corruptos no tienen cabida en Morena, y sostuvo que su dirigencia no tolerará la corrupción en ningún gobierno emanado del partido guinda. Y más adelante advirtió que no se postulará a ningún aspirante como candidato “si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción”, aunque haya ganado la encuesta interna. Al final, Ariadna Montiel sostuvo de que su partido está obligado a “hacer un examen de conciencia” para detectar y hacer a un lado a los cuadros involucrados en actos de corrupción.
¿Es suficiente esta toma de postura de la nueva dirigente de Morena para salir de la encrucijada en la que se encuentra? La historia de los partidos en México y en el mundo indican que no será suficiente.
Los fundadores de Morena concibieron a esta organización como una herramienta política para cambiar al país (la Cuarta Transformación de la República), generar mecanismos de participación ciudadana y toma de decisiones por mandato popular; luchar contra las políticas neoliberales e instaurar un Estado de bienestar; y finalmente, restablecer la superioridad del interés popular en la toma de decisiones del Estado mexicano.
La historia de Morena es singular en la historia de los partidos en México. Fundada el 2 de octubre de 2011 como una asociación civil, para 2014 Morena ya era un partido político legalmente constituido y cuatro años más tarde, ya había ganado la presidencia de la república. Ahora además de gobernar la mayoría de las Entidades del país, controla el Congreso de la Unión y con la reforma del año pasado, controla el Poder Judicial y tiene amplia influencia en los órganos constitucionales autónomos, como el INE. Por el poder que concentra, es un partido hegemónico y muchos anti obradoristas sostienen que funciona como un partido autoritario o antidemocrático.
¿Podrá Morena demostrar que no es así y que será una organización distinta, o como les encanta reiterar, demostrar que “no somos iguales”? Por más que muchos de sus militantes genuinamente se conciben como un partido distinto al PRI u otros partidos en el país o del mundo, la historia de los partidos en México y el papel como instrumentos de poder y legitimación del orden liberal indican que terminará siendo como los otros partidos, por más deseo legítimo de muchos de sus militantes.
Los cuadros fundadores del PNR (el antecedente del PRI) creían que estaban fundando un partido revolucionario, y terminaron convirtiéndose en uno de los partidos más corruptos del mundo. Los fundadores panistas concibieron un partido liberal que lucharía por la democracia y en cuanto llegaron al poder pactaron con lo más rancio del PRI (Elba Esther Gordillo) y aprendieron de las trapacerías priistas, como compra de votos y contratos mediante moches. ¿Por qué Morena sería distinto? Por más buena voluntad de muchos de sus militantes, el politólogo Angelo Panebianco nos recuerda que, en el sistema liberal, los partidos son organizaciones dedicadas a llegar y ejercer el poder, para beneficio de sus élites. Pragmáticamente nos recuerda que “los partidos desarrollan políticas para ganar elecciones; no ganan elecciones para desarrollar una política”. ¿Podría Morena ser un partido distinto a esto? Tendría que deshacerse de todos los corruptos e indeseables, y mostrar una congruencia entre sus dichos y hechos que hasta ahora ningún partido ha conseguido.