Mientras los adolescentes desaparecen, México canta
La edad de desaparición de jóvenes en Jalisco, por citar solo el caso del Estado con más desaparecidos en el país, bajó de 34 a 32 en los últimos dos años. De acuerdo con el seguimiento que hace el ex rector de la Universidad de Guadalajara, Víctor Manuel González Romero, solo durante el mundial se publicaron en el Estado 192 fichas de búsqueda, de los cuales 80 no han sido localizados. Una de cada cuatro personas reportadas como desaparecidas es menor de edad. La tendencia es alarmante. De 9 casos promedio al mes en 2023 y 2024, pasamos a 12 en 2025 y en primer semestre de este año subió a 15. Si vemos la incidencia por cada cien mil habitantes es aún más preocupante: en el rango de 15 a 19 años hay 77 desaparecidos por cada cien mil, mientras que la incidencia de homicidios en quintil es de 9.2. El fenómeno de la desaparición es ocho veces mayor que el homicidio entre los jóvenes jaliscienses.
Por si eso no fuera ya suficiente, varios casos en Puerto Vallarta y en la Zona Metropolitana de Guadalajara en las últimas semanas apuntan a que el crimen organizado ha bajado la edad de enganche y ahora el objetivo del reclutamiento son adolescentes de entre 13 y 14 años. Lo fácil es culpar a los padres de desatender a los hijos y, peor aún, insistir en que se van por su voluntad.
Es cada vez más evidente que los jóvenes se enganchan en la promesa del crimen organizado y ellos mismos toman la decisión de vincularse sea a empresas engañosas o con conocimiento de que van a las filas de los ejércitos de los cárteles. Las preguntas obligadas son por qué lo hacen y por qué el Estado no ha sido capaz de generar políticas de contención.
La respuesta del Gobierno mexicano en la batalla por los jóvenes raya en lo ridículo: organizar un concurso de canto, cual si fuera un reality show. Aunque, para ser sinceros, la Mañanera es cada vez más parecida a un programa de entretenimiento, resulta insultante que nos vendan como política pública cultural un concurso de canto y, peor, que realmente crean que con una inversión de 70 millones de pesos van a influir en la realidad de los adolescentes mexicanos.
Solo por hacer una de esas odiosas comparaciones, una de las políticas públicas culturales más exitosas del mundo, la Agencia Coreana de Creación de Contenido, tiene, además de 30 años de esfuerzo sostenido, un presupuesto anual de 7 mil millones de pesos. Además del impacto económico y de marca que ha tenido para el país asiático, la hoy mundialmente conocida como Ola Coreana emplea a 700 mil jóvenes en industrias culturales. Valga otra odiosa comparación: el crimen organizado en México emplea, de acuerdo con cálculos realizados el año pasado, a cerca de 185 mil personas. Más aún. Los 25 mil millones de pesos gastados en el gran programa para esa edad en este país, “Jóvenes construyendo el Futuro”, no ha logrado arrebatarle al crimen organizado la mano de obra juvenil y, sobre todo, no ha logrado cambiar la idea de futuro de esa generación.
Las políticas públicas para los jóvenes en México son asistenciales, temporales y de corto plazo. Les dan dinero, que no está mal, pero no esperanza, y es ahí, en la promesa de futuro, donde el crimen organizado está derrotando no solo al Gobierno, sino a la sociedad.
Mientras los adolescentes desaparecen, México canta. ¿De verdad no podemos hacer algo más?