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Simulacros y simulaciones

Las corporaciones de seguridad decidieron hacer simulacros de bloqueos del crimen organizado. A primera vista puede parecer extraño, sin embargo, después de ver los resultados del fatídico 22 de febrero, es evidente que se requiere un plan de acción más claro para cuando, por el motivo que sea, los grupos criminales deciden bloquear carreteras, quemar negocios y atacar policías.

Hay que recordar que los miembros de la Guardia Nacional que murieron aquel domingo no lo hicieron en el operativo de detención y abatimiento de “El Mencho”, sino en acciones posteriores, ataques directos a los policías que no estaban enterados de lo que sucedía en Tapalpa.

Habíamos vivido situaciones similares, casi once años antes, el 1 de mayo de 2015, cuando se intentó detener a ese mismo personaje y luego en noviembre de 2025, en un intento de detención del “RR” que afectó principalmente carreteras de Michoacán y la colindancia con Jalisco. Ninguna de ellas tuvo, por supuesto, el costo en vidas y daños materiales como el “menchazo”.

Los bloqueos son parte de nuestra realidad y tiene todo el sentido del mundo hacer estos ejercicios de coordinación y simulacro, así como en otros países tienen ejercicios de simulación de actos terroristas. Eso no significa que exista, como se ha especulado, una amenaza específica, simplemente que es parte de una realidad a la que las fuerzas del Estado tienen que estar atentas para que no nos suceda lo del 22 de febrero cuando todos hablaban de un código rojo, pero nadie tenía idea alguna de lo que eso significaba y menos aún qué le tocaba a cada uno.

Tan importante es hacer simulacros como dejar de simular. El crimen organizado puede hacer lo que hace porque hay una sociedad que lo tolera, políticos que los cobijan, policías y militares que juegan para ellos y empresarios que hacen negocios blanqueando o moviendo el dinero que generan estas empresas criminales. Las sociedades que han podido ganarle terreno a las mafias lo hicieron a partir de un gran acuerdo social de poner límites al crimen organizado. El caso más emblemático es el de Palermo, en Italia, y otros más cercanos como el de Medellín, en Colombia. Es cierto que en ningún caso desapareció el crimen organizado, pero redujeron sustancialmente la violencia y, sobre todo, las instituciones del Estado retomaron el control y el poder.

Dejar de simular pasa por dejar de festejar el dinero fácil; dejar de pensar que “ellos nos cuidan”; por no normalizar las relaciones del poder con el crimen; por invertir en serio, gobierno y empresarios, en cultura, y no solo las migajas del presupuesto; pasa, sobre todo, por dar una gran batalla por los jóvenes y por construir una idea común de futuro. 

P.D. Tres Patadas se va de vacaciones por unos días y regresa el lunes 20 de junio.

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