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Los retos de un nuevo estadio

Un nuevo estadio es un acontecimiento. No es cualquier cosa. Sucede pocas veces en la historia de una ciudad. Cuando se inauguró el estadio de Chivas, hoy conocido como AKRON, fue exactamente el mismo día en que el Ejército abatió a Nacho Coronel, el líder del crimen organizado en el occidente y particularmente en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Discutimos mucho aquella tarde cuál de las dos noticias era más importante. En El Informador decidimos que la del estadio, pues los capos iban y venían y el estadio se convertiría, como de hecho ha sucedido, en un lugar emblemático para la ciudad.

Ayer se anunció formalmente la construcción de un nuevo estadio que será la casa del Atlas y los Leones Negros de la UdeG. La noticia ha generado algarabía en unos y preocupación en otros. La pregunta no es si la ciudad necesita o no un nuevo estadio para uno de los equipos de futbol más emblemáticos del país, sino lo que puede generar una infraestructura como esta, que tiene, sin duda, muchas repercusiones positivas y, al mismo tiempo, cómo resolver los temas urbanos que plantea una decisión y una obra de este tamaño.

La ubicación, en los terrenos aledaños al Centro Cultural Universitario, en lo que ahora han denominado Ciudad UdeG (sigo pensando que el apodo de Villa Padilla segunda sección es mucho mejor, pero allá ellos), tiene muchísimas virtudes para el distrito cultural universitario y, sin duda, representa grandes retos de convivencia y movilidad. Los problemas de movilidad no serán distintos a los que tiene ahora el Jalisco o el AKRON; un flujo masivo de 40 mil personas siempre será complejo, el asunto es hacerlo afectando lo menos posible a las colonias aledañas.

El lugar donde estará emplazado el nuevo estadio es una zona que tiene ya infraestructura de eventos masivos, principalmente el Estadio Panamericano, hoy convertido en la sede del equipo de beisbol de Charros, y el Auditorio Telmex. La zona debe ser pensada de manera integral para evitar que las colonias aledañas sufran por el uso de las vialidades de zonas habitacionales y para asegurar estacionamiento. Hay en la zona más de seis mil cajones de estacionamiento que deberían ser suficientes y dos líneas de transporte masivo. El gran tema es generar accesos seguros y ampliar sus horarios de operación.

Finalmente, la parte más delicada y compleja es el futuro del Estadio Jalisco. El Jalisco es una referencia histórica y corazón de una importante zona de la ciudad. Más allá de su edad, su peor mal es que tiene un esquema de propiedad tan complejo que lo hace inviable para las necesidades del negocio del futbol contemporáneo. La mayoría accionaria del Jalisco es de Chivas, y la otra mitad la comparten entre Atlas y UdeG, que en tres años también dejarán de usarlo. Si esta multipropiedad es ya compleja, hay que sumar a los propietarios de palcos y al Ayuntamiento de Guadalajara que, aunque tiene cedido en comodato el terreno frente al estadio a la Universidad de Guadalajara con fines de explotación como estacionamiento, no deja de ser el propietario y el principal interesado en el futuro de esta zona de la ciudad. Darle una nueva vocación al Jalisco que revitalice la zona es un reto y una tarea paralela que hay que comenzar a pensar desde ya.

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