Ideas

La Minerva como centro erótico

“Es tu ombligo como vaso de Luna al que nunca le falta licor”
Cantar de los cantares 7:2

Si Guadalajara tiene un ombligo, ese es, sin duda, La Minerva. No por su situación geográfica, sino porque por ahí pasa la vida. Decía el gran pensador Gutierre Tibón, lombardo por nacimiento, mexicano por adopción, que el ombligo es y ha sido a lo largo de la historia de la cultura el centro erótico por excelencia, sea el de Raquel Welch, la Venus de Milo, Sulamita, la amada del rey Salomón o México que, de acuerdo con la etimología náhuatl, no es otra cosa que el ombligo de la luna (otras versiones la traducen como el ombligo del lago, algo que tiene mucho más sentido, pero menos poesía).

La Minerva, lo escribí hace unos años, es como la tía fea que todos tenemos, pero a la que queremos mucho, porque es parte de nuestra vida. El erotismo de la Minerva no está, por supuesto, en que provoque atractivo sexual alguno, sino en el sentido más amplio de eros, la pulsión de vida. La Minerva es, pues, el centro erótico porque por ahí pasa la celebración de Guadalajara.

En julio de 1988 llamó mi atención, por primera vez, lo que sucedía en la Minerva. Escribí aquel año en el semanario “Paréntesis” un artículo (bastante malo, pero ni modo) titulado “La toma de la Minerva” donde llamaba la atención sobre la diversidad de asuntos que habían convocado a la gente a festejar en la glorieta: en 1986, Brasil y su batucada; en 1987, el campeonato de las Chivas frente a Cruz Azul, después de una larga sequía de 17 años y, en 1988, el triunfo del PAN en Guadalajara en la elección federal de la mano de Manuel Clouthier. Unos años después la Minerva sería el centro del evento más kitsch de la historia de la ciudad: una representación “monumental” de la ópera Aída con una pirámide egipcia construida en plástico inyectado que daba vueltas a la Minerva con una solemnidad tan pretendida como falsa.

Lo que pasó en el siglo XXI es que la Minerva dejó de ser solo el punto de encuentro de los habitantes del poniente para convertirse en la referencia de la Guadalajara metropolitana, gracias entre otras cosas a que fue la sede de los conciertos gratuitos en el sexenio de Emilio González Márquez, y donde el priista Aristóteles Sandoval decidió festejar ahí su triunfo en la elección de 2009.

Hoy, propios y extraños, mexicanos y colombianos, tapatíos viejos y nuevos, de El Salto, Tlajomulco, o Tonalá reconocen a la Minerva como el ombligo de esta noble, leal, caótica, desordenada y desparramada mancha urbana. 

Que a la Minerva, como al ombligo de Sulamita, nunca le falte licor. Salud.

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