La función del secretario de Gobierno
¿Qué hace un secretario general de Gobierno? Ahora sí que depende del gobernador. No hay dos que hayan cumplido la función de la misma manera, pero hay una responsabilidad que no pueden evadir: la estabilidad política del estado. Antes, claramente era el segundo al mando; hoy, con el invento de los coordinadores, eso no queda tan claro.
Cuando la personalidad del gobernador en turno es la de un animal político, de esos que desayunan, comen, cenan, regurgitan y sueñan con política, como fue el caso de Enrique Alfaro o Francisco Ramírez Acuña, los secretarios de Gobierno fueron menos mediáticos, porque la política la hacía el jefe, pero su función fue fundamental para mantener los equilibrios y los acuerdos. Ese fue el caso de Héctor Pérez Plazola y de Enrique Ibarra Pedroza. Ambos estuvieron todo el periodo en el cargo. En otros casos, por la coyuntura, los secretarios de Gobierno han sido más protagónicos, como ocurrió con Raúl Octavio Espinoza en el sexenio de Alberto Cárdenas, el de la transición, o con Arturo Zamora tras el complicado arranque de Aristóteles Sandoval, marcado por el asesinato del secretario de Turismo, Jesús Gallegos, a nueve días de iniciado el Gobierno. Ninguno de los dos terminó el periodo. En cualquier caso, el secretario general de Gobierno es una pieza clave en el gabinete, de quien se esperan tres cosas: sensibilidad política, diálogo con los poderes y capacidad para resolver problemas.
Salvador Zamora salió del gabinete de Pablo Lemus sin que haya quedado claro de qué se hacía cargo. Su aporte dentro del grupo emecista de Tlajomulco ha sido la operación electoral; sin embargo, fue un secretario general de Gobierno al que no se le veía operar y había demasiadas manos metidas en el trabajo político.
El gran reto que tiene el nuevo secretario, Carlos Arias Madrid, es retomar las riendas de la política y concentrarlas en la oficina de Palacio de Gobierno. No va a ser fácil, porque hay muchos actores dentro del gabinete de Lemus que ya se acostumbraron a operar, sea por encargo del gobernador o simplemente porque los huecos de poder se llenan, y que tenderán a seguir haciendo política por su hebra.
Un secretario de Gobierno es como el bajista de un grupo de rock: si lo hace bien, nadie lo nota; si lo hace mal, acaba con la música. No hay recetas para ejercer la función; cada uno ha matado las pulgas a su manera, acoplándose al estilo personal y al ritmo que marque el gobernador en turno. Alguna vez le pregunté a Víctor Manuel González Romero, quien fue secretario de Gobierno en el último tramo de la administración de Emilio González Márquez, cómo había hecho para resolver en semanas problemas que parecían irresolubles. Su respuesta fue contundente: “Ser secretario de Gobierno es muy fácil: te levantas temprano, te le pegas a los problemas y no te vas a dormir hasta que se resuelvan”. No es una mala idea.