En este pueblo no hay ladrones
Sucedió así. Un joven esperó a que oscureciera y se metió a una oficina. Rondó un buen rato, movió algunas cosas, se robó otras y salió sin mayor preocupación. Al día siguiente en la oficina notaron movimientos de algunas cosas y revisaron las cámaras. Lo vieron. Por la noche, envalentonado, el ladrón regresó, sin saber que los guardias lo estaban vigilando a través de las cámaras. El ladrón se dio cuenta y salió corriendo por la puerta principal. Forcejeó con el guardia y, con la ayuda de dos ciudadanos que pasaban por ahí, fue detenido en la banqueta mientras huía. En su mochila traía un objeto que alcanzó a robar antes de salir.
Tras varios intentos de comunicarse al 911, finalmente respondieron y llegó la policía de Guadalajara. No llegó una patrulla, llegaron cuatro y se llevaron al detenido. Al guardia se le pidió que fuera a rendir declaración. Lo hicieron esperar tres horas en medio de la noche. Aguantó: la mayoría se rinde en ese lapso. La fiscalía hizo su trabajo, o al menos hizo como que lo hacía. Se tomó también la declaración del ladrón, quien dio como domicilio particular el de un hotel.
Finalmente, un día, después lo presentaron ante un juez.
El juez, que nada tiene que ver con la reforma judicial sino con el viejo sistema que prevalece en Jalisco, decidió que no había elementos para procesar al señor ladrón, pues no se había acreditado su domicilio de residencia (un argumento genial), la fiscalía no presentó las pruebas de video (qué flojera) y lo que le encontraron en su mochila era de poca monta.
El señor ladrón regresó a su casa y el delito de robo no existió. No, no estará en las estadísticas que presente el Gobierno y los políticos nos presumirán con bombo y platillo cómo han bajado los delitos patrimoniales gracias a la extraordinaria coordinación entre policías. Y sí, entre los policías que no saben llenar un informe, los fiscales a quienes les importa un bledo las pruebas y los jueces dispuestos a encontrar cualquier excusa para liberar a un detenido parece haber una gran coordinación. Todo para que, como en el cuento de García Márquez (¡viva el realismo mágico!), las autoridades puedan decir que en este pueblo no hay ladrones.
La próxima vez que escuche a cualquier político de cualquier partido presumir la reducción de delitos piense cuántos casos como este suceden todos los días y que, de acuerdo con México Evalúa, Jalisco es el campeón nacional de la impunidad: 97.8 por ciento de los delitos son absolutamente ignorados. Sí, leyó usted bien, en este Estado solo dos de cada cien delitos se procesan y se juzgan.