El IMSS a urgencias
Dinamarca linda y querida/
si muero lejos de ti/
que digan que estoy dormida/
y que me traigan al IMSS
¡No te vayas a enfermar porque no hay material! El grito no salió de una marcha fifí, como llamaba despectivamente López Obrador a quienes no le aplaudían, ni tampoco de una manifestación de padres de familia que exigían medicamentos oncológicos para sus hijos, esos a quienes el régimen acusa de estar manipulados por la oposición. Es el grito desesperado de los trabajadores del IMSS durante la marcha de ayer, en demanda de insumos para realizar su trabajo.
Las movilizaciones de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social comenzaron la semana pasada porque no están de acuerdo con el aumento salarial de 2.9% negociado por su líder sindical, Rafael Olivos Hernández, quien, por cierto, es diputado plurinominal de Morena. El incremento está por debajo de la inflación y, aunque se obtuvieron otros beneficios indirectos, el resultado estuvo lejos de lo que esperaban.
A la demanda salarial se han sumado otras, principalmente las malas condiciones de trabajo y la falta de insumos necesarios para atender a los pacientes. La muerte de los niños en Durango y Guadalajara fue la gota que derramó el vaso. La respuesta del director del IMSS, Zoé Robledo, quien prometió visitar hospital por hospital, piso por piso, parece más una estrategia para ganar tiempo que una verdadera voluntad de escuchar, pues de antemano sabe perfectamente lo que le van a decir.
El problema de fondo fue la decisión de montar sobre una institución endeble, el IMSS, un sistema de salud inexistente, el IMSS-Bienestar. Ahora sí que éramos muchos y parió la abuela. Aunque se le inyectaran al Seguro Social los recursos necesarios para duplicar su tamaño, pasarían años antes de que el sistema lograra estabilizarse y ofrecer una atención que, si no fuera excelente, al menos resultara similar a la de hace una década. Pero ni siquiera eso está sucediendo: cada día hay menos dinero por paciente.
La concatenación de decisiones tomadas sobre las rodillas durante el sexenio pasado, más con el hígado que con la cabeza, le está pasando una factura muy cara al IMSS. Las razones eran las correctas: combatir la corrupción en el Seguro Popular y mejorar el abasto de medicamentos. La implementación fue pésima, pues no logró acabar con la corrupción, que sigue galopante; generó un mayor desabasto de medicamentos e insumos del que ya existía y, lo peor, redujo la capacidad de respuesta de las instituciones de salud. Ni hablar de la burla de Dinamarca.
Las manifestaciones de los trabajadores pueden lograr el milagro de que el Gobierno federal reconozca que el Instituto requiere cirugía mayor; que esto no se arregla con los consultorios ambulantes al estilo de Lucy, la de Charlie Brown, que presentaron hace unos meses, ni haciendo giras piso por piso.
Qué bueno que los directivos quieran escuchar, pero la salud del IMSS no está para una consulta externa: requiere ir de inmediato a urgencias.