Alfaro, el alfarismo, Lemus y MC
La presencia de Enrique Alfaro en Guadalajara, que aprovechó el Mundial para venir a ver a sus cuates, levantó pasiones entre sus seguidores, principalmente funcionarias y funcionarios en edad de merecer, mucho más que entre los hinchas del Real Valladolid. La mayoría de quienes hoy participan en el partido naranja entraron a la política no porque creyeran en un partido, lo hicieron siguiendo a un liderazgo que los convenció y luego se hicieron candidatos o funcionarios de Gobierno y miembros de un partido del que ni siquiera se tomaron la molestia de leer sus estatutos. Les hubiera dado igual si el partido hubiera sido el Azul, el Verde o el Colorado.
La mayoría de quienes participan en el Gobierno de Lemus, comenzando por él mismo, son más alfaristas que emecistas, por eso no es extraño que, contra todas las reglas de la política tradicional, el gobernador Lemus reciba a su antecesor en Casa Jalisco, los dos solos y no como se acostumbraba anteriormente, en una reunión con todos los ex gobernadores para que no se especulara que les pasaban línea.
¿Puede subsistir el alfarismo sin Alfaro como gobernante, así como subsiste el obradorismo? La respuesta es no. Primero, porque en política lo único que amalgama es el poder. Segundo, porque si bien, al igual que López Obrador con Sheinbaum, Alfaro se encargó de dejarle a su sucesor decenas de clavos en su alrededor, una buena cantidad de funcionarios, diputadas y diputados, lo que no heredó el jalisciense fue un cuerpo ideológico. López Obrador dejó una serie de principios, como les llaman ellos, o de ideas fijas y necedades, como les llaman otros, que a fin de cuentas conforman un credo político. Enrique Alfaro no generó ideas. Él nunca fue un ideólogo, es, para bien y para mal, un pragmático que va de la izquierda a la derecha sin empacho alguno y las pocas ideas que quiso impulsar, el nuevo federalismo y la refundación de Jalisco, fracasaron estrepitosamente porque nunca pudo aterrizarlas ni darles contenido, se quedaron como frases huecas de campañas publicitarias.
A diferencia del obradorismo que en sí mismo significa votos, el Alfarismo no basta para ganar una elección. Pablo Lemus tiene que usar al ex gobernador para consolidar el liderazgo al interior de MC, pero es él quien se tiene que echar al hombro la elección del 2027. Hasta ahora Lemus ha demostrado tener habilidades políticas excepcionales en la calle y ser un gran candidato.
Lo que aún no ha logrado es aglutinar a una nueva generación emecista ni convencer a los alfaristas de que el nuevo líder es él.