Ideas

El populismo y los medios

¿Por qué los populistas odian a los medios? La respuesta rápida es porque los populistas son, por definición, autoritarios y no les gusta que los contradigan. Y ejemplos recientes hay muchísimos: desde Chávez en Venezuela y la pareja presidencial Ortega-Murillo en Nicaragua, pasando por Milei en Argentina, por supuesto Trump, López Obrador y, aquí en Jalisco, Enrique Alfaro. Todos ellos comparten el talante autoritario y la intolerancia a la crítica.

Pero pelearse con los medios es algo más que un tema de egos. Además de ególatras, condición que comparten con muchísimos políticos, los populistas necesitan imponer la narrativa de que antes de ellos era el caos y que con ellos llegará, algún día en la eternidad, la redención. De ahí que los medios no alineados con el discurso oficial resulten incómodos y atacarlos sea una forma de refrendar la confrontación con el pasado.

Los populistas viven de una narrativa unívoca, simplista y lineal. Siempre hay buenos y malos, pasado oscuro y presente luminoso, ellos y los otros. Un medio que hace su trabajo resultará siempre incómodo porque pondrá frente al poderoso el espejo de los datos que cuestionan el discurso oficial.

Como el populista cree que él no solo es superior, sino distinto a los demás políticos, siempre se dirá el más atacado de la historia. Los medios, que por supuesto preexistían a su llegada al poder, son, en ese sentido, emisarios del pasado y, por tanto, parte de eso que hay que destruir, salvo que se alineen con sus intereses y su visión. Al igual que cualquier opositor, un “medio enemigo” puede pasar al lado correcto de la historia si se acomoda a su discurso.

Lo que no calculó Trump en su affaire con los medios que cubren la Casa Blanca es que las televisoras estadounidenses tienen algo que las mexicanas no desarrollaron: un profundo y arraigado sentido de la libertad de expresión que es muy anterior a la existencia de los medios masivos, pues viene desde la famosa Primera Enmienda, adoptada el 15 de diciembre de 1791, quince años después de la fundación de la nación, y que establece el derecho a la libre creencia, la libre expresión, la libre manifestación, la libertad de prensa y el derecho de petición, que los periodistas de ese país tienen tatuados hasta la médula.

El boicot de las televisoras, desde Fox News, la más cercana a Trump, hasta CNN, la “castigada”, y el apoyo de medios impresos y páginas de internet, al negarse a publicar imágenes que no fueran tomadas por periodistas, son una alentadora noticia de que el sistema de medios en Estados Unidos no ha sido vencido por Trump.

Los medios estadounidenses ganaron una importantísima batalla por la dignidad, pero eso no significa que la guerra contra los populistas autoritarios esté ganada. Atacar a la prensa no es solo un desafío a los periodistas, sino la anulación del derecho a disentir, a discutir y a construir la verdad entre todos y no desde la autoridad. Esa libertad es la base de toda democracia.

diego.petersen@informador.com.mx

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