Ideas

El mayo caliente de Claudia

Ha sido un mes horrible para Claudia. Salvo por las pifias de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que le regaló a Sheinbaum un tema para lucirse, darle una revolcada a la oposición y poner sobre la mesa lo ignorante y vil que pueden ser algunas de las cabezas de la derecha de este país, todo lo demás ha sido una tortura: una economía que no crece y las calificadoras comienzan a ver con recelo; una relación con Estados Unidos que se tensa como una cuerda de violín; un gabinete que no funciona como tal y, lo más delicado, una situación de inseguridad creciente en la que palidecen los datos frente a la realidad cotidiana de violencia que brinca por todos lados.

La reducción del número de homicidios, una baja de 50 por ciento en poco menos de dos años, según presumen en la Mañanera, dejó de ser primera plana en los medios (salvo en los que son más oficialistas que la oficina de comunicación social de la Presidencia) y la preocupación por la violencia volvió a subir en las encuestas.

Obsesionados por combatir las estadísticas no se acordaron que lo importante es construir paz.

Uno de los problemas del poder, no solo de este Gobierno sino de todos, es que se les olvida pensar como cuando eran oposición. Los grandes estadistas suelen tener como consejeros en la sombra a uno o varios miembros de la oposición que les digan lo que nunca le van a decir sus compañeros de partido o su propio gabinete. Es cierto que en la oposición mexicana hoy hay poco rescatable y apenas sirve para ponerle a la presidenta un punching-bag como Díaz Ayuso, pero más lo es que Claudia Sheinbaum viene de una visión de la izquierda sectaria y de ideas fijas.

Así como se reunió con economistas de diversas tendencias, mucho bien le haría a la Presidenta y por tanto al país que escuchara de viva voz a quienes tienen una visión distinta de la seguridad. Los informes de la ONU y luego de la CIDH sobre desaparecidos; el informe del Programa de Derechos Humanos de la Ibero sobre desplazamiento forzado; la terrible situación de los pueblos originarios en Chilapa, Guerrero, que vimos esta semana, pero antes en Chiapas, en la sierra Tarahumara o en la zona Wixárika, hacen evidente que no basta con escuchar todos los días a sus secretarios del gabinete de Seguridad y su coro de voces aduladoras.

Cuando la tormenta arrecia, me dijo un día un capitán con muchas horas de mar, es más importante la estabilidad y la integridad de la embarcación que el rumbo. La metáfora es perfectamente aplicable a la política. El mayo caliente de la Presidenta va a seguir todo el verano y más allá a menos que tome decisiones que hagan que algo cambie. Aferrarse al rumbo sin entender la tormenta, a los principios sin ver el final, puede ser muy riesgoso para ella y para el país.

diego.petersen@informador.com.mx

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