Cárdenas: ¿quién administra su memoria?
Murió el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, un hombre sereno, ecuánime y tenaz hasta rayar en la terquedad. Lo suyo no era el histrionismo. Nunca, ni en los momentos más complejos de su vida política, levantó la voz. Era tan adusto que se ganó el mote de “la máscara de Paracho”. Sonreía poco, pero cuando lo hacía era un gesto sincero.
El carisma del hombre anticlimático mereció sesudos análisis sobre su extraña personalidad. Su muerte provocó el reconocimiento de todas las fuerzas políticas, incluso de quienes en su momento fueron sus adversarios y de aquellos que, desde la llamada 4T, lo denostaron por no ceñirse a la voluntad de López Obrador.
Desde el anuncio de su muerte, el miércoles por la noche, Morena en pleno se volcó en manifestaciones de reconocimiento al gran líder de la izquierda democrática y primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, como si Cuauhtémoc Cárdenas hubiese militado o siquiera simpatizado con el movimiento obradorista.
Nunca lo hizo, entre otras razones, porque López Obrador destruyó al PRD, el partido que fundó junto con Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Ifigenia Martínez, Gilberto Rincón Gallardo y muchos otros líderes de la izquierda y de la Corriente Democrática del PRI. Con su acostumbrada serenidad, el ingeniero Cárdenas fue un crítico constante del gobierno de López Obrador y de sus políticas económicas, energéticas y de salud.
Durante su Presidencia, López Obrador fue mezquino en el reconocimiento a quien, desde la izquierda, peleó como nadie por la apertura del sistema de partidos y la creación de instituciones democráticas. Incorporar a Manuel Bartlett, señalado por su papel en la controvertida elección de 1988, al gabinete, así como impulsar reformas electorales cuestionadas por sus efectos sobre la autonomía del INE, poco tienen que ver con el movimiento y las batallas que libró Cuauhtémoc Cárdenas.
¿Quién representa más al movimiento de la 4T: Cárdenas, Bartlett o Taddei? Hoy los morenistas, desde Sheinbaum hacia abajo, se escudan en la memoria del ingeniero Cárdenas, buscando un poco de legitimidad frente a los escándalos de corrupción que brotan a diestra y siniestra. Hoy hablan del fraude de 1988 como si Bartlett les fuera ajeno, como si Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Layda Sansores y el propio López Obrador no hubieran sido parte del PRI en aquel momento. Todos se salieron del partidazo cuando no obtuvieron la candidatura que buscaban, no con la Corriente Democrática. Hoy resulta que Guadalupe Taddei se empoderó y se corrompió sola, y hablan de ello como si no la conocieran, como si hubiera sucedido en otro tiempo o en otro país.
Claudia Sheinbaum y sus compañeros del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) de la UNAM sí fueron parte del Frente Democrático en 1988. El rescate de la figura del ingeniero Cárdenas puede ser una oportunidad para la Presidenta Sheinbaum de deslopezobradorizar a la 4T. No podía hacerlo mientras el ingeniero estuviera vivo; ahora nada le impide administrar esa memoria, engrandecerla y ensombrecer la figura del caudillo. No sería la primera vez que sucede.
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