Desaparecen en Jalisco y aparecen en Sinaloa
Ni el parteaguas del Rancho Izaguirre, ni la muerte de Nemesio Oseguera “El Mencho” modificaron esta realidad.
Los datos abiertos del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco permiten dimensionar la amenaza del reclutamiento forzado de jóvenes.
Desde marzo del año pasado, fecha en que fue localizado el rancho de Teuchitlán, han desaparecido 230 menores y adolescentes entre 10 y 19 años.
También han sido localizados, en ese mismo periodo, otros 164 que fueron víctimas de algún delito distinto al de desaparición.
De estos últimos, 30 fueron localizados en otras entidades: 14 en Sinaloa (tres sin vida); cinco en Zacatecas; tres en Guanajuato; dos en Hidalgo; otros dos en Nayarit; y en Nuevo León, Aguascalientes, Michoacán y Estado de México, uno en cada estado respectivamente.
Probablemente estos jóvenes fueron víctimas de reclutamiento forzado. Algunos de los que han regresado, según sus testimonios, es porque lograron escapar de sus captores.
Primero los adiestran en Zacatecas, luego los mandan a Nayarit y de ahí a Sinaloa, reveló hace unos meses Salvador González de los Santos, fiscal estatal.
En estos momentos, Jeremy Alejandro Villegas Anaya, un menor de 14 años, está desaparecido. Su familia lo busca desde el pasado miércoles 14 de julio cuando salió de su casa en Hacienda Real, en Tonalá.
Las cámaras lo registraron cuando abandonó su coto con una mochila azul, chamarra y pantalón negro. Iba llorando, según declaró su madre, Marisela.
Su perfil encaja dentro de los recientes casos de reclutamiento forzado de menores por parte del crimen organizado.
Jeremy Alejandro mandó un mensaje a su novia para despedirse. Le dijo que ya estaba en otro Estado, que le habían prestado el celular. Después no supo más de él.
La historia de Jeremy Alejandro es similar a dos casos recientes. El de Lomas de Paraíso, en Guadalajara, en donde tres adolescentes desaparecieron y regresaron días después; medios reportaron que habían sido reclutados por el crimen para sembrar marihuana.
Otro caso fue el de tres jóvenes desaparecidos en Puerto Vallarta, también con indicios de reclutamiento del crimen. En ambos casos, los jóvenes recién se habían graduado y fueron enganchados por medio de redes sociales o un conocido.
Juan Pablo Hernández, secretario de Seguridad de Jalisco, ha declarado que la edad del reclutamiento forzado de las víctimas ha disminuido y los cooptan desde los 13 años.
Los esfuerzos institucionales para evitar este flagelo serán insuficientes mientras continúe la precarización de las juventudes y la glorificación de la narcocultura como alternativa de vida.
Una forma de prevenir es informar en casa a los menores de estas historias y sus desenlaces.
Las redes sociales como TikTok son el anzuelo. Pero es endeble la barrera cultural, institucional y familiar que debería proteger a las víctimas de esos criminales; son miles los jóvenes vulnerables a la invitación de un reclutador anónimo o, peor, un conocido o falso amigo.