Ideas

De un acto en Casa Jalisco

Si a cualquiera preguntan ¿qué es la paz?, cualquiera tiene una definición… y, para mayor complejidad, la de cualquiera es válida. ¿Qué es la paz para las madres que buscan a sus hijas, a sus hijos, a golpe de pala en algún descampado? ¿Qué es la paz para quien no puede, con tranquilidad, dejar que sus niñas, que sus niños salgan a tomar el camión para ir a la secundaria? ¿Qué es la paz para la policía? ¿Es igual lo que de ella esperan los hombres que las mujeres? ¿Qué es para el empresario que da la bendición al camión de carga que sale de su bodega o para aquella que, antes de bajar la cortina del negocio, mira atenta para todos lados? Porque no vaya a ser, porque no puede estar uno en paz.

La paz la han analizado muchos pensadores. Consideremos dos: el investigador Alberto Olvera y Johan Galtung, referente si de concebir la paz se trata. De los trabajos de ambos entresacamos la noción-estímulo para dialogar: la paz no es solo la ausencia de balas; es la ausencia de miedo, de hambre, de humillación; es la arquitectura silenciosa de una sociedad justa. Varias personas, intelectuales, representantes de la Iglesia, miembros de la sociedad civil, académicos y funcionarios del Gobierno del Estado nos reunimos para reflexionar sobre la paz y atender la obligación de la Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana de establecer y publicar la Agenda de Paz del Estado.

Los varios encuentros me llevaron a recurrir al verso de la canción que interpreta Mercedes Sosa: ¿quién dijo que todo está perdido? Jalisco es mucho más que la nota roja: es su gente, instituciones públicas y privadas, universidades, las iglesias, haciendo silenciosamente por la paz; no solo para ahuyentar la violencia, para reparar y fortificar el tejido social, en colectividades, en colonias, en los pueblos originarios, y recuperar lo que nos representa como civilizados: la capacidad y la voluntad por hacer comunidades para la buena vida.

Y discurrimos: pongamos a la vista esos haceres casi intimistas, casi marginales, para refrendar lo dicho: Jalisco es mucho más que la nota roja; no para obviar la maldad cotidiana, de las desapariciones a los feminicidios, de los homicidios a la extorsión, el despojo y la corrupción, sino para atisbar el rumbo de la paz. Al final, Jalisco es también esa maldad que pudre, que rompe; Jalisco también va siendo todo eso.

Así llegamos al Repositorio, agendadepazjalisco.org: muestra de la apuesta hacia un futuro pacífico que se delinea entre tantas, entre tantos, discretamente. Con una peculiaridad: quienes en él participen lo harán en tanto iguales: no es un programa de gobierno; este, en todo caso, es uno más entre las instancias que hacen por la paz y que es necesario, imprescindible, se enteren de lo que otros contribuyen a ella en territorios concretos y en los que el orden constitucional es una rareza. E, idealmente, que interactúen y persigamos la paz corresponsablemente.

Presentar este sitio y lo que lo anima en Casa Jalisco, hablar no de seguridad sino de paz, es una señal esperanzadora. La paz, gran causa de mi generación y de la previa, la fuimos arrejolando a golpes de coyuntura y de privilegiar la estadística de la incidencia del hacer de los criminales, a dieta de normalizar el horror, los horrores.

Hace días recibí el Índice de Paz de Irlanda del Norte septiembre 2026; lo elaboraron la Universidad Queen’s de Belfast y el Instituto de Economía y Paz. El conflicto terrible de Irlanda del Norte, terrorismo, geopolítica en vilo, disputas religiosas; el mundo se cimbraba con las acciones del Ejército Republicano Irlandés (también del británico) y con las actitudes de los bandos en disputa. De una de las matanzas, en 1972, John Lennon y Yoko Ono hicieron una canción, Bloody Sunday; U2 hizo otra… domingo sangriento: trece muertos, trece inocentes masacrados. Esa guerra originó películas; recuerdo una estupenda, Crying Game, de Neil Jordan, 1992. En 1998 los irlandeses se hartaron y pactaron la paz con el Acuerdo de Viernes Santo, por el que John Hume y David Trimble recibieron el Premio Nobel. Le han seguido otros quince acuerdos, el más reciente: Estrategia de Igualdad Racial (2015-2025).

¿Alguien recuerda los datos que desembocaron en aquel arreglo? Luego de tres décadas de un batallar que, al menos en el imaginario, queda como histórico: tres mil setecientos muertos, cuarenta y siete mil quinientos cuarenta heridos; dan ganas de llorar… ¿Cómo podemos calificar, si contrastamos los números, lo que ocurre en México, en Jalisco? ¿Continuaremos en la brega de las estadísticas mientras la paz se vuelve una utopía de siglos pretéritos, de otras sociedades?

En esos casi treinta años de acuerdos —acá los llamaríamos “mesas”—, el avance de Irlanda en el Índice de Paz de la Universidad Queen’s de Belfast y el Instituto de Economía y Paz es agridulce: en la paz negativa, la que se define como ausencia de violencia y de miedo por la violencia, de 2019 a la fecha disminuyó 10%. En cambio, la paz positiva, en el mismo periodo, en Irlanda del Norte, avanzó 1.2%. Repito: su afán está por acabalar treinta años. Nomás que, como la paz no es un punto de llegada sino un proceso, importa que cada una de las estadías del recorrido sea a partir de consensos explícitos: contener, ya, las violencias y el miedo a estas; y apuntalar, cada día, la paz positiva, que se describe como las actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas. Se sustenta en ocho pilares: entorno empresarial sólido, confianza en las instituciones, un gobierno que funciona bien, distribución equitativa de los recursos, libre flujo de información, aceptación de los derechos de los demás, altos niveles de capital humano y buenas relaciones con los vecinos.

Hay muchas, muchos que hacen por la paz en Jalisco; es el origen del Repositorio… Para lo que sigue, gobernador, ¿usted, todos, nos comprometeremos honesta y objetivamente por la paz positiva? Pasa por la seguridad, pero no es lo mismo.

agustino20@gmail.com

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