Ideas

De otras historias

Algo que en mi vida tuvo gran importancia fue mi relación con mis amigos historiadores, muchos de ellos ya fallecidos, entre estos Jorge Palomino y Cañedo, Gabriel Camarena, Miguel Mathes y Juan Toscano García de Quevedo; todos ellos, además de enseñarme, me provocaban cuestiones de curiosidad y está dicho que yo, más que culto, soy una gente terriblemente curiosa.

De los que quedan vivos, me encuentro a José María Murià, de quien debo decir que durante nuestra larga amistad sólo he recibido amabilidades de su parte; hace muchos años buscaba yo un libro de Anacleto González Flores y en esas pláticas de librería, él se enteró y me hizo favor de regalármelo, así como un “Quijote” en catalán que conservo con gran cariño. Pero incluso en una época que nos tocó ser parte de un Gobierno, gozamos esa vecindad en agradables conversaciones de historia, que es su fuerte y mi debilidad.

De Claudio Jiménez, que además de ser un culto amigo de los libros, es historiador, abogado y gran versado en pintura, pero también es un conocedor de la zona donde se produce el divino neutle del tequila, del cual su familia es productora y que además tiene la más grande colección de pinturas que yo conozco, entre ellas creo que es el máximo coleccionista de Campos Cabello, de quien fue muy amigo.

Don Pedro Franco, que hemos sido amigos toda la vida y que aunque todos los anteriores que mencioné también fueron genealogistas, en mi opinión don Pedro es el más calificado en ese aspecto, puesto que yo he visto que incluso del extranjero venían a consultarle y que es muy agradable, por ejemplo, oírlo platicar con Claudio porque están hablando de gente de una Guadalajara del siglo XVII como si los conocieran. Además, don Pedro tuvo la buena ocurrencia de poner la Librería Española, en la calle López Cotilla, donde muchísimos viciosos de los libros fuimos amablemente encaminados a adquirirlos, aunque su negocio consistía en cubrir solicitudes de universidades norteamericanas.

Pero agradezco cada que lo veo y él recuerda muchos libros que me vendió, porque me decía que me tenía que cultivar.

Mención especial tiene para mí la figura de Juan López, cronista de Guadalajara y un entusiasta de Cervantes, que me regaló varias figuras del “Quijote” y era un gran conversador. En una ocasión que iba yo a ir a España, me pidió que le llevara dinero a un librero de ese país. En aquel tiempo que no había tanto requisito para llevar dinero, me llevé el sobre y busqué al hombre en cuestión, le dije que don Juan le mandaba ese dinero; el librero me dijo que ya no hallaba qué hacer con Juan López porque no sabía si él le debía libros a Juan o Juan le debía dinero, pues él siempre le estaba pidiendo libros. Antes de morir, me habló para desayunar y me enseñó una fotografía en la que estaba yo niño, sentado en una barra de cantina con mi papá, Juan muy joven y Pedro Garfias. Quedó de darme una copia pero se murió y ya no encontraron la foto.

@enrigue_zuloaga

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