Charros hizo la tarea en Tijuana; ahora tiene que hacer pesar Zapopan
Charros hizo exactamente lo que necesitaba hacer en Tijuana: traerse cuando menos una victoria de la frontera, empatar la serie y regresar a Zapopan con tres juegos consecutivos frente a su gente. Era el objetivo mínimo después de lo ocurrido ante Sultanes, cuando perdió los dos primeros de visita y volvió al Panamericano ya contra la pared. Esta vez no. Ahora la serie contra Toros está 1-1 y, aunque los tijuanenses siguen siendo el favorito natural, el panorama cambió.
Y cambió porque los playoffs tienen otra lógica.
Toros fue el mejor equipo de la Zona Norte durante la temporada regular, ganó 60 juegos y mostró una consistencia que Charros nunca tuvo durante la agenda ordinaria. Todo eso cuenta, naturalmente, y explica por qué Tijuana llegó a esta ronda como favorito. Pero sus 60 victorias ya no le regalan una sola carrera. Le sirvieron para obtener una mejor posición y comenzar la serie en casa. A partir de ahí, todos vuelven a cero.
El beisbol es así.
No sería la primera vez, ni constituiría una hazaña imposible, que un equipo que fue claramente inferior durante la temporada regular termine eliminando al favorito en una serie de playoffs. Son enfrentamientos a ganar cuatro de siete, pero en términos competitivos son cortísimos: una mala apertura, un relevo fallido, una lesión inesperada, un error defensivo, un batazo oportuno o una decisión acertada del manager pueden cambiar por completo el rumbo de una eliminatoria.
Y ahí intervienen muchos factores que las posiciones finales de la campaña ordinaria no pueden medir completamente: lesiones, resistencia física después de meses de competencia, profundidad del roster, manejo de los serpentineros, efectividad del bullpen, estrategia, estado anímico y, por supuesto, esa porción de suerte que también forma parte inevitable del juego.
Lo hemos visto muchas veces en otras latitudes y también en nuestro beisbol. El mejor equipo de seis meses no necesariamente es el mejor durante siete juegos. Y ésa es justamente la oportunidad que tiene Charros.
No significa minimizar a Toros. Sería absurdo. Tijuana posee un equipo poderoso, profundo y perfectamente capaz de resolver la serie. Pero tampoco hay razón para enterrar anticipadamente a los albiazules simplemente porque llegaron de panzazo a esta ronda o porque tuvieron una temporada regular mediocre.
Aquello ya pasó.
Hoy Charros tiene algo que hace unos días parecía difícil imaginar: la oportunidad de disputar tres juegos consecutivos en Zapopan con la serie empatada.
Y ahí debe hacer pesar realmente la casa.
Ganar dos de esos tres juegos sería importante, pero obligaría a regresar a Tijuana todavía necesitando cuando menos una victoria y quizá dos. Sería volver al territorio del favorito y colocarse nuevamente en una situación peligrosa. Por eso Charros no debería pensar solamente en defender la localía.
Debe aspirar a ganar los tres.
No es una exigencia sencilla ni significa que perder uno constituya un fracaso. Significa entender dónde aparece la mejor oportunidad de dar el golpe. Con el Panamericano lleno, su fanaticada encima del rival y la posibilidad de administrar mejor sus propios recursos, Charros tiene que intentar colocar a Toros contra la pared antes de regresar a la frontera.
Para conseguirlo será indispensable aquello que hemos señalado desde antes de comenzar esta ronda: el pitcheo.
Charros tiene ofensiva suficiente para producir carreras y posee bateadores capaces de cambiar un juego con un swing. Pero su talón de Aquiles ha estado en la lomita. Si los abridores entregan cinco o seis entradas competitivas y el bullpen consigue proteger ventajas, los albiazules pueden pelear esta serie de tú a tú. Si otra vez obligan permanentemente a la ofensiva a remontar marcadores amplios, frente a Toros la historia puede terminar muy rápido.
Hay además un componente psicológico interesante.
La presión continúa estando principalmente del lado tijuanense. Después de haber sido el mejor club del Norte y de entrar como favorito, Toros está obligado a avanzar. Charros, en cambio, llega con bastante menos que perder. Ya sobrevivió como mejor perdedor, ya fue cuestionado por su mediocre temporada regular y ya escuchó suficientes razones para explicar por qué debería quedar eliminado.
Puede jugar más suelto.
Y un equipo que juega sin la carga del favoritismo, pero con talento suficiente para hacer daño, suele ser peligrosísimo en una serie corta.
Por eso el triunfo obtenido en Tijuana vale mucho más que simplemente haber puesto el 1-1. Le permitió a Charros cambiar la geografía y quizá también la psicología de la serie.
Ahora tiene tres noches para hacer que el Panamericano pese.
Toros continúa siendo favorito.
Nadie discute eso.
Pero el favorito también tiene que conseguir 27 outs, producir carreras y ganar cuatro juegos.
Y Charros ya le quitó uno.
En temporada regular se construyen jerarquías; en playoffs se destruyen certezas.
Charros ya hizo la tarea en Tijuana.
Ahora tiene que convertir Zapopan en el lugar donde Toros empiece a preguntarse si aquellas 60 victorias realmente sirven de algo en octubre adelantado.
@salvadorcosio1
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