Candidaturas, la negociación sin democracia
Ayer, en una jornada totalmente desgastante, la cúpula nacional del partido Morena determinó a sus candidatas y candidatos a las últimas siete gubernaturas que estaban pendientes de designación, de las 17 que estarán en competencia en la elección del año 2027.
Hasta el final, el caso de Chihuahua representa la evidencia del mayor choque entre la voluntad y la fuerza política de la Presidenta Claudia Sheinbaum y la influencia evidente del senador Adán Augusto López Hernández.
Pero en el complejo tejido de las negociaciones y la lucha entre grupos de poder del partido en el gobierno, lo que se puede constatar con total claridad es la desaparición de los mecanismos democráticos que durante los últimos 30 años se construyeron con mucha resistencia y, finalmente, quedaron eliminados.
En Morena, la falacia proclamada de que cada candidatura se construye con la voluntad popular simula trabajosamente que todo se determina en negociaciones cupulares y con la aplicación de encuestas manipuladas que, casi siempre, se proclaman, pero no se difunden para conocimiento de la militancia y de la ciudadanía en general, porque esa es la obligación legal de todo partido político.
Hace unos pocos años, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador impuso la aplicación de encuestas para determinar candidaturas. Primero fue dentro del partido que él mismo había fundado; después las institucionalizó desde el ejercicio del poder y ahora la misma práctica se repite en el resto de los partidos políticos.
Durante décadas, entre los partidos políticos de oposición al régimen priista, era motivo de definición el mecanismo para elegir a sus candidatos y se aplicaron varios métodos de votación: directa a sus militantes, por medio de delegados e, incluso, abierta a la ciudadanía. Se hicieron varios ensayos con un objetivo central, que era la elección más democrática, la que representara la voluntad de la mayoría.
Con la entronización de las encuestas, se simula la democracia mediante una supuesta representatividad, pero se consigue el control total del resultado, que es fruto de un acuerdo tomado por un grupo diminuto que siempre acata el voto definitivo del líder político.
Y encima del método heredado de Morena, todos los partidos políticos aplican el eufemismo del “coordinador”, que no es otra cosa que el candidato o la candidata elegida al margen de las precampañas, la figura legislada para acotar la actividad político-electoral que condiciona el desempeño de gobierno, sea federal, estatal o municipal.
En Morena, con la elección de sus “coordinadores de la defensa de la 4T y la soberanía”, están llegando a un nuevo extremo del pragmatismo político. No solo enfrentan una encarnizada división interna en la que está en juego la supremacía política presidencial, sino que también se confrontan con sus aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde.
Si los partidos de oposición se acomodan a la nueva moda y alientan la desaparición de los métodos democráticos que estaban todavía en ruta de mejorar y madurar, se consolida el retroceso que se implantó a partir del ascenso de López Obrador.
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@JonasJAL