Andy tequilero: otra foto de una amistad de años
En esos meses, Andy López Beltrán sí tenía visa. Así que no era raro que viajara a Estados Unidos. Además, su papá, Andrés Manuel López Obrador, era presidente en funciones. Era 2024, al arranque de la temporada de beisbol de las grandes ligas.
En las butacas más cotizadas del estadio de los Gigantes de San Francisco, Andy y su hermano Bobby aparecen sentados entre dos empresarios muy conocidos: Juan Domingo Beckman, uno de los hombres más ricos de México y dueño del emporio tequilero Cuervo, y Ramón Orraca, cabeza del conocido grupo restaurantero que lleva su apellido. Andy, Beckman y Orraca llevan la gorra del equipo local. La fotografía fue revelada anoche en el noticiario a mi cargo en Latinus.
Hace siete meses un episodio mostró la influencia del empresario Beckman en el gobierno de la 4T. Trascendió que una denuncia suya por extorsión derivó en la detención del entonces presidente municipal de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro. Y eso que era de Morena.
La historia de la familia de López Obrador y el equipo de los Gigantes de San Francisco tiene algunos años. Cuando AMLO tomó posesión, su hijo Gonzalo “Bobby” se fue a trabajar a esa organización deportiva. La idea era mantenerlo alejado del gobierno y de las tentaciones del poder. Eso duró poco. Regresó al país y se engarzó con El Clan, la red de corrupción y tráfico de influencias que encabeza su hermano Andy, aprovechándose del poder de su papá. El presidente AMLO lo nombró como supervisor del Tren Interoceánico, que ya se descarriló dos veces cobrando la vida de 14 personas. En ese tren también hizo negocios El Clan.
Este lunes, el periodista Héctor de Mauleón reveló en su columna de El Universal imágenes de una encerrona en un restaurante de la colonia Condesa, en donde estaban varios de los mismos personajes. Andy, Bobby y Juan Domingo Beckman. Se ve que la amistad tiene ya su tiempo. A esa reunión, en la que descorcharon una botella de vino de 20 mil pesos, aparece el exsecretario particular de AMLO, Daniel “El Gallo” Asaf, también integrante de El Clan.
No sé cuántos postulados obradoristas violan estas imágenes. ¿Dónde queda el discurso de austeridad, el de separar el poder político del poder económico? ¿Dónde quedan las críticas a los empresarios “machuchones”? Nada de eso empata con el modo de vida de los López Beltrán. Los cuatro hijos de AMLO son el desmentido perfecto del discurso de su papá. Aspiran -y eso se confirma en cada actividad de su vida cotidiana- a formar parte de la élite mexicana con dinero. La hipocresía del expresidente queda también de manifiesto: él siempre ha sabido del comportamiento de sus hijos y lo ha permitido. No es una víctima de unos herederos mal portados. Es culpable de “ponerlos donde hay” y cómplice de permitir que saquearan.
Hay una arista más de las mismas imágenes. Las imágenes son sólo una página más del robusto álbum de los grandes empresarios que han buscado el beneplácito del poder, la cercanía, el “derecho de picaporte”, lejos del papel histórico del empresariado mexicano que pugnó por los avances democráticos, arriesgando sus privilegios.
Hoy, muchos de los grandes empresarios de México despotrican contra López Obrador, sus hijos, Sheinbaum y la 4T... pero en privado. En público buscan el negocio, el contrato, el trato privilegiado. Elogian, se toman la foto, se comportan genuflexos ante una clase gobernante que saben avanza hacia el autoritarismo. En privado, se quejan del manejo económico, de cómo han desincentivado inversiones, de la deuda pública récord. Lamentan los aumentos por decreto al salario mínimo y argumentan que han vapuleado la competitividad. Les parece trágica la reforma judicial. Critican el dinero tirado a la basura en las grandes obras y consideran una barbaridad haber convertido al Ejército en el principal empresario constructor del país.
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