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Aficionados del desorden

Antes del martes, los festejos mundialistas presumían saldo blanco. Ni los conciertos masivos en La Minerva habían provocado mayores sobresaltos. Pero bastó que apareciera el clásico grupo de aficionados del desorden para recordar que algunos entienden la palabra celebrar como sinónimo de romper y pelear. El resultado: una persona lesionada, policías heridos y decenas de detenidos en Guadalajara… y cuatro muertos en la capital del país. Vaya manera de demostrar el amor por la camiseta.

Lo peor es que esos cuantos terminan robándose el protagonismo de los miles que sí festejaron en paz.

Ahora las autoridades tendrán que reforzar la seguridad para los siguientes partidos, porque ya quedó claro que el rival más complicado de controlar no está en la cancha, sino entre quienes convierten cada triunfo en pretexto para el vandalismo.

Los reflectores están el próximo domingo, cuando México se enfrente a Inglaterra en los Octavos de Final.

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Desde ayer, dos nuevos partidos políticos nacionales estrenaron registro y constancias entregadas por el INE. Todo muy formal y con la promesa de renovar la vida democrática del país. Se trata de Somos México y Partido Paz.

Lo que todavía no reciben es una garantía de permanencia. La historia electoral mexicana es despiadada: nacen con bombo y platillo, organizan conferencias, estrenan logotipo, reparten playeras y hasta sueñan con la Presidencia, pero muchos terminan desapareciendo más rápido de lo que tardan en aprenderse sus propias siglas.

El verdadero examen no está en el registro, sino en las urnas, donde deberán convencer a un electorado cada vez más desconfiado en 2027.

Por lo pronto, que disfruten las llaves de sus oficinas y las fotos del recuerdo. Si la tendencia se mantiene, quizá en menos de dos años esas imágenes sean el principal vestigio de una aventura política tan breve como costosa al erario.

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Nos cuentan que en la Secretaría de Hacienda ya descubrieron que las matemáticas también tienen sentido del humor. Resulta que los ingresos petroleros y la recaudación del ISR decidieron tomarse unas largas vacaciones, dejando un boquete de más de 151 mil millones de pesos frente a lo programado. Ni el petróleo, que presumía buenos precios internacionales, quiso cooperar: la plataforma de exportación produjo menos de lo esperado y el tipo de cambio terminó afectando la fiesta.

Afirman los malpensados que el presupuesto ya empezó la dieta antes de que lleguen las discusiones del próximo paquete económico.

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