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A Morena le creció Maru

Vaya agradecimiento le debe tener la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, a los agentes de la CIA, que, según ella, se le colaron sin saber a un operativo de su Fiscalía en la sierra para clausurar un narcolaboratorio.

Desde el 19 de abril pasado, que por un accidente nos enteramos de esas operaciones clandestinas de la CIA, y que pusieron en serios aprietos a la mandataria estatal por violar la Ley de Seguridad Nacional, ahora esa crisis la ha convertido, de súbito, en la mayor opositora de la 4T, por el pésimo manejo que el oficialismo le ha dado a ese caso tratando de empatarlo con el Rubén Rocha-gate.

En ese pecado, tanto la Presidenta Claudia Sheinbaum, la clase política de la 4T y su partido Morena, llevan hoy su penitencia.

Ayudada, deliberada o casualmente, por la bomba de la solicitud de aprehensión de los 10 funcionarios y exfuncionarios sinaloenses a los que acusa de narcopolíticos, con la que el Gobierno de Estados Unidos pareció responder al reclamo de las autoridades mexicanas por la presencia de los agentes de la CIA en operativos policiales en Chihuahua sin su conocimiento, Campos pasó de ser una gobernadora saliente en problemas a la figura más respaldada por el panismo y el antimorenismo.

Ante el nerviosismo y los malos cálculos políticos del primer círculo presidencial para responder a la escalada de presiones del Gobierno de Donald Trump por el condicionamiento a la entrega de pruebas para detener al gobernador Rocha Moya y compañía, a quienes acusan de ser cómplices del Cártel de Sinaloa, la gobernadora de Chihuahua supo aprovechar el desconcierto, para capitalizar la evidente doble vara con la que se le juzgaba a ella y a Rocha Moya.

Por eso, Campos llegó ayer a la Fiscalía General de la República (FGR) a la ofensiva, pese a todos los enredos que tuvo su Gobierno tras conocerse de la muerte de los agentes de la CIA. Primero por la versión falsa de su fiscal estatal que tuvo que renunciar al cargo por mentir al señalar que sólo les daban un “ride”. Luego al rectificar: que sí habían participado en el operativo, pero que el único que sabía era Pedro Oseguera, el director local de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de la Fiscalía de Chihuahua, y quien murió también en el accidente con otro de sus subordinados. La gobernadora, pues, salió del problema echándole la culpa al muerto y asegurando que ella nunca supo de esa colaboración de la CIA.

Llegó también con atril y micrófono asumiéndose como una perseguida política, que, pese a que cumple su misión de perseguir al narco, desde las mañaneras de la Presidenta se le quieren “fabricar” señalamientos, mientras que a Rocha Moya y los otros nueve funcionarios y exfuncionarios que “tienen órdenes de aprehensión en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico”, siempre se les “cobijó” y solo “los invitan a tener entrevistas amigables”.

Nunca en el año y medio que lleva de dirigente nacional del PAN, se le había visto tan contento a Jorge Romero, como al estar ayer al lado de Maru, que con lo que la han hecho crecer las pifias de Palacio Nacional y de Morena, al fin lo voltearon a ver.

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