Zapotillo, ¿qué ganamos?
La política, dice la definición clásica, es el arte de lo posible. Se hace lo que se puede. O como diría el “Jamaicón” Villegas, más sabio que cualquier politólogo: “Lo que no se puede no se puede, y además es imposible”. La idea de solución presentada por el presidente de la república para resolver el problema de la construcción de la presa de Zapotillo es la posible, la que resuelve los conflictos políticos, pero está lejos, muy lejos, de ser una solución para los problemas hidráulicos del occidente del país.
El aspecto positivo es que escucha las demandas de los pobladores. El presidente ofreció que ninguno de los pueblos será inundado, lo cual implica terminar la presa a 80 metros, pero operarla a un máximo de 60 metros. Esto es, la capacidad de captación de agua sería de 146 millones de metros cúbicos frente a los 440 millones si se hace a 80 metros o los 910 millones estimados con la cortina a 105 metros. Eso significa que la presa podrá aportar un gasto firme de 3 mil 500 metros cúbicos por segundo para Guadalajara y nada para León ni para las ciudades de los Altos Norte.
Para que el agua llegue a la zona metropolitana falta mucho tiempo y mucho dinero. Esta solución, hay que insistir, tiene como gran virtud desactivar un problema político; el presidente López Obrador ha tomado una decisión política que el gobierno de Peña Nieto no quiso, no se atrevió a tomar. En términos económicos la relación entre inversión y agua obtenida es pésima, resultado de un proyecto que políticamente se manejó mal desde el inicio.
¿Qué ganamos los jaliscienses con este principio de acuerdo? Lo que se logra en recursos hidráulicos no es ni de lejos la solución para la ciudad de Guadalajara y por supuesto no lo es para la de León. Si todo sale bien en un par de años tendremos agua suficiente para las necesidades más apremiantes, pero seguiremos con un sistema de pozos estresado y una fuente primaria, Chapala, inestable. Lo que realmente ganamos es tiempo. Un tiempo que puede verse sólo como una forma de brincar el sexenio para Enrique Alfaro; tiempo para que los jaliscienses construyamos otro proyecto y nosotros mismos lo desbaratemos, una especialidad que nos ha caracterizado en las últimas cuatro décadas o bien, tiempo para construir una nueva visión sustentable y responsable en el manejo del agua.
Tenemos una ventana de tres o cuatro años, no más, para discutir de manera abierta y con las cartas abiertas cómo construimos una solución que sea responsable en lo ecológico, factible técnicamente, subsidiaria con la región y solidaria en lo social. Es un reto político mayor y el tiempo que tenemos es corto para al tamaño del problema. Retrasamos la explosión de la bomba, pero la cuenta regresiva vuelve a comenzar. Hoy vamos ya un día tarde.
"En términos económicos la relación entre inversión y agua obtenida es pésima, resultado de un proyecto que políticamente se manejó mal desde el inicio".