Políticos victimizados
Tengo particular aversión por los políticos que se victimizan. El llanto del poderoso me resulta más falso que la sonrisa del payaso. Los gobernantes a quienes les gusta hacerse las víctimas tienen otro elemento en común: no les gusta que los contradigan, que las cosas no sean como ellos dicen, tienden al autoritarismo y a la polarización. En el fondo son egocéntricos, les gusta verse en el espejo y ser el más bonito, el más popular, el más querido. Su ego los hace que se vean a sí mismos en las páginas de la historia antes de escribirlas.
Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador se parecen más de lo que creen y, sobre todo, mucho más de lo que sus respectivos seguidores piensan. Si son antagónicos es porque no soportan la presencia del otro. Los dos juegan a la víctima, se dicen perseguidos por sus enemigos, los reales y los inventados, viven en medio de un complot permanente y son incapaces de la más mínima reflexión autocrítica.
No les gusta que los contradigan, que las cosas no sean como ellos dicen, tienden al autoritarismo y a la polarización
Uno quiere transformar la vida pública del país, hacer una transformación del tamaño de la independencia, la reforma o la revolución no porque el pueblo se lo pida, sino porque él lo quiere, lo necesita para estar en los altares de la patria. El otro plantea una refundación de Jalisco, una nueva constitución, no porque el Estado lo necesite, no hay nadie en las calles, en las universidades, en las instituciones públicas pidiendo o pensando la refundación, lo que hay es una gobernante en Casa Jalisco que quiere pasar a la historia no como un buen gobernador, sino como el que refundó el Estado, aunque nadie sepa para qué.
Si algo tienen claro los dos, porque ambos estudiaron en los mismos libros de texto, es que en este país lo héroes consentidos son las víctimas de la historia, no los constructores. Lo que enfatiza López Obrador de Juárez es que fue perseguido y atacado por los conservadores; Madero fue traicionado por los medios y la burguesía; Moctezuma derrocado por el invasor. En cada discurso Alfaro nos dice lo difícil y agotador que es ejercer el poder; lo largo de la cuesta y lo pesado que es la carga. Año y medio después de tomar posesión del gobierno, los dos siguen hablando de sus enemigos, del cochinero que les dejaron, de lo mal que estaba todo, como si no lo supiéramos. como si ellos no se hubiesen aprovechado de ello en campaña para llegar al poder, como si no nos hubieran prometido que sabían cómo resolverlo.
El político que se victimiza rehúye a la realidad, pero, sobre todo, a su responsabilidad.
(diego.petersen@informador.com.mx)