Doble señal desde Washington
La riesgosa hiperactividad que ha asumido luego de la jornada electoral el virtual Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y su equipo, alcanzó las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), aún antes de la reunión de reinicio que se celebró ayer en Washington.
El intercambio epistolar entre AMLO y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; las recientes visitas de altos funcionarios de su Gobierno y del de Canadá al ex cuartel de campaña morenista, han metido hasta la cocina al futuro Gobierno mexicano en las discusiones de este acuerdo comercial, decisivo para el futuro del país.
Los próximos responsables de la Cancillería y de la Secretaría de Economía desplegaron un notable activismo previo en la reunión Cumbre Alianza del Pacífico celebrada esta semana en Puerto Vallarta, donde tuvieron reuniones aparte con los representantes de los países invitados, y ayer estuvieron presentes también en el reinicio de las negociaciones del TLCAN, con un equipo encabezado por Jesús Seade.
Este protagonismo puso ya nerviosos a varios, entre ellos a los representantes empresariales que han acompañado a los funcionarios mexicanos actuales en el Cuarto de Junto. La preocupación creció después de las declaraciones que hicieron los futuros negociadores de López Obrador (luego de que Trump en su carta planteó una especie de ultimátum para resolver el TLCAN), en el sentido de estar dispuestos a analizar la posibilidad de negociar un acuerdo bilateral como lo ha propuesto el propio presidente de EU.
Les prendió también los focos rojos lo que Seade dijo a The Wall Street Journal, sobre la posibilidad de flexibilizar la posición de México en el tema de las reglas de origen en el sector automotriz.
Los empresarios califican de “apresurados” estos posicionamientos de los enviados del virtual Presidente electo, y lamentan que no hayan tenido hasta ahora un acercamiento con ellos que han estado colaborando en las negociaciones.
Lo cierto es que las posturas de los emisarios de AMLO dejan muy mal parados al actual canciller, Luis Videgaray, y al secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quienes siempre han sostenido que el TLCAN debe mantenerse trilateral y que no han cedido a las pretensiones de Trump en el tema del sector automotriz.
La gran incógnita es si esta irrupción en las negociaciones de este cuarto elemento que representan los negociadores amlistas, quienes en teoría iban sólo en calidad de observadores, cancela o abre las posibilidades de que las negociaciones concluyan o no en lo que resta de la administración de Enrique Peña Nieto, o de plano el equipo de Trump les toma la palabra y espera a negociar con el nuevo Gobierno mexicano en diciembre. Por lo pronto, lo inédito de que dos equipos mexicanos estén negociando en la misma mesa está mandando una doble señal desde Washington con todos los riesgos y la incertidumbre que ello implica.
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