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Desafíos delincuenciales sin freno, y ahora virales

No pasaron ni siquiera tres semanas cuando las videocámaras del incipiente Escudo Urbano volvieron a registrar un ataque de un grupo de sicarios más que parecen moverse con toda tranquilidad como si la ciudad fuera suya. No encuentran resistencia. Pareciera lo contrario: gozan de protección de ciertos uniformados traidores que patrullan la ciudad, incluso para dejar atacar a sus compañeros de trabajo.

Una prueba más del control y de la infiltración delincuencial en las policías, ya no sólo en municipios alejados, sino en las mismísimas corporaciones metropolitanas, en teoría más sólidas por ser las más numerosas y equipadas.

Los cada vez más frecuentes episodios de violencia en las calles de Guadalajara y Zapopan nos dicen lo contrario. Se pueden mover armados en decenas, mañana, tarde y noche, y atacar en los sitios más concurridos a figuras públicas o a los policías que no se someten a sus sobornos.

La percepción de inseguridad de la población crece a cada golpe de la delincuencia. La sensación de inseguridad alcanza el umbral de la indefensión y la vulnerabilidad extrema. El colectivo social observa cómo las víctimas son también ya altos funcionarios y jefes policiales. “Si los atacan a ellos que traen escoltas armados, que me puede esperar a mí”, razonan.

El más reciente punto de inflexión de la permanente escalada de violencia que hemos vivido en todo lo que va del 2018 en Jalisco aún retumba. Fue apenas en junio cuando a plena luz del día en la zona de Chapultepec, un grupo de sicarios llegó a un prestigiado restaurante para tratar de asesinar al entonces Secretario del Trabajo y ex Fiscal, Luis Carlos Nájera. Jornada negra que provocó la muerte del bebé Tadeo y la agonía mortal de su madre, quienes viajaban en un camión que fue incendiado por gatilleros de la mafia. Convirtieron a madre e hijo en las víctimas más inocentes de la guerra entre narcos que ha convertido la ciudad en su campo de batalla sin que ninguna autoridad haga algo para impedirlo, ya sea por incapacidad, miedo o complicidad.

Hace menos de tres semanas, otro grupo de al menos 15 sicarios llegó al centro comercial Punto Sao Paulo para cumplir un ajuste de cuentas después de las 21:00 horas. Poco les importó que los restaurantes de la zona estuvieran llenos de comensales, incluidos el titular del Poder Judicial y los alcaldes, saliente y entrante, de Guadalajara, con todo y sus escoltas.

El lunes pasado otro grupo de pistoleros se desplazó sin problema, en horas de la mañana, en Tonalá para asesinar por venganza a cuatro policías de Guadalajara. Por la noche, robacoches terminaron matando a dos uniformados de Zapopan que intentaron detenerlos.

A estos ataques en tierra, el hampa ha sumado una estrategia virtual para acrecentar el miedo mediante noticias falsas, a las que todos debemos cerrarles el paso no replicándolas y no dejándoles el espacio público. No debemos hacer crecer el poder intimidatorio de los capos que cada vez desafían más a unas autoridades titubeantes y que no atinan cómo hacerles frente.

jbarrera4r@gmail.com

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