Alfaro y su necesidad de enemigos
El gobernador de Jalisco y su equipo de comunicación funcionan muy bien cuando hay un enemigo. Enrique Alfaro necesita siempre alguien con quién pelear, porque él es bueno en ese terreno. Parte esencial de la política del enemigo es asegurarte que éste sea más grande que tú, pero no demasiado. Lo suficiente como para retarlo, pero no tan grande como para que te aplaste.
Cuando Alfaro fue alcalde de Tlajomulco convirtió a Raúl Padilla en su némesis. Era en ese momento un enemigo que se veía grande para un joven alcalde de un municipio suburbano, sin embargo, la estrategia le funcionó; declaró a Tlajomulco municipio libre de Padilla, hizo de ellos su marca para a la postre aliarse con él en la elección del 2018.
El año pasado Alfaro quiso subirse al ring contra López Obrador en el mejor momento del presidente. El resultado fue fatal, el gobernador quedó aislado y enojado, y tuvimos la peor versión de Enrique Alfaro desde que comenzó en la política: errático, impaciente, malhumorado, al gobernador no parecía calentarlo ni el sol. Sus asesores sabían que había que construir un enemigo. El candidato idóneo, pensaron, era el Poder Judicial y contra éste enfocarían las baterías. Pero llegó el coronavirus y todo se acomodó. Encontraron la causa de diferenciación y un enemigo de nivel: el gobernador no se pelea con el presidente, su enemigo favorito es el subsecretario Gatell y su nueva causa el federalismo fiscal.
El gobernador no se pelea con el presidente, su enemigo favorito es el subsecretario Gatell y su nueva causa el federalismo fiscal
Yo soy de los que piensa que Jalisco está haciendo bien las cosas en materia de salud, pero cantar victoria cuando apenas llevamos un mes y vamos, en el mejor de los casos, en el primer tercio del partido, es sumamente riesgoso (esta película de México ganando en el primer tiempo la he visto mil veces en los mundiales y hasta en la batalla de Puebla). No hay nada qué festejar aún, y los riesgos para todo el país, no sólo para los jaliscienses, siguen siendo altísimos.
Hay pues que diferenciar las batallas políticas del gobernador de las batallas de los jaliscienses. A todos nos conviene un nuevo federalismo fiscal, que los estados y municipios tengan más capacidad de acción y decisión, pero cuando nos digan que eso implicará pagar más predial y hacernos responsables de cada peso que recaudemos y gastemos quizá no nos vaya a gustar tanto. Es el gobernador el que necesita un enemigo; Jalisco no. No es momento de chovinismos ni de orgullos regionales. Es momento de que los gobernantes tomen decisiones y que los ciudadanos adquiramos responsabilidades. Ya en 2021 tendremos tiempo para batallas y discusiones políticas de todo tipo y habrá que librarlas -y disfrutarlas- en lo local y en lo federal. Hoy el juego se llama solidaridad.
(diego.petersen@informador.com.mx)