AMLO y el pueblo bueno originario
El Presidente Andrés Manuel López Obrador debe estar ampliamente satisfecho de que su última apuesta de conversación en la opinión pública, no sólo se colocó como tendencia nacional como pasa todos los días con sus conferencias de prensa mañaneras, sino que un video de fin de semana en el que junto con su esposa la historiadora, Beatriz Gutiérrez Müller, pide a la Corona Española y al Papa Francisco ofrecer perdón a los pueblos originarios por los atropellos cometidos en la Conquista hace cinco siglos, haya provocado toda una avalancha en España y otros países.
Me refiero al mensaje que videograbaron primero en las ruinas de Comalco, y más tarde lo que dijo en la comunidad de Centla, en su natal Tabasco, donde la semana pasada se cumplieron 500 años de una de las primeras batallas con las que se inició la Conquista en las que se enfrentaron españoles contra indígenas mayas chontales.
A AMLO y a su equipo les importan muy poco las críticas y las mofas que se han hecho en su contra, desde la condena del Gobierno español por haber hecho público el tema de la carta y la negativa a pedir perdón, hasta las expresiones extremas de desaprobación como la del reconocido escritor español Arturo Pérez-Reverte que escribió en sus redes sociales: “que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no lo cree, es un sinvergüenza”. El tema es marcar la agenda y crear una polémica, que por ejemplo, deliberada o coincidentemente, apagó los ecos de la rechifla que sufrió AMLO el sábado en la inauguración del Estadio de béisbol de los Diablos del México.
Pero más allá de las verdaderas motivaciones que hicieron que el Presidente escribiera el 1 de marzo al Rey Felipe VI y al Estado Vaticano para que pidan perdón en el marco de la conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan ante las expediciones españolas comandadas por Hernán Cortés en el todavía lejano 13 de agosto de 2021, es claro que este posicionamiento abona para enlistar a los pueblos originarios en los grupos que conforman el “pueblo bueno y sabio” y los que son el motivo de ser del autollamado Gobierno de la cuarta transformación, que a diario marca la diferencia y pinta su raya ante los adversarios y la prensa fifí, donde seguramente coloca a los españoles y mexicanos que defienden a los conquistadores.
Además de los costos de exacerbar esta polarización, y traer a la discusión un tema por el cual nadie había expresado su preocupación, ni siquiera los propios pueblos indígenas que sí reclaman atención y servicios públicos, habrá que ver cómo toma el Gobierno español este “reclamo histórico” y si no se lastima la relación entre ambos países.
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