- Trágico laberinto
A ver: ya Ernesto Zedillo -ordinariamente tan discreto, tan gris; tan incoloro, inodoro e insípido como se supone que deberían ser todos los ex presidentes- se declaró culpable del fracaso que significó su política de “combate frontal y prohibicionista de las drogas” y de sus costosas consecuencias; ya Felipe Calderón ha sido inculpado por innumerables fiscales oficiosos por la violencia rampante en el país y por la muerte de miles de mexicanos, por haber hecho de la “guerra al narcotráfico” una de las banderas de su Gobierno; ya Enrique Peña Nieto se pronunció, ante el pleno de la ONU -cuando todo indica que ya se le queman las habas por entregar la estafeta a su sucesor-, por “transitar de la mera prohibición a una eficaz regulación” de las drogas, cuyo comercio descontrolado sería una de las principales causas del tráfico de armas y de la criminalidad que se ha desbordado en México…
-II-
El chayote caliente, en esas condiciones, quedará, a partir del primero de diciembre, en manos del hoy Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador… Éste, por supuesto, ya se pronunció al respecto. Lo hizo para calificar de “buena declaración” el tibio y tardío “mea culpa” de Zedillo. Lo hizo para sumarse a la condena a Calderón (“para ganar legitimidad se le pegó un garrotazo a lo tonto al avispero, y se nos metió en esta grave crisis de inseguridad y violencia”). Lo hizo para asegurar que “contempla todo”, con tal de “parar esta guerra, (porque) no podemos seguir con esta violencia”.
Declaraciones sensatas, gobernadas por la prudencia, dirán sus simpatizantes; malabarismos verbales, cantinflismos químicamente puros, dirán sus críticos… Para estar moral y legalmente obligado a pasar de las palabras a los hechos, faltan -¡todavía…!- más de dos meses: suficientes para, como dijo hace un par de días, “analizar todas las posibilidades; no descartar nada; ver qué es lo que más conviene”.
-III-
Lo cierto es que entre el “mea culpa” de Zedillo, las imputaciones -válidas o chapuceras, para el caso da igual- contra Calderón y las propuestas por demás abstractas de Peña Nieto, lo único que queda en claro es el consenso de que, en esa materia, todo lo que se ha hecho hasta ahora, se ha hecho mal. Todo… Nada hay, en cambio, que apunte hacia la salida del trágico laberinto en que el país y sus habitantes parecen estar atrapados. Nada que pueda interpretarse como una luz al final del túnel…