- ¡No, Señor Presidente...!
Wikipedia consigna que “L’Etat c’est moi” (el Estado soy yo) es un tópico, probablemente apócrifo, atribuido a Luis XIV, que “identifica al rey con el Estado, en el contexto de la monarquía absoluta”…
Una versión tropical de ese tópico se ha replicado sistemáticamente en México, donde todos los presidentes que han regido los destinos del país, han hecho suya -unos más que otros- la frase que se adjudica a El Rey Sol. Expresiones como “El Gran Tlatoani” (expresión náhuatl que en los pueblos mesoamericanos se interpretaba como “el que manda”), alusivas al gobernante por antonomasia, o chascarrillos como el de “‘¿Qué horas son?’; ‘Las que usted disponga, Señor Presidente’”, lo confirman.
-II-
Los tiempos, en ese aspecto, por lo que se ve y se aprecia, no han cambiado demasiado. Andrés Manuel López Obrador tiene más semejanzas, por ejemplo, con Luis Echeverría, José López Portillo y Vicente Fox, por su complejo de Niño Dios del Nacimiento, que con Miguel de La Madrid o Ernesto Zedillo, por su sobriedad.
Dicen las encuestas que los índices de aprobación pública del actual Presidente están muy por encima del 70%. Algo positivo. Algo que refleja el crédito que aún tiene la palabra del gobernante en el ánimo de los gobernados, nueve meses después de las elecciones. Y de esa palabra, la más reiterativa de su discurso: el propósito de acabar con la corrupción que ha sido, para mal, el ADN de la política en México.
-III-
Los logros, en esa materia, aún están por verse. En cambio, a guisa de contrapunto, voces disidentes se han dejado escuchar...
En el “Manifiesto ‘100 Días’” publicado el viernes en estas páginas por el colectivo “Xiudadanos MX”, se consignan abiertamente los desacuerdos con varias decisiones de la actual administración: la cancelación del Aeropuerto de Texcoco; la construcción del Tren Maya; la realización de “Consultas Patito”; la cancelación del programa de estancias infantiles; la tibieza para enfrentar los bloqueos de trenes en Michoacán por parte del CNTE; la “inscripción clientelar” implícita en los “programas sociales” del Gobierno; la improvisación en la designación de los titulares de Pemex, CFE, Conacyt, etc.; la cancelación de las reformas Energética y Educativa, etc.
Ya se verá si López Obrador, quien fue opositor sistemático de muchos gobiernos, presta oídos, aun siendo minoritarias, a las voces que se alzan para decir, con honradez y gallardía, desde las trincheras en que él mismo estuvo muchos años, “¡No, Señor Presidente…!”.