¿Cuánto tiempo puedes usar audífonos sin dañar tus oídos? Esto recomienda la OMS
La comodidad que ofrecen los audífonos puede generar un problema de salud a largo plazo si no se usan con conciencia, aprende a encontrar el volumen adecuado
Los audífonos pasaron de ser un accesorio utilizado principalmente para escuchar música a convertirse en una herramienta cotidiana. Hoy acompañan a millones de personas durante el trabajo, los trayectos en transporte público, las sesiones de ejercicio, las videollamadas, los videojuegos y los momentos de descanso.
Esta transformación también modificó la manera en que las personas se relacionan con el sonido. La posibilidad de llevar música, podcasts, películas o llamadas directamente a los oídos durante varias horas al día ofrece comodidad, pero también puede incrementar la exposición acumulada a niveles de sonido potencialmente dañinos.
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de mil millones de jóvenes de entre 12 y 35 años están en riesgo de pérdida auditiva debido a prácticas de escucha inseguras, tanto por el uso de dispositivos personales como por la exposición a sonidos intensos en espacios de entretenimiento.
El problema no está necesariamente en utilizar audífonos. La principal preocupación se encuentra en la combinación de volumen elevado, periodos prolongados y exposición frecuente. Mientras mayor sea la intensidad del sonido y más tiempo dure la exposición, mayor será el riesgo para la audición.
¿Cómo pueden afectar los audífonos a los oídos?
En el oído interno se encuentra la cóclea, una estructura fundamental para transformar las vibraciones sonoras en señales que posteriormente interpreta el cerebro. En su interior existen células sensoriales encargadas de participar en este proceso y que pueden resultar afectadas por una exposición excesiva al ruido.
El daño auditivo provocado por el ruido puede desarrollarse de manera gradual. Por ello, una persona puede no notar inmediatamente que su capacidad para escuchar ha comenzado a disminuir y continuar utilizando sus dispositivos de la misma manera durante meses o años.
Uno de los problemas es que el usuario puede acostumbrarse progresivamente a escuchar a mayor volumen. Lo que inicialmente parecía suficientemente fuerte puede dejar de serlo con el tiempo, generando la necesidad de incrementar el nivel del dispositivo para percibir la música, las voces o los efectos de sonido con claridad.
Otro signo que merece atención es el tinnitus o acúfeno, que puede manifestarse como un zumbido, pitido o silbido sin una fuente externa evidente. La OMS recomienda consultar a un profesional si el zumbido es persistente o si aparecen dificultades para escuchar sonidos agudos o seguir conversaciones.
La dificultad para comprender conversaciones cuando existe ruido de fondo también puede ser una señal de que la audición necesita ser evaluada. En lugar de esperar a que el problema interfiera de manera evidente con la vida cotidiana, una revisión profesional puede ayudar a detectar alteraciones con mayor anticipación.
La regla del 60% para escuchar música
Una de las recomendaciones más sencillas para reducir el riesgo consiste en mantener el volumen del dispositivo por debajo del 60% de su capacidad máxima. La OMS también recomienda utilizar funciones de los teléfonos y audífonos que permitan monitorear o limitar la exposición al sonido.
Sin embargo, el porcentaje del volumen no es una medida universal de la intensidad sonora. El nivel real puede variar dependiendo del dispositivo, los audífonos utilizados, el contenido reproducido y el entorno. Por ello, cuando un aparato ofrece información sobre exposición en decibeles, también puede ser útil utilizarla para vigilar los niveles de escucha.
La OMS establece como referencia que una exposición promedio de 80 decibeles puede alcanzar hasta 40 horas semanales antes de superar su referencia de escucha segura para adultos. A 90 decibeles, ese tiempo se reduce a cuatro horas semanales, lo que demuestra por qué aumentar el volumen modifica rápidamente la cantidad de tiempo que puede considerarse segura.
Por esta razón, no existe una regla que permita escuchar cualquier sonido durante un periodo determinado sin riesgo. La intensidad y la duración deben considerarse conjuntamente. Una sesión prolongada a un volumen elevado representa una exposición muy diferente a escuchar durante un periodo corto a un nivel moderado.
También es recomendable realizar pausas frecuentes. Después de una exposición prolongada a sonidos fuertes, permitir que los oídos descansen en un ambiente tranquilo ayuda a reducir la exposición acumulada.
¿Los audífonos con cancelación de ruido son más seguros?
La cancelación activa de ruido no elimina por sí misma el riesgo de pérdida auditiva, pero puede contribuir a una escucha más segura. Al reducir la presencia del ruido ambiental, permite que el usuario escuche el contenido sin necesidad de incrementar tanto el volumen para superar el sonido del tráfico, el transporte público o un espacio concurrido.
La OMS recomienda precisamente utilizar audífonos bien ajustados y con cancelación de ruido en ambientes ruidosos como una estrategia para evitar elevar innecesariamente el volumen.
Esto también cambia la percepción sobre los audífonos de diadema y los modelos que se colocan dentro del oído. Más que considerar un formato completamente seguro y otro inherentemente peligroso, lo importante es controlar la cantidad de sonido que llega al oído y durante cuánto tiempo.
Los audífonos de conducción ósea tampoco deben considerarse una alternativa completamente libre de riesgos. Aunque transmiten las vibraciones a través de los huesos del cráneo y mantienen abierto el conducto auditivo, el sonido termina estimulando estructuras relacionadas con la audición. Por ello, un volumen excesivo o una exposición prolongada también puede representar un riesgo.
Los audífonos cambiaron la relación con el sonido
La popularización de los audífonos también produjo un cambio social. Antes, escuchar música implicaba compartir el sonido con quienes estaban alrededor o permanecer cerca de un aparato reproductor; ahora, una persona puede crear una especie de espacio sonoro privado prácticamente en cualquier lugar.
Esta característica transformó actividades tan distintas como trabajar en una cafetería, viajar en autobús, correr, estudiar o jugar videojuegos. La música y otros contenidos dejaron de depender del lugar en el que se encuentra la persona y pasaron a acompañarla durante buena parte del día.
El problema aparece cuando esa comodidad facilita que la exposición sonora se vuelva prácticamente permanente. El usuario puede pasar de escuchar música durante el trayecto al trabajo a utilizar los mismos audífonos durante una jornada laboral, continuar con ellos mientras hace ejercicio y terminar el día jugando videojuegos o viendo contenido audiovisual.
¿Cómo se previene el daño auditivo?
La tecnología, por tanto, no tiene que desaparecer para proteger la audición. El objetivo es modificar los hábitos de escucha. La OMS recomienda limitar el tiempo de exposición a sonidos fuertes, realizar descansos, controlar los niveles de volumen y utilizar dispositivos que incorporen funciones de escucha segura.
En ese sentido, algunos teléfonos inteligentes y dispositivos de audio ya incorporan herramientas capaces de advertir sobre niveles elevados de sonido o limitar el volumen. Estas funciones pueden convertirse en una herramienta preventiva, especialmente cuando el usuario pasa varias horas al día utilizando audífonos.
También es recomendable prestar atención a las señales que envía el propio organismo. Un zumbido persistente, dificultad para entender conversaciones o problemas para escuchar determinados sonidos son motivos suficientes para buscar una evaluación profesional en lugar de simplemente aumentar el volumen.
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Los audífonos forman parte de la vida cotidiana y probablemente seguirán adquiriendo nuevas funciones conforme avance la tecnología. El reto no consiste en renunciar a ellos, sino en evitar que la comodidad de tener sonido permanente termine convirtiéndose en una exposición innecesaria.
Escuchar de forma saludable depende menos del tipo de audífono que de la dosis de sonido acumulada. Mantener un volumen moderado, hacer pausas, reducir la exposición a ambientes muy ruidosos y atender las señales de alerta permite disfrutar de la tecnología sin dejar de cuidar uno de los sentidos que más utilizamos todos los días.
TG