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¿A qué edad comienza el 'olor a viejito'? La ciencia tiene la respuesta y así puedes reducirlo

Entenderlo desde la ciencia permite derribar estigmas y asumir el envejecimiento como un proceso biológico más

Aunque suene incómodo o estigmatizante, el llamado “olor a viejo” es un fenómeno real y natural. Investigaciones del Monell Chemical Senses Center en Estados Unidos confirman que el porqué y cómo se produce este aroma.

¿A qué se debe el cambio de olor?

El responsable principal es un compuesto químico llamado 2-nonenal, una sustancia que aparece con el envejecimiento de la piel. A medida que el cuerpo envejece, se modifican las glándulas sebáceas y se reduce la producción de antioxidantes naturales. 

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Esto provoca la oxidación de los ácidos grasos presentes en la piel, generando el característico aroma “rancio” o “graso” que muchos asocian con la vejez.

Cabe destacar que este olor no se debe a la falta de higiene, sino a procesos biológicos naturales. Además, influyen otros factores como la alimentación, el estrés, los medicamentos, el consumo de alcohol y el entorno en el que vive la persona.

¿A qué huele el 2-nonenal?

Según los investigadores, el 2-nonenal tiene un olor ligeramente grasoso y herbáceo, difícil de eliminar con jabón o perfume, ya que se adhiere a la piel y la ropa con facilidad, pero puede describirse como un olor a grasa y hierba.

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¿A qué edad comienza el olor a viejo"?

Los investigaciones de dicho centro confirman que este cambio en el olor corporal comienza alrededor de los 40 años y se hace más evidente después de los 60.

¿Cómo contrarrestar el “olor a viejo”?

Existen formas sencillas de contrarrestar el olor sin recurrir a productos costosos:

  • Baños diarios con jabón neutro o con extractos cítricos. Ayudan a eliminar los aceites oxidados sin irritar la piel.
  • Usar ropa de algodón o lino. Estas telas permiten que la piel respire y reducen la acumulación de olores.
  • Ventilar la casa todos los días. El aire fresco evita que el 2-nonenal se adhiera a las telas y cortinas.
  • Aumentar el consumo de antioxidantes. Frutas, verduras, té verde y vitamina E ayudan a reducir la oxidación celular.
  • Evitar el tabaco y el alcohol. Ambos alteran el olor corporal y la función de las glándulas sebáceas.
  • Usar aceites esenciales naturales. Lavanda, menta o cítricos ayudan a neutralizar olores y aportan frescura.

El “olor a viejo” no es un signo de descuido, sino una señal natural del paso del tiempo. Entenderlo desde la ciencia permite derribar estigmas y asumir el envejecimiento como un proceso biológico más, con sus propias transformaciones químicas, visibles… y también perceptibles al olfato.

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