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“The Paper”: Las noticias no entran por la puerta

La serie explora el aprendizaje, la ambición y los dilemas éticos de una redacción que todavía está descubriendo cómo hacer bien su trabajo

En la primera temporada de “The Paper”, conseguir que un grupo de trabajadores improvisados pudiera producir un periódico ya era una hazaña. En la segunda, el problema cambia: ahora comienzan a creer que saben lo que están haciendo. El equipo del Toledo Truth Teller regresa después de obtener reconocimiento en los Ohio Journalism Awards. Hay motivos para celebrar, pero también aparece una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando el éxito llega antes de estar preparado para recibirlo?

Para Greg Daniels y Michael Koman, creadores de la serie, permitir que los personajes aprendieran era indispensable. Mantenerlos permanentemente incompetentes habría terminado por convertirlos en caricaturas de sí mismos. “Nuestros personajes se están convirtiendo en mejores periodistas. No son grandes periodistas, necesariamente. No todos”, explica Koman en entrevista. “Está bien ver a las personas cometer errores, aprender y simplemente mejorar de manera gradual”.

La segunda temporada de “The Paper” estrenó sus diez episodios recientemente en HBO Max. La serie conserva el falso documental de “The Office” y ocurre dentro del mismo universo: el equipo que alguna vez registró la vida cotidiana de los empleados de Dunder Mifflin encuentra ahora un nuevo objeto de interés en un periódico histórico de Toledo, Ohio, que intenta sobrevivir y recuperar relevancia.

Domhnall Gleeson regresa como Ned Sampson, editor en jefe del Truth Teller, acompañado por Sabrina Impacciatore, Chelsea Frei, Melvin Gregg, Gbemisola Ikumelo, Tim Key, Ramona Young, Alex Edelman y Oscar Núñez, quien vuelve a interpretar a Oscar Martínez y mantiene uno de los vínculos directos con “The Office”.

Aprender también puede ser gracioso

La evolución profesional de los personajes planteaba un problema para los guionistas. Buena parte del humor inicial surgía precisamente de observar a personas con poca experiencia intentando hacer periodismo. Si aprendían demasiado, podían perder aquello que las hacía divertidas. Daniels considera que la incompetencia nunca fue la única fuente posible de comedia.

“Hay muchas maneras diferentes en las que un personaje puede ser gracioso. Pueden ser graciosos por ser incompetentes, como muchos de nuestros personajes lo han sido, pero también pueden serlo por sus enredos románticos, por la manera en que lidian con la frustración de personas que no quieren hablar con ellos”.

Después del tiempo compartido, las relaciones dentro de la redacción también han cambiado. “Las relaciones son un poco más ricas ahora porque todos han tenido experiencias juntos y saben cómo son los demás. Hay más conflictos entre las personas”, señala Daniels, quien adelanta también una presencia mayor de comedia física.

Koman encuentra otro mecanismo en el aprendizaje mismo. Equivocarse, corregir y descubrir lentamente cómo hacer el trabajo puede proporcionar una progresión narrativa que la incompetencia permanente no tendría. “El placer está en ver todas las cosas que tuvieron que aprender durante el camino simplemente para llegar al punto de ser… No voy a decir creíbles, pero sí competentes”.

El peligro de ganar demasiado pronto

La primera temporada terminó proporcionando al periódico algo que parecía improbable al principio: reconocimiento. Sin embargo, Koman plantea una duda alrededor de ese triunfo. “Creo que existe una pregunta en la serie sobre qué tanto se ganaron ese éxito y qué tan bueno es tener éxito temprano, antes de estar preparado para él”.

Una felicitación, explica, puede ser suficiente para que alguien comience a convencerse de que domina un oficio que apenas está aprendiendo. “Es muy fácil recibir una palmada en la espalda y convencerte de que sabes lo que estás haciendo. Para mí, lo divertido es observar a una persona descubrir que no es así y que realmente tiene que hacerlo de verdad”.

La satisfacción de los premios dura poco porque el Truth Teller continúa siendo un periódico diario. Para Daniels, ahí aparece una presión que la serie explota esta temporada: independientemente de lo ocurrido ayer, mañana habrá que publicar algo nuevo. Los periodistas del Truth Teller tienen aspiraciones cada vez mayores. El problema es encontrar historias capaces de satisfacerlas. “No puedes dormirte en tus laureles. Tienes que sacar algo mañana”, indican los entrevistados.

Una redacción que ya se conoce

Otro cambio en la segunda temporada es la maduración profesional de los personajes, que coincide con transformaciones fuera de las páginas del periódico. Ned y Mare Pritti intentan entender la atracción que existe entre ambos, mientras Esmeralda Grand busca encontrar su lugar dentro de una redacción que también comienza a cambiar. El equipo, además, lleva el tiempo suficiente trabajando juntos para conocer las debilidades de sus compañeros. Esa familiaridad permite que los conflictos sustituyan gradualmente a la incompetencia como una de las principales fuentes de humor.

Daniels y Koman tampoco pretenden que el Truth Teller se transforme repentinamente en una redacción ejemplar. El progreso es pequeño. Un error conduce a otro aprendizaje; una victoria produce exceso de confianza; una buena historia abre problemas que los personajes todavía no saben resolver. En ese espacio parece encontrarse la segunda temporada de “The Paper”: sus protagonistas pueden aprender a ser periodistas sin que eso signifique que hayan aprendido todavía a comportarse como tales.

Porque publicar una buena edición puede merecer un premio. El inconveniente de trabajar en un periódico, como recuerda Daniels, es que al día siguiente hay que empezar otra vez.

Buscar una cruzada

Un factor determinante en la nueva temporada de la serie es la conclusión a la que llega el personaje de Ned Sampson: si las grandes historias no aparecen espontáneamente en la puerta del periódico, quizá la redacción deba salir a buscarlas. “Deciden esta temporada que no pueden garantizar que las grandes historias simplemente vayan a entrar por la puerta y que deberían tener una cruzada. Deberían emprender una cruzada alrededor de la cual puedan generar historias”, explica Daniels.

La búsqueda conduce a Ned hacia un club privado local y termina poniendo al propio periódico en riesgo. La trama permite que la serie coloque a sus periodistas frente a decisiones que ya no consisten únicamente en aprender cómo conseguir una declaración o redactar una noticia. Daniels encuentra detrás de esa decisión un antecedente bastante menos inocente de la historia del periodismo estadounidense. Los personajes, sin embargo, no tienen demasiado tiempo para detenerse a considerar todas las consecuencias.

“Existe cierta preocupación sobre si eso se parece a aquello del periodismo amarillo de William Randolph Hearst. Hay trampas éticas ahí. Se lanzan hacia ello y eso se convierte en un problema para ellos hacia la mitad de la temporada. Es esa presión por superarse lo que los motiva”.

Así, la comedia comienza a colocar a sus personajes frente a preguntas periodísticas reconocibles: qué ocurre cuando un medio decide de antemano cuál será su gran historia, hasta dónde puede empujar una investigación y qué sucede cuando la necesidad de producir resultados empieza a condicionar aquello que se busca.

CT

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