“Prefiero la muerte”: Zombis, hormonas y el fin del mundo a la mexicana
La serie de Prime Video lleva el apocalipsis a un pueblo mexicano donde el horror convive con la religión, el humor y las contradicciones cotidianas del país
La serie mexicana “Prefiero la muerte” lleva la adolescencia, la amistad y los conflictos de identidad al terreno de los zombis, pero lo hace desde el humor y situaciones vinculadas con la cultura mexicana. La producción, dirigida por Sebastián Sariñana y protagonizada por Diego Bernal, Lilith Curiel y Farah Justiniani, llegará a Prime Video el próximo 2 de octubre.
La historia sigue a Archie, un adolescente que, después de ser mordido por un zombi en una tienda de conveniencia, intenta evitar convertirse en uno de ellos mientras busca proteger a sus amigos y a la comunidad de Mendoza, el pueblo donde ocurre la historia. Para enfrentar lo que sucede se une con Cris, su mejor amiga, y Brenda, su amor platónico, además de contar con la ayuda de la detective Sara Díaz, interpretada por Fernanda Castillo.
En entrevista con EL INFORMADOR, Diego Bernal, quien interpreta a Archie, compartió que la propuesta fue una de las razones para aceptar el proyecto. El actor recibió inicialmente un casting para interpretar a un zombi, pero después de avanzar en el proceso pudo conocer la historia completa.
“Me mandaron todos los guiones en ese momento, me los eché todos en dos o tres horas y me fascinó la historia. Me fascinó, me puse nervioso porque es algo muy distinto. Es una comedia de zombis con romance, con esta transición como coming of age y con gore”, explicó.
Lilith Curiel, quien interpreta a Cris, llegó al proyecto cuando todavía tenía poca experiencia en castings. Incluso recuerda que acudió a aquella primera prueba en pijama después de haberse quedado dormida. La descripción del personaje, sin embargo, hizo que encontrara una conexión inmediata.
“Ella es una chica seria, reservada, tiene como estos gustos entre el anime, lo gótico, lo rockera, es algo como que muy yo también, entonces como que pude encontrar muchas cosas mías para prestarle al personaje”, señaló también para esta casa editorial.
La serie combina el conflicto propio de la adolescencia con una amenaza sobrenatural. El resultado, explican sus protagonistas, no busca construir un universo donde lo absurdo tenga necesariamente una explicación, sino aprovecharlo para generar situaciones que reconocen elementos de la vida cotidiana en México.
“Es una serie súper absurda. Mezcla el drama con la comedia, con el gore, con la cultura mexicana. De repente estás en un lugar como que la historia te mete en un mundo de ‘wow, esto es súper peligroso’, y la persona que está vendiendo o dando esto debe ser un buen guateque, y es una doña de una reunión religiosa”, comentó Curiel.
Para la actriz, esa combinación forma parte de la identidad de la producción.
“Muchas series y películas intentan mostrar cosas absurdas dándoles sentido y haciendo que parezcan serias, porque de lo contrario podrían alejar al público. Pero esta serie no. Es absurda y te muestra que es absurda. No se lo toma tan en serio”, añadió.
Bernal considera que esa decisión también está presente en elementos como la música, los colores y la construcción de los personajes. A diferencia de una historia que busca apoyarse únicamente en fórmulas comerciales, señala que el elenco fue seleccionado para responder a las características de la producción.
“La música, los colores, creo que mucha gente se va a identificar con los personajes. Hay muchas cosas, son personajes muy distintos”, dijo.
Improvisar para sobrevivir
La libertad creativa de la serie también se reflejó en el trabajo frente a cámara. Curiel explicó que el elenco tuvo margen para modificar algunas líneas cuando consideraba que determinadas frases o acciones no correspondían con la personalidad de sus personajes.
“Hay mucha improvisación en toda la serie. Yo tenía unos diálogos muy extraños y se me olvidaban, entonces yo me inventaba cosas. Y al final como que Diego siempre me cachaba y me ayudaba a resolver todo”, relató.
Bernal recordó que Sebastián Sariñana también permitió que cada actor encontrara su propia manera de construir a los personajes, particularmente en el caso de Archie, quien debía conservar parte de su humanidad incluso después de convertirse en zombi.
“Sebastián me dijo que quería que este zombi fuera consciente, que me agarrara de lo que yo era, pero también con esta fisicalidad que le tienes que dar a un zombi, con esta cosa inhumana que tiene un zombi”, explicó.
El rodaje se extendió durante tres meses en distintas locaciones, entre ellas el Ajusco. Bernal participó en varias escenas de acción y realizó algunos stunts con el apoyo de un equipo especializado. Como parte de su preparación, incluso tomó clases para desarrollar los movimientos característicos de un zombi.
“Era saber dividir cómo manejar nada más un brazo y luego quedarte quieto y manejar nada más un pie, como dividir las zonas del cuerpo, básicamente, y luego irlo implementando”, contó.
Para los protagonistas, uno de los elementos centrales de la serie está en la manera en que retrata las respuestas sociales ante situaciones difíciles. En ese sentido, Bernal considera que la producción va más allá de contar una historia de zombis y utiliza el género para explorar algunos rasgos de la cultura mexicana.
“No es una serie de zombis mexicana nada más. Tiene toda la palabra México en todo: en la música, en los colores, en la gente, en la cultura, la religión, lo absurdo, el cómo los mexicanos nos enfrentamos a los problemas. A veces pasa una tragedia horrible y nos reímos de eso”, señaló.
Aunque la historia está dirigida principalmente a un público joven, Curiel considera que su mezcla de géneros y personajes puede conectar con espectadores de distintas edades.
“Es una historia hecha como para la chaviza, pero cualquier persona puede disfrutarla. Sale mucho de nosotros que somos los jóvenes, pero aparte hay estas figuras reconocidas que nos guiaron para poder hacer y contar esta historia”, finalizó.