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San Sebastián alza la voz por el cine disidente

El festival de cine inauguró su nueva edición con un homenaje a Werner Herzog y un llamado a defender la libertad de expresión frente a quienes buscan imponer el miedo y censurar las voces incómodas

El veterano director alemán WernerHerzog protagonizó ayer la gala inaugural del 74 Festival de Cine de San Sebastián, en una ceremonia en la que se pronunció contra los poderosos que quieren cercenar el cine disidente y quienes buscan imponer el miedo frente a la libertad de expresión

Las presentadoras de la ceremonia, las actrices Fariba Sheikhan y Mariona Terés, también lo han hecho para enviar un mensaje de apoyo a los dos directores de la película “Naza”, los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, “amenazados por el Gobierno de Israel” por denunciar en su documental la matanza de civiles palestinos.

Durante el evento de apertura, el cineasta alemán de 84 años recibió el Premio Donostia, de carácter honorífico; en su discurso de agradecimiento le pidió a la gente joven: “No viváis una vida dictada por algoritmos” y “mucho cuidado también con la inteligencia artificial”. El cineasta estuvo acompañado por Orlando Bloom, protagonista de su última película, “Bucking Fastard”.

“Mantened vuestra atención mientras caváis un agujero en el suelo, mientras te haces una casita en un árbol. El momento en que el mundo empieza a ocupar nuestra alma tenemos que ser muy vigilantes. Y mucho cuidado con la inteligencia artificial porque la cosa se va a poner también muy difícil”, agregó el director en San Sebastián.

Gran Premio Fipresci 

Además del Donostia, durante la ceremonia también se entregó el Gran Premio Fipresci a la Mejor película del año a “Una batalla tras otra”, el filme de PaulThomasAnderson protagonizado por Leonardo DiCaprio, un reconocimiento de la crítica internacional que recae por cuarta vez en el director estadounidense, que ya lo consiguió con “Magnolia” (1999), “Pozos de ambición” (2007) y “El hilo invisible” (2018).

La distinción fue recogida por Carlos Prada, vicepresidente de Warner España, quien agradeció al director del Zinemaldia, José Luis Rebordinos, su “apoyo, dedicación y el extraordinario trabajo que ha realizado en estos años”.

Va por la Concha de Oro

Aunado a la entrega de los reconocimientos, en el plano cinematográfico, el festival inició con la proyección de la cinta en competencia “Ghost Song”, de Fatih Akin. La película muestra una historia de amor y duelo rodada en blanco y negro que, según el director, demuestra que “una película puede ser una manera de gestionar la muerte”.

El filme de Akin, alemán de ascendencia turca y ganador del Oso de Oro en Berlín con “Contra la pared” (2004), compite por la Concha de Oro con otros dieciséis filmes de la sección oficial que se proyectarán hasta el próximo 26 de septiembre, cuando se entregará el palmarés de esta edición.

El guion de la cinta que recibió una cálida ovación tras la proyección presenta a Farasha (Mariam Dawoud) y Faris (Eren M. Güvercin), dos jóvenes de 20 años que se conocen en una fiesta de graduación; sin embargo, ella muere esa misma noche. La joven descubrirá un modo de cruzar la frontera entre mundos y durante 40 noches se encontrará con Faris en sus sueños.

Cabe señalar que “Ghost Song” es una historia muy conectada con la familia de Akin, ya que la idea original se le ocurrió a su hijo de diez años. “Yo era un cineasta en crisis con necesidad de reinventarme, y mi hijo tuvo la idea de una amistad de un niño fantasma con otro vivo”, dijo el director en rueda de prensa.

Le pidió a Ruth Toma que escribiese un guion que quedó guardado en un cajón porque no se sentía preparado para rodarlo, hasta que años después recuperó el material. “Mis hijos habían crecido y los protagonistas también, y yo quería hacer una película de la generación de mis hijos”, subrayó el director.

Pero, además, cuando su propio padre murió hace dos años en Turquía y no pudo ir al funeral, pues evita visitar el país por razones políticas, revivió en él la necesidad de hacer esta película. “El primer año no tuve ningún sueño con él. Y me quedé con ese deseo de tener una última charla”, relató. El resultado es un filme que define como “espiritual” y “existencialista”, lo que queda subrayado por un uso mayoritario del blanco y negro que confiesa que no estaba inicialmente previsto.

El filme también deja clara la importancia de los rituales para superar los duelos: “Los rituales son muy agradecidos de filmar, muy visuales y cinematográficos. Son además una manera de mantener un orden, pueden estar ahí para que no explotemos, es una manera de gestionar el dolor”, finalizó.

CT

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