El precio de ser Robin Hood
La nueva película de A24 abandona la aventura clásica para explorar los últimos días de un héroe consumido por la violencia, la culpa y el peso de su propia leyenda
La historia de Robin Hood siempre había comenzado de la misma manera: un arquero desafía al poder, se interna en el bosque y reúne a un grupo de hombres dispuestos a enfrentarse a la injusticia. Cambian los actores, las épocas y los estilos cinematográficos, pero el punto de partida permanece casi intacto. La nueva película de A24 decide recorrer el camino opuesto. Cuando inicia “TheDeath of Robin Hood”, la leyenda ya ocurrió. Las canciones sobre el forajido circulan por Inglaterra, los enemigos que sobrevivieron todavía recuerdan su nombre y el hombre detrás del mito apenas consigue mantenerse con vida. La cinta se alista para su estreno en México, el próximo 6 de agosto.
Ese cambio de perspectiva atrajo al director Michael Sarnoski, responsable de “Pig” y “A Quiet Place: Day One”. En lugar de preguntarse cómo nació Robin Hood, quiso explorar qué sucede cuando un personaje construido alrededor de la violencia debe convivir con sus consecuencias. La película imagina al legendario arquero durante los últimos días de su existencia, convertido en un hombre exhausto que ya no encuentra refugio en la fama de sus hazañas.
La decisión modifica la naturaleza del relato. Durante décadas, el cine presentó a Robin Hood como un héroe de aventuras: Errol Flynn le dio el rostro del optimismo clásico de Hollywood; Kevin Costner lo convirtió en un fenómeno de taquilla durante los años noventa; Ridley Scott y Russell Crowe buscaron una explicación histórica para el personaje. Sarnoski, en cambio, no pretende contar una nueva versión del mito, sino observar qué ocurre cuando comienza a desmoronarse.
El director explicó que nunca creyó del todo en la imagen romántica del bosque de Sherwood como un refugio alegre para hombres vestidos de verde. Su punto de partida fue imaginar la dureza del siglo XIII: un territorio marcado por la guerra, las enfermedades, el hambre y una violencia que formaba parte de la vida cotidiana. Bajo esa lógica, Robin deja de ser un aventurero para convertirse en un sobreviviente.
La elección de Hugh Jackman tampoco resulta casual. Después de interpretar durante casi dos décadas a Wolverine y despedirse del personaje con “Logan”, el actor vuelve a encarnar a un hombre que llega al final de su camino. Sin embargo, Jackman ha explicado que Robin Hood representa un desafío distinto: mientras Logan exploraba el desgaste físico de un superhéroe, aquí el conflicto nace de la memoria y del peso moral que deja una vida dedicada al combate. La película pregunta si un hombre puede encontrar paz cuando su nombre ha quedado asociado para siempre a la violencia.
Una reimaginación más humana del mito
La película sitúa la historia en 1247, lejos del tono festivo que durante años dominó las adaptaciones cinematográficas. Robin vive prácticamente aislado del mundo, convertido en una figura casi salvaje. Sarnoski describe al personaje como un hombre “feral”, alguien que pasó tanto tiempo ocultándose en los bosques que terminó pareciéndose más a la naturaleza que a la sociedad que alguna vez abandonó.
La historia comienza cuando Robin resulta gravemente herido y encuentra refugio en un priorato donde conoce a la Hermana Brígida, interpretada por Jodie Comer. Brígida representa la posibilidad de una vida ajena a la guerra y el resentimiento. No aparece para alimentar una historia romántica, sino para confrontar al protagonista con aquello que nunca se permitió mirar: la posibilidad del perdón.
Entre las referencias que guiaron a Sarnoski figura “El manantial de la doncella” (1960), de Ingmar Bergman, una película donde la violencia convive con la culpa, la fe y la búsqueda de redención. El director también recurrió a textos medievales como el Scotichronicon, una de las primeras obras que mencionan a Robin Hood, para alejarse de las versiones idealizadas del personaje y recuperar una atmósfera más áspera.
Esa búsqueda también define el tono visual de la producción. Desde el principio, Sarnoski y su equipo descartaron una estética luminosa. Querían que cada paisaje transmitiera la sensación de un mundo viejo y erosionado, donde la leyenda pudiera convivir con la fragilidad de quienes la protagonizan.
Cuando el mito decide mirar hacia atrás
Desde las primeras baladas medievales hasta las grandes producciones de Hollywood, Robin Hood casi siempre representó la esperanza de cambiar el mundo. “The Death of Robin Hood” propone una pregunta distinta: qué ocurre cuando ese mundo ya cambió y el héroe debe convivir con todo aquello que dejó atrás.
A24 no intenta competir con las versiones de Errol Flynn, Kevin Costner o Russell Crowe. Michael Sarnoski parte de una idea más arriesgada: observar a Robin Hood cuando ya nadie espera una nueva hazaña.
Después de siete siglos de relatos, el arquero de Sherwood continúa transformándose porque nunca ha pertenecido por completo a una sola época. Cada generación ha encontrado una manera distinta de acercarse a él. Algunas privilegiaron la aventura; otras, el romance o la justicia social. Esta nueva adaptación elige un territorio menos explorado: el instante en que la leyenda deja de avanzar y el hombre, por fin, debe detenerse para mirar la vida.
Un mundo construido desde la materia
La transformación de Robin Hood también se sostiene en las decisiones visuales. Sarnoski insistió en filmar la película en 35 milímetros, convencido de que la textura del celuloide aportaría una cualidad orgánica imposible de reproducir digitalmente. La fotografía privilegia una imagen rugosa, dominada por la niebla, la humedad y la luz natural, mientras los tonos grises, marrones y verdes apagados reflejan el mundo erosionado del protagonista.
Aunque la leyenda suele asociarse de inmediato con Sherwood, la producción eligió filmar en diversas locaciones de Irlanda del Norte y Gales, donde encontró paisajes capaces de transmitir una sensación de aislamiento. Los escenarios muestran montañas desnudas, caminos embarrados, monasterios de piedra y bosques húmedos, alejados de la imagen turística del bosque medieval y más próximos a la realidad histórica del siglo XIII.
El trabajo artesanal también alcanzó las armas utilizadas durante el rodaje. El arco principal de Robin fue elaborado por Tommy Dunne, reconocido maestro armero que anteriormente participó en “Game of Thrones”. La producción evitó fabricar piezas ornamentales: cada arma debía parecer utilizada durante años, con marcas de desgaste y reparaciones visibles que reforzaran la sensación de autenticidad.
La música quedó a cargo de Jim Ghedi, reconocido dentro de la escena folk británica y responsable aquí de su primera banda sonora para cine. Sarnoski buscaba una partitura alejada del sinfonismo habitual de las películas medievales. En lugar de grandes fanfarrias, optó por composiciones íntimas, donde las voces y los instrumentos tradicionales dialogan con el silencio y el paisaje. El propio Ghedi interpretó las voces que se escuchan a lo largo del filme, reforzando el carácter casi ritual de la música.
Reparto y redención
La película modifica también la función de los personajes que rodean a Robin. Jodie Comer interpreta a la Hermana Brígida, una religiosa que encuentra al protagonista gravemente herido y decide cuidarlo. El elenco incluye además a Bill Skarsgard como Juan el Pequeño, una presencia que arrastra al protagonista al caos; Murray Bartlett como el Leproso; y Noah Jupe y Faith Delaney en papeles secundarios.
CT