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“One Night Only”: amar en tiempos de soledad

Monica Barbaro y Callum Turner protagonizan una historia sobre encuentros y deseo que cuestiona qué significa enamorarse en un contexto marcado por la inmediatez

Las comedias románticas suelen construirse alrededor de una pregunta relativamente sencilla: ¿qué ocurre cuando dos personas se encuentran en el momento menos esperado? Durante décadas, el cine ha intentado responderla mediante fórmulas que van desde los encuentros accidentales hasta las historias de amor capaces de sobrevivir al paso del tiempo. 

“One Night Only” (“Solo por una noche”), la nueva película del director Will Gluck, retoma varios de esos elementos tradicionales, pero los traslada a un escenario distinto: una sociedad donde el sexo entre personas solteras está prohibido durante todo el año y únicamente se permite durante una noche específica.

La premisa hace pensar en “La purga”, pues ambas películas imaginan un sistema social que suspende temporalmente una prohibición para permitir conductas restringidas durante el resto del año. Sin embargo, Gluck ha explicado que su interés es utilizar esa idea como una herramienta para reflexionar sobre las relaciones humanas. La ley existe, condiciona la vida cotidiana y determina el comportamiento de los habitantes, pero el verdadero interés del relato aparece cuando los personajes intentan relacionarse entre sí.

La historia transcurre en una versión alterada de Nueva York. La ciudad conserva sus calles, barrios, restaurantes y energía habitual, pero está atravesada por una norma social cuya justificación se perdió con el paso del tiempo. Nadie parece recordar el origen de aquella legislación. Los personajes simplemente la aceptan como una parte más de la realidad. Cada año, durante doce horas, la restricción desaparece y la ciudad se transforma en un inmenso escenario donde miles de personas salen a buscar compañía.

La cinta evita construir una distopía tradicional. No hay grandes discursos políticos ni explicaciones complejas sobre el funcionamiento del sistema. La ley está ahí y forma parte de la vida cotidiana. La atención se concentra en las personas y en la manera en que intentan encontrar conexiones afectivas dentro de una sociedad que parece haber convertido las relaciones en un acontecimiento calendarizado.

Es en ese contexto donde aparecen los dos protagonistas. Ella es Allie, interpretada por Monica Barbaro, una actriz que atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. Él es Owen, interpretado por el actor británico Callum Turner, conocido por sus participaciones en producciones como “Animales fantásticos” y “Masters of the Air”.

Ambos llegan a esa noche desde lugares completamente distintos. Allie todavía conserva una visión relativamente optimista sobre el amor y cree en la posibilidad de encontrar algo más profundo que un encuentro pasajero. Owen, en cambio, intenta recuperarse del desgaste emocional provocado por una ruptura reciente. Los dos atraviesan momentos de incertidumbre, aunque por razones diferentes.

La película comienza cuando los planes de Allie cambian inesperadamente. Su mejor amiga la abandona y la obliga a improvisar una noche que parecía tener un rumbo definido. Al mismo tiempo, Owen intenta sobreponerse al final de una relación sentimental que todavía pesa sobre él. La casualidad termina reuniéndolos y, a partir de ese momento, la historia desarrolla una sucesión de encuentros, separaciones y coincidencias que los obliga a recorrer distintos puntos de la ciudad.

Comedia en un mundo distópico

La dinámica recuerda a algunas de las grandes comedias románticas de las últimas décadas. La ciudad funciona como un gran tablero donde los protagonistas avanzan en direcciones opuestas mientras intentan comprender lo que sienten. Cada encuentro parece acercarlos y cada contratiempo vuelve a separarlos. La historia utiliza ese mecanismo clásico para construir una narración que se sostiene gracias a la química entre sus protagonistas.

Sin embargo, la película introduce una reflexión mucho más cercana al presente. Una de las principales inquietudes de Gluck era explorar la manera en que las personas se relacionan en la actualidad. Las aplicaciones de citas, los mensajes instantáneos y la comunicación digital transformaron la forma en que se construyen los vínculos afectivos. Nunca había sido tan sencillo establecer contacto con otras personas y, al mismo tiempo, nunca había resultado tan frecuente la sensación de aislamiento.

El filme convierte esa contradicción en uno de sus principales temas. La ciudad está llena de personas, los bares permanecen abiertos, las calles están abarrotadas y todos parecen estar buscando algo. Sin embargo, los personajes experimentan una profunda sensación de soledad. El relato sugiere que la abundancia de opciones no necesariamente facilita las relaciones y que la búsqueda del amor continúa siendo un territorio lleno de incertidumbre.

La trayectoria de Will Gluck permite comprender mejor el enfoque de la película. El director ha explorado buena parte de su carrera las contradicciones sentimentales de personajes que intentan encontrar un equilibrio entre el deseo, el compromiso y las expectativas sociales. Películas como “Se dice de mí”, “Amigos con beneficios” y “Con todos menos contigo” comparten esa preocupación por analizar cómo se construyen las relaciones en contextos cada vez más complejos. “Solo por una noche” continúa esa línea y la lleva un paso más allá al incorporar problemas propios del siglo XXI.

“Solo por una noche” llegará a los cines mexicanos el próximo 27 de agosto. La película tiene una duración de una hora y 42 minutos. Más allá de su premisa, la producción recupera algunos elementos esenciales del cine romántico para reflexionar sobre una pregunta que sigue vigente: cómo encontrar una conexión auténtica en una época dominada por la velocidad, la inmediatez y la ilusión de estar permanentemente acompañados.

Un elenco que abarca distintas épocas

La película no se limita a seguir la historia de sus dos protagonistas. Alrededor de Allie y Owen aparece un reparto que contribuye a construir la sensación de caos colectivo que domina la ciudad durante la única noche del año en que las reglas desaparecen.

Maya Hawke interpreta a Malika, mientras que Julia Fox, King Princess, Ziwe y Ben Marshall forman parte de un elenco que incorpora distintas miradas sobre las relaciones contemporáneas. A ellos se suman dos nombres particularmente significativos para varias generaciones de espectadores: Molly Ringwald y LeVar Burton.

La presencia de Molly Ringwald tiene un peso simbólico dentro del género. La actriz fue uno de los rostros más representativos del cine adolescente de los años ochenta gracias a películas como “El club de los cinco” y “La chica de rosa”. Su incorporación funciona como un puente entre dos épocas de la comedia romántica.

La película tampoco oculta su intención de rendir homenaje a las historias románticas tradicionales. Gluck ha construido buena parte de su filmografía alrededor de personajes que utilizan el humor para afrontar sus inseguridades. En “Se dice de mí” convirtió la vida escolar en una reinterpretación contemporánea de la literatura clásica; en “Amigos con beneficios” exploró las contradicciones de las relaciones sin compromiso; y, más recientemente, “Con todos menos contigo” recuperó algunas estructuras narrativas propias de las comedias románticas de los años noventa.

Nueva York también desempeña un papel importante en la historia. Los personajes atraviesan distintos espacios mientras intentan comprender lo que sienten, y la geografía urbana se convierte en una extensión de sus emociones. Ese recurso no es nuevo dentro del cine romántico: películas como “Antes del amanecer”, “Simplemente no te quiere” y “Serendipity” utilizaron el espacio urbano para acompañar la evolución sentimental de sus protagonistas. “Solo por una noche” retoma esa tradición y la adapta a una historia marcada por las ansiedades del presente.

También hay una reflexión sobre el tiempo. Toda la historia ocurre durante una sola noche y el reloj adquiere una importancia decisiva. Los personajes saben que disponen de unas cuantas horas para tomar decisiones que podrían modificar sus vidas. La cuenta regresiva introduce una sensación constante de urgencia: cada conversación parece definitiva y cada encuentro adquiere una importancia inesperada.

La pregunta que acompaña a los protagonistas durante toda la película es sencilla: ¿qué ocurre cuando dos personas buscan algo diferente en un mundo que parece haber reducido las relaciones a una experiencia inmediata? La respuesta no llega mediante grandes discursos, sino a través de pequeños momentos compartidos: una conversación, una caminata, una mirada.

CT

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