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“Loco México Mágico”: el cine como espejo del país

Carlos Santos y Daniel Sosa comparten el proceso creativo de una cinta que apuesta por mostrar otra cara del país y que llevó al actor a explorar, más allá de la comedia, un registro emocional

Hay películas que nacen de una idea y otras que necesitan esperar el momento adecuado para existir. “Loco México Mágico” pertenece a la segunda categoría. Carlos Santos escribió la historia hace siete años, cuando todavía parecía demasiado ambiciosa para convertirse en su siguiente película. Hoy, después de varios proyectos y con mayor experiencia detrás de cámaras, el director finalmente lleva aquella idea a la pantalla con Daniel Sosa como protagonista.

La cinta, que llegará a los cines el 13 de agosto, combina comedia y drama para hablar de identidad, pertenencia y de la manera en que los mexicanos se miran a sí mismos. Pero Santos no quiso construir un retrato apoyado únicamente en los lugares comunes ni en los estereotipos que suelen acompañar a las historias sobre México.

Su intención era otra: hacer una película que provocara emociones y que, al salir de la sala, dejara en el público algo más que una carcajada.

En entrevista con EL INFORMADOR, Santos y Sosa recuerdan el origen del proyecto, los desafíos de llevarlo a la pantalla y el proceso que llevó al actor, acostumbrado a la comedia y al stand-up, a enfrentarse con una faceta interpretativa que hasta ahora había explorado poco.

Un proyecto que tuvo que esperar

La historia de “Loco México Mágico” comenzó poco después de la cinta “Chilangolandia”. Santos ya tenía la idea y el guion, pero pronto entendió que todavía no era el momento para filmarla.

“Se escribió mientras salía ‘Chilangolandia’, pero era una película demasiado arriesgada para ser mi segunda. Si le enseñabas ese guion a un productor, te decía cosas como que era imposible retratar que los gringos nos invadieran o que filmáramos en una pirámide. Hasta esta cuarta película sentimos que ya teníamos las agallas para hacerla”, recuerda.

El paso del tiempo no modificó la esencia del proyecto, pero sí permitió que Santos encontrara las herramientas para llevarlo a cabo.

La película nació de una inquietud que el director mantiene desde sus primeros trabajos: hablar de México sin reducirlo a una colección de imágenes conocidas.

“Yo quería hablar sobre la identidad nacional en relación con los norteamericanos y exaltar las cosas buenas de México que a veces no están en primer plano. Quería ofrecer una película de la que salieras orgulloso de ser quien eres”, explica.

Para Santos, el cine también participa en la construcción de la imagen que una sociedad tiene de sí misma. Por eso, más que repetir fórmulas, buscó abrir otra conversación.

“Hace falta hacer películas diferentes. El cine también construye la manera en que nos vemos como sociedad. Quería contar una historia que celebrara lo que muchas veces olvidamos que somos”.

Cuando la comedia deja de ser refugio

Para Daniel Sosa, el viaje de “Loco México Mágico” fue también personal.

El actor llegó al proyecto con una carrera construida en buena medida alrededor del humor. El stand-up y la comedia forman parte de su lenguaje natural, pero Carlos Santos quería algo diferente de él.

La primera señal llegó desde el comienzo del rodaje.

Venía de grabar una serie de comedia y en la primera escena hice un chiste. Carlos dijo: ‘No, aquí no hay chistes. Tú no eres tú’. Ahí entré en crisis. Me dijo: ‘Quiero ver cómo vive este personaje las cosas’. Ahí entendí que tenía que abrirme emocionalmente”.

La indicación parecía sencilla, pero para Sosa implicaba desprenderse de una herramienta que durante años le había servido para enfrentarse a la vida.

“Para mí la comedia siempre ha sido un lubricante para hablar de las cosas más fuertes. Desde la muerte de un familiar hasta cualquier problema. De pronto estar frente a una cámara y simplemente sentir era algo completamente distinto”.

La película le exigió entonces algo que no podía resolverse con un remate: permanecer dentro de una emoción.

El momento en que algo cambió

Uno de los mayores desafíos llegó durante una escena especialmente dramática. Sosa había trabajado el texto durante varios días, pero la secuencia no terminaba de encontrar el tono que Santos buscaba.

Entonces el director decidió abandonar por un momento el guion y hablar con el actor.

“Carlos me llevó aparte y empezó a recordarme momentos de mi vida. Me habló de cuando empezaba en la comedia, de cuando nadie creía en mí. Ahí algo se encendió. Llegué a la escena, dejé de pensar en el guion y simplemente abrí la llave”.

La experiencia terminó siendo reveladora para Sosa. “Terminé temblando. Sentí una adrenalina que nunca había vivido. Ahí entendí que quería seguir contando historias de este tipo. La comedia siempre estará en mi vida, pero también quiero explorar personajes que me reten”.

Más que abandonar la comedia, el actor descubrió que podía utilizar lo aprendido en ella para construir otro tipo de personajes. El reto consistía en saber cuándo el humor debía aparecer y cuándo era necesario dejarlo fuera.

El humor al servicio de la historia

Esa diferencia también forma parte de la propuesta de Santos.

Aunque “Loco México Mágico” tiene la comedia como uno de sus principales ingredientes, el director no quería que los chistes interrumpieran las emociones de los personajes.

“Hay películas donde el personaje está viviendo algo muy fuerte y aun así hace un chiste. A mí me interesa que el drama de la escena se mantenga. Si hay espacio para la comedia, entra, pero siempre respetando la realidad de la situación”.

Su método de trabajo también busca conservar esa espontaneidad.

Santos explica que prefiere no ensayar demasiado las escenas antes de llegar al set. El guion establece el camino, pero el descubrimiento ocurre frente a la cámara.

“Prefiero llegar al set y descubrir la escena ahí. Con el guion como guía empiezas a encontrar cosas que no habías imaginado. Es un proceso de exploración e intuición”.

En ese espacio, actor y director encuentran el equilibrio entre lo escrito y aquello que surge de manera inesperada durante el rodaje.

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Una nación para celebrar

Con “Loco México Mágico”, Santos pretende que la mirada sobre México no termine en la pantalla. Quiere que la película funcione como una invitación a reconocerse en ella, pero también a cuestionar algunas de las imágenes que se han construido sobre el país.

El humor sirve como puerta de entrada; las emociones, como el camino para permanecer en la historia.

En el reparto participan Daniel Sosa, Silverio Palacios, Sofía Carrera, Rocío Guzmán, entre otros actores.

Ahora, después de siete años desde que comenzó a escribirla, Santos finalmente podrá comprobar qué sucede cuando aquella historia que alguna vez parecía demasiado arriesgada se encuentra con el público.

La expectativa, dice, es sencilla. “Esperemos que salgan contentos y que nos ganemos su confianza”.

Y quizá ahí esté la verdadera apuesta de “Loco México Mágico”: conseguir que el espectador se ría, pero también que durante un momento deje de mirar a México desde los clichés y pueda reconocerse en algo más íntimo.

Hacer largometrajes también es atreverse

La historia detrás de “Loco México Mágico” no sólo habla de identidad. También es, en cierta forma, una historia sobre la posibilidad de hacer cine cuando las condiciones no parecen ideales.

Santos ha desarrollado sus películas alejándose de los esquemas tradicionales de producción y apoyándose, en buena medida, en colaboradores que creyeron en sus proyectos.

“Cada película representa un riesgo. Si la gente no compra un boleto el primer fin de semana, el negocio se acaba. Nos tomamos muy en serio pedirle al público que invierta su dinero y nuestra responsabilidad es entregar una película donde dimos todo”, anotó.

Para conseguirlo, el proyecto contó con personas que decidieron aportar su trabajo, equipo o talento. “No podría decir cuánto costó porque mucha gente trabajó sin cobrar o cobrando menos. Hay amigos que hicieron la corrección de color, otros prestaron equipo. Así fue posible sacar adelante la película”.

Esa experiencia también se convirtió en una lección para Sosa, quien ve en la trayectoria de Santos un ejemplo para quienes buscan abrirse camino en la industria.

“Hoy ya no todo depende de que alguien te diga que sí. Si quieres hacer cine, actuar o dedicarte a la comedia, hazlo. Con urgencia, con constancia y con esfuerzo. Carlos es un ejemplo de eso”.

Santos coincide. Antes de llegar al cine, recuerda, también tuvo que aprender haciendo. “Es un músculo. No basta con estudiar. Tienes que hacer, hacer y hacer. Así vas creciendo hasta que llega la oportunidad de filmar una película”.

CT

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