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De Los corruptores a El Círculo el poder se reinventa

En entrevista, Saúl Lisazo y Jorge Zepeda Patterson hablan de una historia que llega a la pantalla transformada: el actor busca nuevos registros y el escritor adapta a 2026 una novela que nació en 2014

Después de décadas de carrera, Saúl Lisazo busca alejarse de los personajes con los que durante años fue identificado por el público. Ahora quiere asumir papeles más complejos, capaces de llevarlo a territorios menos conocidos. “El Círculo”, su primera producción con Netflix, llegó en ese momento.

La serie se estrenará en la plataforma mañana 7 de octubre y estará disponible en más de 190 países. Basada en la novela “Los corruptores”, de Jorge Zepeda Patterson, sigue a cuatro amigos cuya relación comienza a tambalearse cuando un video filtrado los introduce en una red de secretos, chantajes y peligro.

Lisazo interpreta a “Carlos Lemus”, abogado y empresario con influencia en las altas esferas del poder mexicano y padre de “Jaime Lemus”, personaje de Osvaldo Benavides. Es un hombre acostumbrado a poseer información y utilizarla. Para este rol, el actor buscó escapar de la construcción convencional de un villano.

“Me atrajo hacer personajes diferentes y personajes complejos. Es lo que estoy tratando de hacer de ahora en adelante: salir un poquito de todo el estereotipo que tuve durante mi carrera. Cada vez que encuentre personajes que sean un reto, voy a tratar de hacerlos”, explica Lisazo en entrevista con EL INFORMADOR.

Su llegada a la plataforma representa, también, un objetivo pendiente. “Hoy en día, ¿quién no quiere trabajar con ellos? Están haciendo cosas maravillosas, cosas muy lindas”, señala, antes de lanzar entre risas una petición: “Aunque les faltan historias un poquito para gente mayor. Es un reclamo que hago para que me den un poquito más de trabajo”.

Un villano que no parece villano

Para construir a “Carlos Lemus”, Lisazo partió de una consideración: las personas capaces de hacer daño rara vez se presentan ante los demás como tales.

“Es un tipo humano, un tipo que se enamora, que ha tenido familia, tiene hijos, su mujer ha muerto y ha tratado de educar a su hijo lo mejor posible”, explica. La normalidad del personaje, considera, resulta fundamental para comprenderlo.

“Hoy en día, a la mayoría de los villanos no los ves venir. El villano es una persona normal, inclusive hasta demasiado simpática, y no lo ves venir cuando te va a clavar el puñal por la espalda”.

Entre las distintas dimensiones de “Carlos”, fue precisamente la paternidad la que permitió al actor encontrar un vínculo más cercano. Lisazo trasladó al personaje algunas preguntas que reconoce de su propia experiencia como padre.

“Pasas un día de ser el villano a ser el mejor papá, y otro día quieres matar a tu hijo -en el sentido figurado- porque hizo alguna macana o alguna cosa que no está bien”.

Padre e hijo

La relación entre “Carlos” y “Jaime” fue construida junto con Osvaldo Benavides y el director Alejandro Lozano. Lisazo recuerda un proceso en el que ambos actores discutían las escenas y las motivaciones de sus personajes antes de llevarlas frente a las cámaras.

“Osvaldo es un fenómeno, es un actorazo y es un chico que se cuestiona todo. Cada escena que hace, la cuestiona”, señala.

La historia previa de “Jaime” añade dificultades a la relación. Lisazo explica que el personaje arrastra desde la infancia experiencias de bullying y conflictos que continúan interviniendo en su vida adulta.

“Ha sido una relación bastante difícil de llevar. Lo trabajamos con el director y con Osvaldo para ver dónde le podíamos sacar mejor partido a cada escena”.

Una historia que regresa doce años después

Detrás de las intrigas y personajes de “El Círculo” se esconde una historia escrita más de una década antes de su adaptación en Netflix. Jorge Zepeda Patterson publicó “Los corruptores” en 2014, después de pasar buena parte de su trayectoria periodística observando y escribiendo sobre las relaciones entre política, negocios, medios de comunicación y otras formas de poder en México.

Volver a aquel universo en 2026 significa encontrarse también con un país distinto. La novela fue concebida durante un gobierno priista y bajo circunstancias políticas y tecnológicas que se han transformado. La adaptación incorpora algunos de esos cambios, incluida la presencia de una mujer en la Presidencia y el peso adquirido por las redes sociales y las plataformas digitales.

“Muchas cosas han pasado, algunas simplemente para sofisticarse en los males, otras para intentar cambios”, explica Zepeda Patterson en entrevista con EL INFORMADOR.

“Muchos retos periodísticos ya se intuían allá con las redes, con el uso de lo digital. Es el mismo escándalo que da lugar a la novela y a la trama, es un video, pero evidentemente las redes y las plataformas no tenían todavía el protagonismo que se ha acelerado. Esencialmente sigue siendo un país con una realidad dura, brutal, con muchos factores de poder legal e ilegal sueltos a los que nos enfrentamos los mexicanos”, considera.

El círculo detrás del título

Hay otro elemento que sobrevivió al paso de la novela a la pantalla: la amistad. La historia sigue a cuatro personajes que se conocen desde pequeños y que, frente a situaciones que amenazan con desbordarlos, recurren a una relación construida durante años. Para Zepeda Patterson, ese vínculo permite leer la historia desde un terreno que rebasa el suspenso político.

“Cuando llegan los grandes momentos de riesgo se unen y lo afrontan juntos, como una especie de cofradía. Me parece que es una metáfora también de la manera en que los mexicanos vamos afrontando la realidad: las crisis, el huracán, la pandemia, la falta de empleo en una familia. Siempre es agruparnos en nuestra cofradía”.

Por eso, aunque la serie dejó atrás el título “Los corruptores”, Zepeda Patterson considera que “El Círculo” captura una dimensión importante de la historia.

“No me parece mal, porque ‘El Círculo’ justamente atañe a esto que estoy mencionando. La historia está centrada en este enfoque de cuatro amigos que sobreviven juntos y solo juntos lo pueden hacer”.

Michel Brown ("Tomás"), Zuria Vega ("Amelia"), Osvaldo Benavides ("Jaime") y Raúl Briones ("Mario"). ESPECIAL

Lo que el periodismo no alcanza a contar

La llegada de “Los corruptores” a la ficción audiovisual recupera también una pregunta presente desde el origen de la novela: por qué un periodista dedicado durante décadas a analizar el poder necesitaba recurrir a personajes imaginarios para hablar de él.

Zepeda Patterson encuentra una diferencia fundamental entre ambos lenguajes. El periodismo, explica, está condicionado por aquello que puede documentarse y demostrarse. La corrupción y las relaciones informales del poder, en cambio, pocas veces dejan constancia explícita de todos sus mecanismos.

“Después de 25 años de estar siendo cronista de las infamias de los poderosos, hay una antropología que es muy difícil de escribir exclusivamente en la pieza periodística. Muchas veces tú sabes que es así, pero no puedes demostrarlo, porque nadie firma necesariamente cuando comete una corrupción. Hay una parte que se escapa al espíritu de la corrupción y de la que solo la antropología que te da meter con color y movimiento a estas personalidades puede dar cuenta. La novela me permite reflejar esto”.

Zepeda Patterson participó en “El Círculo” como productor consultor. La adaptación implicó comprimir una novela de alrededor de 350 páginas y, al mismo tiempo, actualizar un universo concebido más de una década atrás.

En algún momento, incluso, se contempló trasladar “Los corruptores” al cine; el escritor celebra que finalmente se optara por una serie de ocho episodios.

“A mí me gustó mucho que caminara en ocho capítulos de cincuenta y tantos minutos; eso es mucho más rico para poder dar cuenta de esa historia y de sus complejidades”.

La extensión tampoco evitó los sacrificios. Personajes, situaciones y elementos de la novela tuvieron que modificarse o desaparecer para responder a las necesidades de otro lenguaje, pero Zepeda Patterson tampoco esperaba una reproducción literal de su libro.

“Evidentemente mucho tiene que eliminarse de cara a la filmación e incluso a la producción. En general, yo pienso que es una adaptación bastante realista, adecuada. Uno entiende que hay partes que en la traducción tienen que ser recreadas para efectos de una narrativa y un lenguaje distinto, como es el cine o la televisión. Yo estoy contento con el resultado”.

Hubo, sin embargo, un pequeño extrañamiento cuando finalmente vio en pantalla a personas que habían existido durante años únicamente dentro de su imaginación.

“Los primeros diez minutos, cuando vi el primer capítulo, uno tiene que aterrizarlo a esos actores, a ese casting, porque durante años te imaginaste a estos personajes. Yo hice tres novelas sobre estos personajes. Viví con ellos años, digamos, en la cabeza, y claro, los primeros minutos no necesariamente es ese rostro o incluso ese tono de voz”.

Doce años después de su publicación, el país alrededor de la historia ha cambiado, las herramientas del poder se han transformado y la ficción ha pasado de las páginas a la pantalla.

Para Zepeda Patterson, permanece aquello que colocó desde el principio en el centro de sus personajes: la necesidad de formar un círculo cuando la realidad exterior amenaza con rebasarlos.

De la novela a la pantalla

Antes de comenzar el rodaje, Lisazo decidió buscar “Los corruptores”, publicada originalmente en 2014. La novela de Zepeda Patterson sirvió como punto de partida para una adaptación que modifica distintos elementos al trasladar la historia a otro momento y lenguaje.

“Cuando me dijeron del papel, lo primero que hice fue comprar el libro. Lo tuve que buscar bastante para encontrarlo”, recuerda.
La distancia temporal entre la novela y la serie fue una de las cuestiones que encontró durante la lectura. “Nada que ver la política de 2014 con la de ahora”, considera.

Más que el alcance internacional de Netflix, lo que terminó sorprendiendo a Lisazo fue la dinámica de producción. Pensar que su trabajo podrá ser visto simultáneamente en más de 190 países podría convertirse, reconoce, en una presión innecesaria.

“Trato de no pensar en ese tipo de cosas porque te entra una presión o no duermes. Ojalá, cuanto más lo vean y cuanto más puedan ver mi trabajo, encantado, maravilloso”.

Lo que sí desea conservar es la experiencia del rodaje. La posibilidad de trabajar en una serie de pocos episodios le permitió estudiar de otra manera el recorrido completo del personaje, organizar sus escenas y trabajar con una continuidad distinta a la que había experimentado en producciones más extensas.

“Después de esto, lo único que quiero hacer son series o filmes que sean de este tipo, que puedas hacer seis, siete, ocho capítulos. Es maravilloso para los actores. Puedes hacer un desglose de tu personaje, de las escenas. Es completamente diferente”, finaliza.

CT

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