Pepe Aguilar: “El mariachi está vivito y coleando”
En entrevista, el cantante habla sobre su regreso al Hollywood Bowl junto a sus hijos; así como la evolución y futuro de la música mexicana
Veintitrés años separan las dos ocasiones en que Pepe Aguilar ha llevado su música al Hollywood Bowl acompañado por una orquesta. En 2002 llegó al escenario de Los Ángeles con la Filarmónica de Los Ángeles, en una presentación que marcó un punto importante de su trayectoria. Cuando regresó en agosto de 2025, las circunstancias eran distintas. Esta vez no estaba solo: a su lado cantaban sus hijos Leonardo y Ángela Aguilar, quienes en aquel primer concierto eran todavía niños -uno ni siquiera había nacido- y ahora formaban parte de una nueva etapa de la historia familiar.
El cantante observa aquel intervalo de más de dos décadas desde un presente que considera favorable. “Es como la vida: para arriba y para abajo, y para el medio, y más para arriba y más para abajo, y otra vez. Es una montaña rusa la vida para quien sea, en el nivel donde esté y se dedique a lo que se dedique. Así ha sido la mía”, cuenta Pepe Aguilar en entrevista con EL INFORMADOR.
“Llego con un balance muy bonito, muy bueno, muy bendecido y ahora con mis hijos. La primera vez, uno de ellos no había nacido, el otro tenía tres añitos, entonces no eran parte del show. Ahora es también una especie de patadita de la buena suerte para que empiecen ellos”.
El concierto de 2025 quedó registrado y ahora da origen a “Los Aguilar sinfónico desde el Hollywood Bowl (Live)”, álbum en vivo que reúne a Pepe, Leonardo y Ángela Aguilar y que ya se encuentra disponible en plataformas digitales. La dirección musical estuvo a cargo del jalisciense Juan Tucán Franco, mientras que Enrico López-Yáñez asumió la dirección concertadora. Entre las canciones recuperadas para el lanzamiento se encuentra “Por mujeres como tú”, uno de los temas más conocidos de Pepe Aguilar, ahora llevado al formato sinfónico.
La arquitectura detrás de una canción
Un mariachi y una orquesta sinfónica pueden parecer dos estructuras difíciles de hacer convivir. Hay que distribuir instrumentos, armonías y dinámicas sin permitir que el tamaño de la orquesta termine sepultando aquello que identifica a las canciones originales. Para Pepe Aguilar, sin embargo, el proceso resulta menos complicado que construir un álbum desde cero. “Pues no me lo vas a creer, pero está infinitamente más fácil producir un disco de estos que un disco como ‘No lo había dicho’, por ejemplo. Me tardé un año en producirlo, en arreglarlo y, junto con otros cuatro músicos, hacer todo el empaquetado, los arreglos y el concepto. Fue mucho más difícil”.
La explicación está en la estructura. Una orquesta obliga a trabajar dentro de un lenguaje musical preciso, con funciones establecidas para decenas de intérpretes. Aguilar reconoce que esa parte del proceso requiere conocimientos que él no posee formalmente, aunque lleva prácticamente toda su vida haciendo música. “Acá, como todo es tan técnico, tan matemático, como todo es tan cuadrado, literalmente, pues son otro tipo de problemas. Te encargas de encontrar como a un comandante en jefe en la parte formal de la música, la parte que yo no hago”.
Aguilar estudió solfeo y canto durante 11 años y posee conocimientos de armonía, pero establece una diferencia entre esa formación y las herramientas necesarias para escribir o leer una partitura orquestal. “Yo no soy músico formal, no tengo educación formal. Estudié solfeo y estudié canto 11 años y, pues sí sé música, sé un poco de armonía, un poco de solfeo, pero no para leer a la primera ni para hacer un arreglo de sinfónica”.
Por eso, buena parte del resultado depende de encontrar músicos capaces de traducir sus ideas. “Si encuentras a alguien que embone contigo, que entienda qué es lo que quieres y que técnicamente sea muy capaz, está relativamente muy fácil el resto”.
La recompensa aparece cuando las canciones comienzan a adquirir posibilidades que no estaban disponibles en sus versiones originales. Una orquesta puede modificar la tensión, aumentar el dramatismo y conducir una melodía hacia lugares difíciles de alcanzar con un ensamble menor. “Una sinfónica te da las posibilidades para hacer cualquier tipo de música, para hacerla todavía más dramática, para que te lleve a lugares donde quizás el mariachi solo no te puede llevar”, explica el cantante. “O un grupo de rock solo. A cualquier ensamble de música que no sea algo así de grande como una orquesta le costaría trabajo hacer lo que puede hacer una orquesta”.
Crear algo parecido a la magia
Para Aguilar, el proceso tiene una paradoja: necesita comunicarse mediante un lenguaje que reconoce auditivamente y comprende desde la experiencia, aunque no domine todas sus herramientas académicas. “Es una bendición haber encontrado a gente con la cual pueda hablar en un idioma que no hablo, así de sencillo, pero que sí siento y que sí entiendo. Igual no sé cómo explicarlo. La armonía es tremendamente extensa y es como magia”, dice. “Si sabes mover bien la armonía, te da un estado; si la mueves mal, suena como una cosa muy chiquita, muy fea. Entonces sí, es como magia”.
Para explicarlo, Aguilar abandona momentáneamente la música y recurre a la literatura. “Si eres escritor, ¿a quién has leído? ¿Cuáles son tus recursos literarios? ¿Qué filósofos has leído para poder escribir cosas que muevan el corazón y el alma? Lo mismo es en la música. ¿A quién has escuchado? ¿Qué te gusta?”.
Esa biblioteca de influencias musicales compartidas, considera, permite que dos personas con formaciones diferentes puedan encontrarse. Uno de esos colaboradores es Juan Tucán Franco, director musical del concierto y músico originario de Guadalajara. “Yo con Juan Tucán, que fue el más reciente director, por cierto, de Guadalajara, y está en algunas de las piezas de este trabajo, nos entendemos perfectamente bien. Él es director de orquesta y yo soy un cantante de música mexicana, pero nos entendemos perfectamente bien. Y no nada más hacemos cosas con sinfónica: hacemos ondas de rock y hace mariachi el ‘güey’ también”.
Aguilar encuentra un antecedente de esa relación en Manuel Cázarez, responsable de los arreglos de su primer proyecto sinfónico hace más de dos décadas y formado en la Escuela de Música Sacra de Guadalajara. Con él, recuerda, existía una comunicación en la que una idea podía regresar musicalmente ampliada. “Había una verdadera simbiosis. Yo lo alimentaba y él me daba todavía aumentado lo que yo le pedía. Si yo no se lo pedía, pues él no lo hacía, y si yo no lo tenía a él, pues no tenía el mismo resultado”.
“Se acabó una era”
Pepe Aguilar ha observado también una transformación que rebasa su propia música. Después de décadas de carrera, encuentra una industria en la que artistas mexicanos pertenecientes a géneros muy distintos pueden alcanzar posiciones internacionales que antes parecían reservadas para otros mercados. “La música mexicana, o hecha por mexicanos como tal, está en su mejor momento de la historia”, afirma.
Su diagnóstico, sin embargo, distingue entre el conjunto de la música producida en México y la situación particular de algunos de sus géneros tradicionales. Para Aguilar, el mariachi y la banda no atraviesan necesariamente su periodo de mayor presencia comercial. Al mismo tiempo, corridos tumbados, corridos alterados y propuestas urbanas realizadas por mexicanos han colocado a artistas del país en las principales listas globales.
Aguilar considera que ese fenómeno beneficia incluso a quienes trabajan con músicas muy diferentes. “El hecho de que haya música hecha por mexicanos y que le llamen regional mexicana en los primeros charts a nivel global, como la música de corridos tumbados, alterados o urbana, pero hecha por mexicanos, pues son puertas abiertas. Cien por ciento. Son puertas que abrieron para todos los demás géneros y eso es algo que hay que reconocer y agradecerles”.
No condiciona ese reconocimiento al gusto personal. “Te guste o no te guste el género, hay que agradecer, porque gente que nunca hubiera abierto la puerta, sus bolsillos, sus conocimientos o sus redes de infraestructura, o lo que sea, ahora está dispuesta”.
Esa apertura puede observarse, señala, en la presencia cada vez mayor de artistas mexicanos en Europa. Otros territorios comienzan a recibir repertorios que durante mucho tiempo tuvieron dificultades para circular fuera de México y Estados Unidos. “Yo creo que ya se habían tardado. Nos hemos tardado como mexicanos y, bendito sea Dios, estamos justo en ese momento y hay que aprovecharlo”.
Dentro de esa expansión, Aguilar observa al mariachi atravesando un periodo de transición. Han disminuido las grandes figuras populares que adoptaban el traje de charro como parte permanente de su identidad artística y reconoce que quedan pocos intérpretes de esa generación y de esa manera de presentarse ante el público. “Se acabó una era. Quedamos tres, nada más, que se visten de charro para cantar mariachi, o dos, no sé. Quedamos bien pocos”.
Para él, la disminución de esas figuras no debe confundirse con la desaparición del género. Las modas musicales regresan, las generaciones modifican sus referentes y la industria desplaza periódicamente su atención. El mariachi, sostiene, ha sobrevivido a esos movimientos porque su permanencia no depende exclusivamente de las listas de popularidad. “El mariachi está vivito y coleando. El mariachi no tiene ningún problema. Los que tienen problemas son los que antes se vestían de charro para cantar. Y eso tampoco quiere decir que se esté acabando; al rato regresa, porque todo en la vida es cíclico”, opina.
Veintitrés años después de aquella primera presentación sinfónica en el Hollywood Bowl, Aguilar vuelve así al mismo escenario en un momento en que la música mexicana ocupa espacios internacionales que eran mucho menos accesibles al comienzo de su carrera. Ahora lo hace acompañado por dos de sus hijos y con una nueva generación de artistas mexicanos avanzando por caminos musicales diferentes al suyo.
Sobre el futuro del género alrededor del cual ha construido buena parte de su carrera, no manifiesta demasiadas dudas. “Lo que estoy seguro de que no se va a acabar es la música de mariachi. Eso te lo puedo firmar”, finalizó.
CT