"Mis muertos tristes" de Mariana Enríquez llega al cine bajo la mano de Larraín
Es difícil quedarse indiferente ante las creaciones de Enríquez, que está en el certamen como coguionisa y productora ejecutiva
Gordofobia, sexualidad, violencia doméstica, racismo, maginalidad... todos los temas se pueden abordar a través del género del terror, según dijo este lunes el director chileno Pablo Larraín, que toca todas esta cuestiones y algunas más en 'Mis muertos tristes', una adaptación al cine del universo macabro de Mariana Enríquez.
La película, que se proyecta en la Sección Oficial del Festival de Cine, levantó pasiones y aversiones hoy en San Sebastián, con un público entusiasta que aplaudió la llegada de Enríquez y otro grupo de espectadores que optaron por salir de la sala tras las escenas de sexo con fantasmas y muertos ahogados.
Es difícil quedarse indiferente ante las creaciones de la escritora argentina, que está en el certamen como coguionisa y productora ejecutiva de una película que amalgama varios de sus cuentos bajo la batuta del Larraín y con Dolores Fonzi, Mercedes Morán y Alejandra Flechner en el elenco.
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Sexo sobrenatural
Menos conocida que sus compañeras de reparto, pero todo un descubrimiento, es la actriz Carolina Álvarez, que debuta en el papel de Julie, una mujer despreciada por su desmedida afición al sexo que protagoniza alguna de las escenas más chocantes y divertidas del filme.
"Primero pensé que el director me había elegido porque sabía fingir un orgasmo, pero luego vi que él había visto lo que había detrás", bromeó Álvarez.
Pero Julie no es el único personaje que se sale de la norma, el largometraje está habitado por seres vivos y muertos, ya que la protagonista, una doctora a la que visitan los fallecidos que han tenido un fin dramático para buscar algo de paz, tiene mucho trabajo en el barrio marginal en el que vive.
"El horror, el terror y el género fantástico son un lugar interesante desde donde mirar lo social", señaló en rueda de prensa Larraín, parafraseando a Enríquez que, sentada a su lado, destacó la buena conexión que tuvo con el realizador durante el trabajo conjunto.
El resultado son más de tres horas de metraje ideadas inicialmente como cuatro capítulos de una miniserie, que en San Sebastián se han proyectado seguidos, como si de una película se tratara.
A lo largo de los episodios, la doctora protagonista se cruza con mujeres acosadas por sus exmaridos, adolescentes asesinadas por narcotraficantes, toxicómanos muertos de sobredosis, delincuentes linchados por los vecinos y personas incomprendidas que se suicidan.
Todo ello en un barrio marginal de Buenos Aires "situado en el patio de atrás de la sociedad y que nos habla de décadas de abandono y olvido", según Larraín.
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Como los fantasmas, Argentina está atrapada en un ‘loop’
La denuncia política y social impregna la película, con reflexiones como "el miedo lleva al odio y el odio al fascismo", en boca de la protagonista, y críticas al modelo estadounidense a partir del personaje que interpreta Flechner.
Pero esta crítica "no es una respuesta directa a lo que pasa actualmente en Argentina —aclara Enríquez—, y no porque me guste (el presidente Javier) Milei, sino porque el problema de Argentina es estructural. Fracasó un modelo y no fue reemplazado por otro que sea bueno para las personas".
"Como los fantasmas del relato, Argentina está atrapada en un 'loop' permanente, en una espiral sin fin", afirmó.
Más contundente fue la actriz Dolores Fonsi, que denunció que el Gobierno de Milei está quitando los subsidios porque "la cultura es el alma de los pueblos y esta gente desalmada quiere quitarle al alma a la sociedad".
Mercedes Morán conecto la situación Argentina con la película y aseguró que le parece normal que su personaje se lleve "mejor con los muertos que con los vivos, dado el grado de deshumanización que hay entre los vivos".
Mientras que director llevó el tema hacia su país, Chile, donde dijo que la cultura también pasa por un mal momento, con políticos que "demostraron su desidia y su incultura", después de que la pasada semana falleció "el gran director Patricio Guzmán" y decidieron "ignorarlo".
Ante este "cielo oscuro" que cubre Latinoamérica, Larraín apuntó que coproducciones como esta, entre Argentina y Chile, son "un rayito de sol" con el que se consigue superar los problemas que hay en cada país y sacar adelante las películas gracias a la colaboración transfronteriza.
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AO