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Alejandra Marín: la historia que los titulares no contaron

“Un hijo propio”, de Maite Alberdi, retoma el caso que acaparó la atención de los medios mexicanos en 2009 y explora las experiencias personales detrás de la noticia

Más de una década después de que el caso de Alejandra Marín Mendoza ocupara los espacios informativos de México, “Un hijo propio” busca regresar a esa historia desde las personas que la vivieron. El documental de Maite Alberdi, que llegará a Netflix este 13 de agosto, reconstruye el caso a partir de testimonios y una puesta en escena en la que participan los actores Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia.

En entrevista con EL INFORMADOR, ambos intérpretes coinciden en que acercarse a una historia real implicó un proceso distinto al de construir personajes completamente ficticios. La presencia de las personas involucradas, sus recuerdos y las circunstancias que rodearon los hechos se convirtieron en parte de su trabajo.

“Aparentemente Maite Alberdi, nuestra directora, estaba haciendo investigación para otro de sus proyectos y conoció la historia de Alejandra, que es la que contamos en ‘Un hijo propio’ y se enamoró de esta historia”, explica Espitia.

El actor cuenta que su incorporación al proyecto ocurrió a través de un casting, mientras que para Montalvo conocer el caso significó enfrentarse desde el inicio con una historia que le generó distintas emociones.

“Emoción, miedo, dudas, me pasaron muchas cosas por la cabeza”, señala la actriz. “Creo que leí el guion y si no me decían que eso había pasado realmente no lo hubiera creído. De pronto leerlo te vuela la cabeza, el entender esta historia y de pronto saber que eres parte de ella también me hizo sentir mucha responsabilidad”.

Sin afán de justificar los sucesos, la película parte de los hechos ocurridos en 2009, cuando Alejandra fue detenida después de sacar del Hospital General de México a una bebé dentro de una bolsa de regalo para hacerla pasar como su hija. La joven había fingido durante meses un embarazo después de sufrir tres pérdidas gestacionales espontáneas y enfrentar la presión de su entorno familiar.

Alejandra fue sentenciada a 13 años y cuatro meses de prisión, mientras que su esposo Arturo recibió una condena de dos años y medio. Más de una década después, Alberdi retomó la historia y encontró que el caso tenía otras perspectivas que no habían formado parte de la cobertura mediática.

Montalvo asegura que interpretar a una persona que existe implicó observarla y buscar puntos de encuentro entre ambas.

“Yo creo que más que fácil o difícil es distinto”, afirma. “Al construir un personaje desde la imaginación tienes mucho más libertad en muchas cosas y de pronto acá sí hay cosas características que hay que cumplir, de pronto la forma en la que se ríe, la forma en la que camina, la forma en la que respira, la forma en la que se mueve”.

La actriz tuvo la oportunidad de conocer a Alejandra y conversar con ella. Ese encuentro significó ampliar la comprensión del personaje.

“Más que tono o tesitura tenía que ver con entenderla más y nunca se termina de entender, por supuesto, porque ningún ser humano se termina de entender nunca”, comenta. “Acercarme lo más posible a quién era ella realmente, a cómo se sentía en ese momento de su vida, qué era lo que pasaba en ella, cuáles eran sus circunstancias y cuáles eran sus antecedentes también de cómo había sido su vida antes, infancia y demás”.

Espitia coincide en que conocer a las personas reales permitió sumar elementos al personaje de Arturo.

“Se vuelve un proceso rico, ni mejor ni más fácil ni más difícil ni peor que el proceso tradicional para construir”, apunta. “Siempre que había un bache o un hueco ahí en la construcción podíamos remitirnos a la persona real. Es una fuente inagotable de inspiración para construir al personaje”.

La preparación también requirió ensayos prolongados. Montalvo recuerda jornadas de hasta 12 horas y escenas que demandaban mantener estados emocionales durante varias tomas.

“Llegaba un punto del día donde también te cansas. Entonces vas en la toma 84 y llevas cinco horas sin parar de llorar”, relata. Para sostener la concentración recurrió a distintos recursos, entre ellos música y espacios de aislamiento dentro del set.
Espitia, en cambio, recuerda que el ambiente entre los actores funcionaba como un contrapeso a la intensidad de las escenas.
“Ya cuando está llorando mucho o gritando mucho necesita reírse, relajarse, comer churros y pedir donas y pasarla bien como en compensación con lo que tu inconsciente está viviendo a través del personaje”, explica.

Entre la presión y la verdad

Tras enfrentar varias pérdidas gestacionales y lidiar con las crecientes presiones de su familia política, Alejandra es llevada al límite y toma una decisión desesperada: fingir un embarazo. Sin embargo, la presión por sostener esta elaborada mentira la empuja a cruzar una línea irreversible, desencadenando el escándalo mediático que conmocionó a todo México.

Este documental, dirigido por la dos veces nominada al Oscar Maite Alberdi, ofrece una mirada única e íntima al caso a través de quienes lo vivieron y examina el enorme peso de las expectativas sociales, las presiones familiares y la naturaleza elusiva de la verdad.

Una mirada sin prejuicios

Más allá del caso y de los titulares que lo rodearon, la historia plantea preguntas incómodas sobre las expectativas que pesan sobre la maternidad y la paternidad, así como sobre la responsabilidad que tiene la sociedad frente a ellas. Para Montalvo, el documental abre precisamente ese debate y permite cuestionar de dónde surgen las ideas que hemos asumido como verdades alrededor de formar una familia.

“Creo que nos invita a cuestionarnos de dónde vienen estas ideas arraigadas que tenemos como sociedad sobre la maternidad, sobre la paternidad, sobre desde dónde abordamos los temas y lo primero que hacemos siempre es juzgar”, señala.

Espitia agrega que la responsabilidad no corresponde únicamente a las mujeres. “La maternidad y la paternidad deben ser deseadas; es un ejercicio acompañado”, sostiene. También plantea la responsabilidad de los hombres dentro de la construcción de las familias y del sistema de salud para brindar información y acompañamiento.

Con “Un hijo propio”, ambos esperan que el caso pueda revisarse más allá de la etiqueta que recibió cuando llegó a los medios.
“No se justifica ninguna decisión, simplemente se indaga en los porqués”, afirma Montalvo. “Nadie abre un debate sobre qué está pasando como sociedad o qué está pasando entre todos dentro de las familias, que se cree lleva a estos límites”.

Espitia enfatizó que esa es una de las posibilidades que ofrece el documental: recuperar a las personas que quedaron detrás de los titulares. “Creo que la película abre a profundidad a los seres humanos que estaban en esa historia que vimos solamente por la superficie hace unos años en los medios de comunicación”, concluye.

CT

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