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OMD: De dominar las máquinas a desafiar la IA

A casi cinco décadas de revolucionar el pop con sintetizadores, Andy McCluskey reflexiona sobre los límites de la IA y revela detalles del próximo proyecto de la agrupación

Casi medio siglo después de que Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD) comenzó a utilizar sintetizadores para intentar imaginar cómo sonaría el futuro, Andy McCluskey tiene una conclusión inesperada: quizá ya no exista un sonido capaz de representarlo.

Cuando OMD apareció en 1978, la música electrónica todavía podía provocar resistencia. McCluskey y Paul Humphreys eligieron máquinas y teclados cuando buena parte del lenguaje dominante del rock seguía construido alrededor de guitarras, bajos y baterías. Ahora, aquellas herramientas forman parte de la música popular y algunas de las tecnologías que entonces parecían futuristas se han convertido en objetos de colección. “El mundo es un lugar diferente”, dice McCluskey en entrevista con EL INFORMADOR. “No creo que nadie pueda decir ahora que quiere sonar como el futuro. Porque el futuro es ahora. Todo es posmoderno. No hay nada nuevo y, por lo tanto, tampoco hay nada viejo”.

La reflexión aparece a pocos días del regreso de OMD a Jalisco. La agrupación británica se presentará el próximo 15 de octubre, a las 21:00 horas, en el Teatro Estudio Cavaret, en Zapopan. El concierto permitirá reencontrarse con una historia que supera las cuatro décadas y que incluye canciones como “Enola Gay” e “If You Leave”, pero McCluskey está lejos de hablar únicamente desde la nostalgia. Durante la conversación aborda inteligencia artificial, política, creación artística, nuevas generaciones y la posibilidad de continuar haciendo música junto con Humphreys. De hecho, revela que OMD ya prepara un nuevo proyecto.

Después del futuro

McCluskey recuerda que los primeros conciertos de OMD ocurrieron incluso antes de que pudieran comprar un sintetizador. Para sus primeras seis presentaciones tuvieron que pedirlos prestados. La precariedad técnica formaba parte de una búsqueda deliberada: querían apartarse del formato convencional de una banda de rock. “Cuando empezamos intentábamos sonar diferentes. En lugar de tocar guitarras y tener una banda de rock, nos movimos hacia los teclados y simplemente tratábamos de hacer sonidos diferentes”.

Casi cinco décadas después, el problema parece haberse invertido. Las posibilidades tecnológicas son enormes, pero para McCluskey la cultura popular ha entrado en una etapa en la que constantemente reorganiza elementos de su propio pasado. “Toda la cultura popular, no solamente la música, también el cine, el arte, la moda y la arquitectura, se está comiendo su propia historia. Nada va a ser completamente nuevo. Puedes obtener diferentes combinaciones o visiones personales de esas combinaciones. Entonces se trata de la personalidad, de la visión individual y de las letras”.

La inteligencia artificial (IA) representa el capítulo más reciente de esa relación entre música y tecnología. McCluskey todavía no está convencido por lo que ha escuchado. “No he escuchado música hecha con inteligencia artificial que me resulte convincente”, afirma. “¿La música de IA va a tomar el control? No lo sé. Todavía no. Espero que no”.

La discusión le recuerda las críticas que OMD recibió durante sus primeros años. Algunos periodistas consideraban que utilizar sintetizadores significaba prescindir del trabajo propiamente musical, como si las máquinas hicieran las canciones por ellos. Para McCluskey, detrás de cualquier herramienta continúa siendo necesaria una decisión humana: alguien tiene que decirle al instrumento qué hacer.

Un proyecto llamado “Requiem”

Lo anterior no significa que OMD quiera mantenerse al margen de la inteligencia artificial. Al contrario: McCluskey adelantó a EL INFORMADOR que trabaja con Humphreys en un proyecto que esperan presentar aproximadamente dentro de un año y en el que utilizarán imágenes generadas mediante IA. El proyecto tiene por ahora el título provisional de “Requiem” y se alejará, según anticipa, de la faceta más bailable del grupo. La diferencia, enfatiza, estará en el origen de la música.

“La música es humana, pero los videos son de inteligencia artificial”, explica. “Será una colección de piezas bastante lentas, hermosas, melancólicas, casi como canciones funerarias. Tiene el título provisional de ‘Requiem’. Quizá termine siendo ‘Requiem for something’, pero espero que pueda salir aproximadamente dentro de un año”.

La revelación modifica además una pregunta que ha acompañado a “Bauhaus Staircase”, su disco más reciente, publicado en 2023. El músico había planteado la posibilidad de que aquel álbum fuera el último de la banda. Hoy sigue sin comprometerse con la idea de producir discos por obligación, pero tampoco ha dejado de crear. “Me encantaría escribir más música porque amo la sensación de tener una idea. Escribir una canción es como tener una conversación contigo mismo”, explica.

No obstante, hay una condición para continuar: que exista algo que OMD considere digno de publicar. “Paul tiene una frase que le encanta: Si no tienes nada más que decir, no digas nada”.

“Bauhaus Staircase” nació durante el confinamiento por COVID-19 y terminó recogiendo preocupaciones políticas, ambientales y sociales. Para McCluskey, escribir sobre esos asuntos no representa una desviación dentro de OMD. “Vivo en el mundo y me importa el mundo”, responde.

Ahí aparece una de las contradicciones que han acompañado al grupo desde sus primeros años: escribir sobre asuntos oscuros dentro de canciones capaces de hacer bailar. “Enola Gay”, publicada en 1980 y construida alrededor del avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, permanece como el ejemplo más conocido.

“Nuestro sonido es un accidente. Amamos la melodía, amamos bailar, pero a mí me gusta escribir palabras sobre cosas que son importantes para mí”, dice.

 “Pop y política son una combinación difícil. Si intentas golpear a la gente en la cabeza y ser demasiado obviamente político, no produces buena música. Una cucharada de azúcar ayuda a pasar la medicina. Si quieres decirle a alguien algo que consideras importante, si quieres darle una pastilla, ponle un poco de azúcar. Dale una letra importante y una melodía que pueda cantar o bailar. Entonces se tomará la pastilla”, reflexiona.

La química de los opuestos

Casi cinco décadas después de dar sus primeros pasos en la música, Andy McCluskey y Paul Humphreys mantienen una sociedad creativa que ha sobrevivido al paso del tiempo y a sus diferencias personales. Se conocieron siendo adolescentes y escribieron juntos su primera canción a los 16 años. Desde entonces, sus personalidades opuestas se han convertido en una de las claves de la identidad de OMD. 

“Somos personas muy diferentes. Yo soy muy demostrativo, extrovertido, muy ruidoso. Paul es una especie de genio musical silencioso que dice: ‘Bien, puedo ver lo que estás haciendo aquí, Andy, pero esa es la nota equivocada, esto no funciona y ¿puedo poner algo aquí?’. Y de pronto ya suena como una canción”.

Después de casi cinco décadas, ambos reconocen aquello que el otro puede hacer mejor. “Nos respetamos porque el otro tiene talentos que nosotros no tenemos. Por eso encajamos”.

OMD llegará a Guadalajara cargando con canciones nacidas cuando el sintetizador todavía podía representar una ruptura y con otras escritas cuando el futuro que imaginaron comenzó a alcanzarlos. McCluskey, a los 67 años, admite que ya no desea encerrarse todos los días en una habitación intentando extraer otra canción de su cabeza y de su corazón. Pero tampoco parece dispuesto a quedarse únicamente con el pasado. “Si no tienes nada más que decir, no digas nada”, finaliza. Por ahora, OMD todavía tiene algo que decir. Y ya comenzó a escribirlo.

Los viejos sintetizadores pueden quedarse en el museo

Existe algo de ironía en la manera en que ha envejecido la tecnología de OMD. Los sintetizadores que décadas atrás provocaban cuestionamientos por amenazar la autenticidad de la música ahora son buscados por jóvenes músicos interesados en trabajar con equipos analógicos. McCluskey no comparte demasiado ese purismo. Cuenta que bandas jóvenes suelen preguntarle si todavía conserva máquinas como el Roland SH-09 o el Korg MS-20. Su respuesta suele ser negativa.

“¿Has visto cuánto cuesta ahora un Jupiter-8 en eBay?”, pregunta. “Son pesados, no se mantienen afinados y no guardan muy bien sus patches”.

En el estudio, OMD utiliza actualmente sintetizadores virtuales dentro de la computadora. La practicidad pesa más que la nostalgia. “Me encanta el sonido de los sintetizadores antiguos, pero utilizo versiones modernas de software. La gente dice que puede notar la diferencia. Yo no puedo. Así que estoy muy feliz de dejar que los jóvenes puristas encuentren un Jupiter-8 de cinco mil dólares y yo simplemente utilizaré el que tengo en mi computadora”.

Algo parecido ha ocurrido con el público de OMD. Las canciones han sobrevivido a las tecnologías con las que fueron grabadas y actualmente encuentran oyentes nacidos décadas después de su lanzamiento. McCluskey recuerda que, durante los primeros años, la resistencia provenía principalmente de periodistas y programadores de radio vinculados con el rock, que cuestionaban que aquello pudiera considerarse música “real”. El público reaccionó de otra manera.

Ahora observa adolescentes y personas de veintitantos años cantando canciones que OMD publicó mucho antes de que ellos nacieran. México ocupa un sitio particular dentro de esa segunda vida de OMD. Lo curioso es que durante años la banda ni siquiera sabía que tenía una audiencia considerable en el país.

“Estamos muy emocionados. Hemos tenido conciertos absolutamente increíbles en México y parece que el público se vuelve cada vez más cariñoso y más loco. Estamos recuperando el tiempo perdido”, dice. “No sabíamos, hasta la primera vez que vinimos a México, a Tijuana, a un club llamado Iguanas, que México nos conocía. Ningún promotor nos había pedido venir”.

OMD llegará a Guadalajara

Orchestral Manoeuvres in the Dark, la icónica banda conocida por su acrónimo OMD, se presentará en el Teatro Estudio Cavaret, el 15 de octubre, a las 21:00 horas.

CT

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