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Claudia Ruiz: de cocinar para sus hermanos a conquistar “MasterChef México 24/7”

La ganadora del reality show afirmó que el premio de dos millones de pesos tendrá dos objetivos: apoyar a sus progenitores y abrir una panadería propia

Antes de aprender técnicas profesionales, enfrentarse a ingredientes desconocidos o preparar un menú de cuatro tiempos frente a los jueces de “MasterChef México 24/7”, Claudia Ruiz cocinaba subida en un banquito. Tenía ocho o nueve años, era la mayor de cuatro hermanos y su madre salía de casa para trabajar. A ella le correspondía cuidar a los más pequeños y, entre aquellas responsabilidades, comenzó a prepararles algo tan sencillo como un huevo.

“Me acuerdo de que me subía a un banquito y les hacía un huevito. De ahí empezó el amor por la cocina, porque al ver la carita de mis hermanos felices y cómo se emocionaban, eso me motivaba. Ahí entendí que la cocina era para mí”, recuerda.

Muchos años después, aquella relación temprana con los fogones llevó a la originaria de Ciudad Madero, Tamaulipas, hasta una competencia en la que tuvo que descubrir ingredientes, dominar nuevas cocciones y aprender a trabajar bajo presión. El domingo 30 de agosto, después de 15 semanas de competencia, Claudia se convirtió en la ganadora de la primera edición de “MasterChef México 24/7”.

El triunfo todavía le resulta difícil de dimensionar. Regresó a Ciudad Madero y encontró una realidad que desconocía mientras permanecía aislada dentro del programa: personas que habían seguido su participación, que querían saludarla y que habían celebrado su victoria. Mientras estuvo dentro de la competencia, Claudia llegó incluso a pensar que tenía pocas posibilidades frente a concursantes con comunidades digitales mucho mayores.

“Mis compañeros tenían un millón de seguidores, veinte millones de seguidores, y yo solo tenía cuatro seguidores en Instagram. Entonces decía: ‘¿Cómo voy a ganar una capitanía? ¿Cómo voy a subir al balcón por parte de mi gente? Si yo no tengo gente, no tengo redes’”.

La percepción cambió cuando terminó la competencia. “Cuando salí de MasterChef, la gente me saludaba en el aeropuerto y, llegando aquí, mi casa estaba llena de gente. De verdad es un sueño para mí. No he despertado porque no puedo creer todo lo que hice adentro y el afecto que la gente de Madero me tiene. Es algo muy bonito, maravilloso. Creo que todavía le sumo algo más al premio: toda esa confianza y todo ese amor de mi gente”.

Aprender desde lo desconocido

Antes del programa, Claudia trabajaba en una panadería local y había desarrollado una relación cercana con la repostería. Su conocimiento, sin embargo, partía también de una cocina cotidiana y familiar. Entrar a “MasterChef México 24/7” significó encontrarse con productos que nunca había probado y técnicas que desconocía.

“MasterChef me dio muchas primeras veces, y en cuestión de alimentos también. Por ejemplo, cocinar un pato. Yo nunca había comido pato. Pulpo, calamar… son cosas que no son muy comunes para uno. Un huevo, un arrocito, un pedazo de bistec, sí, pero enfrentarme a esos ingredientes, probarlos y aprender las cocciones fue muy difícil”.

La respuesta de Claudia ante esas carencias fue estudiar. Durante las semanas de competencia procuró prestar atención a las clases y aprovechar las observaciones de los jueces ZahieTéllez, Adrián Herrera y Poncho Cadena. El aprendizaje que ahora destaca, sin embargo, rebasa las técnicas culinarias. Claudia reconoce que llegó al programa con dificultades para recibir las críticas y que durante la competencia tuvo que modificar esa actitud.

“Me gusta mucho tener la mente abierta y convertir las críticas en algo constructivo. Si algo se me quedó marcado es que yo llegué ahí tomándome todo personal. Fue muy difícil. Me quedo con la paciencia que me tuvieron los maestros, con todas las críticas constructivas que me hacían. Aprendí a no tomarme nada personal”.

El formato 24/7 añadió otra dificultad. Durante semanas, los participantes permanecieron bajo observación constante y sin comunicación habitual con el exterior. Para Claudia, ese aislamiento terminó funcionando también como un periodo de concentración. “Estás encerrado 24/7. No tienes de verdad nada más que una libreta, tu comida mañana, tarde y noche y tu cama donde dormir. No tienes comunicación con nadie. Estar ahí encerrados, estar picando piedra… De verdad aproveché al máximo todas las clases. Me enfocaba, me entregaba como un soldado ahí adentro”.

Llevar Ciudad Madero a la final

Claudia llegó a la última etapa junto a Lancer, Ixdit Vega y Flor Ramírez. El reto definitivo consistió en preparar un menú de cuatro tiempos en 120 minutos. El resultado le permitió imponerse sobre los otros tres finalistas y obtener el título de Maestra del Fuego. Durante buena parte de la temporada había mencionado su procedencia, pero evitó construir sus platos directamente alrededor de Ciudad Madero. Tenía una razón: quería esperar hasta haber incorporado las técnicas aprendidas durante la competencia para presentar la cocina de su lugar de origen.

“Yo decía que soy de Madero, pero nunca se vio un platillo mío que transportara mi gastronomía, porque yo quería llevar mi gastronomía, pero después de todo lo aprendido. Aprendí tantas técnicas, tantas cosas que hacían extraordinario algo común”.

El postre llevó todavía más lejos esa intención autobiográfica. “Mi rinconcito en Ciudad Madero” estuvo dedicado a su ciudad y a las dificultades que atravesó antes de llegar al programa. “Todo lo que hice fue pensando en mi gente, en mi papá, en mis hijos, en lo que soy. Aprendí a amarme y eso es lo más importante”.

El premio tiene un primer destino

La victoria significó para Claudia un premio de dos millones de pesos. Antes de pensar en un negocio propio, decidió que una parte del dinero tendría un destino familiar. “Mi primera meta es arreglarle los ojos a mi padre porque, la verdad, la está llevando muy dura. Ahorita ya me estoy moviendo para que lo atiendan, para que quede bien y pueda seguir trabajando y disfrutando de esta hermosa vida”.

También quiere apoyar económicamente a su madre. Hablar de ambos significa volver a la historia de trabajo que marcó su infancia y que, según Claudia, explica parte de la disciplina con la que enfrentó la competencia. “Ellos se la pasaron todo el tiempo trabajando y luchando. Me enseñaron los valores, a agarrarme a la vida, y gracias a ellos soy la persona triunfadora que soy”.

Después vendrá uno de los proyectos que la acompañaron durante su paso por el programa: abrir una panadería propia. La intención tiene una continuidad evidente con la vida que llevaba antes de entrar a “MasterChef”, aunque ahora Claudia quiere complementarla con los conocimientos adquiridos durante la competencia y continuar su formación.

Por ahora, apenas comienza a acostumbrarse a la vida después del programa. Hace unos meses trabajaba en una panadería de Ciudad Madero; ahora tiene dos millones de pesos, un trofeo, una comunidad que la reconoce en la calle y la posibilidad de abrir el negocio que imaginaba antes de entrar a la competencia. El cambio que Claudia considera más importante, sin embargo, ocurrió lejos de las cámaras y de los platillos.

“No saben cuánto me ha cambiado la vida. Soy otra persona y no te hablo nada más de lo gastronómico, de la comida. También me ha cambiado como persona. Me ha enseñado a valorar, a creer en mí, a empoderarme cada vez más. Estoy en shock. De verdad esto es un sueño para mí, estoy en las nubes”.

CT

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