“Naza”: la guerra por dentro
El documental presenta 24 testimonios clandestinos de militares y oficiales israelíes que describen los sistemas de vigilancia, inteligencia y bombardeo utilizados en Gaza
Hay algo deliberadamente inquietante en las imágenes de “Naza”: mientras los protagonistas hablan de vigilancia, objetivos y bombardeos, detrás de ellos aparece otra ciudad. Tel Aviv permanece despierta. Hay ventanas encendidas, edificios residenciales y señales de una vida cotidiana que continúa aparentemente al margen de la guerra.
La película de YuvalAbraham y RachelSzor se construye precisamente sobre ese contraste. De un lado, la normalidad de una ciudad israelí. Del otro, los testimonios de 24 personas vinculadas al ejército de Israel -entre oficiales de inteligencia y soldados- que hablan sobre las operaciones militares en Gaza y sobre los sistemas utilizados para localizar objetivos y ejecutar ataques a distancia.
El documental, estrenado mundialmente, en el Festival de Cine de Venecia, no presenta esos testimonios como una investigación convencional. Su apuesta es cinematográfica: poner rostro -aunque sea un rostro digitalmente alterado- y voz a personas que aseguran haber participado en el diseño u operación de los sistemas descritos.
Las identidades permanecen ocultas. Las entrevistas fueron filmadas durante tres años, en secreto y de noche, en azoteas de Tel Aviv. Las voces y apariencias de los participantes fueron modificadas digitalmente para protegerlos.
El resultado es una película que convierte el anonimato en parte de su lenguaje visual. La oscuridad no es solamente una medida de seguridad: termina funcionando como el escenario moral de la cinta.
Detrás de una pantalla
El centro de “Naza” está en una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo funciona una guerra cuando buena parte de sus decisiones se toman lejos del lugar donde caerán las bombas?
Los testimonios recopilados por Abraham y Szor describen sistemas de vigilancia y mecanismos de ataque a distancia. Los participantes hablan del uso de inteligencia artificial para identificar posibles objetivos de Hamás y de operaciones contra edificios en los que, según los testimonios, los militares sabían que podían encontrarse familias.
El ejército israelí ha reconocido que utiliza inteligencia artificial como apoyo para identificar objetivos, aunque sostiene que ningún ataque se ejecuta sin intervención humana. Un funcionario militar citado en el material señala que la decisión final de disparar corresponde a una persona.
Esa tensión entre automatización y responsabilidad humana atraviesa la película.
“Naza” no está interesada únicamente en mostrar el resultado de los bombardeos. Su objetivo, según sus directores, es mirar hacia el mecanismo que los hace posibles: la vigilancia, la recopilación de información, los algoritmos, la identificación de objetivos y las decisiones tomadas por quienes operan esos sistemas.
Por eso, la película insiste en escuchar a quienes estuvieron dentro.
“Es diferente escuchar a las personas que diseñaron y operaron esos sistemas hablando de ello frente a una cámara”, explicó Szor durante la presentación en Venecia.
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Una de las particularidades de “Naza” es que parte de su material no era completamente desconocido. El documental retoma investigaciones publicadas entre 2023 y 2025 por +972 Magazine, Local Call y The Guardian, medio que además participa en la producción de la película. La diferencia, para sus realizadores, está en trasladar esos testimonios del terreno periodístico al cinematográfico.
El documental propone así otra forma de escuchar una información que ya había circulado. Una cosa es leer el testimonio de un militar en una investigación periodística. Otra es escuchar una voz, observar una pausa, una duda o una explicación mientras el entrevistado intenta reconstruir frente a una cámara cómo funcionaba aquello en lo que participó.
Abraham lo resume en términos de responsabilidad: hacer más difícil que en el futuro pueda negarse lo ocurrido. La película tampoco convierte a todos sus entrevistados en arrepentidos. Algunos expresan remordimiento; otros hablan con indiferencia e incluso con orgullo. Para los cineastas, esa diferencia resulta menos importante que reconstruir el sistema que describen.
Es una decisión narrativa importante: “Naza” no busca fabricar una confesión colectiva. Busca mostrar un mecanismo y dejar que las contradicciones de quienes lo operaron permanezcan dentro de la película.
Gaza, fuera de cuadro
“Naza” no llegó a la Mostra con una larga campaña de anticipación. El filme fue incorporado al programa poco antes del inicio del festival, una decisión que sus productores atribuyeron, entre otras razones, al tiempo necesario para completar la anonimización de los participantes.
Su llegada tuvo además un peso específico dentro de la competencia: es el único documental que participa por el León de Oro y uno de los dos trabajos dirigidos por una mujer.
La recepción en Venecia estuvo marcada por la expectativa y los aplausos. Pero el festival no es solamente el lugar donde la película se exhibe. También se convierte en parte de su discurso.
El cineasta Jonathan Glazer, director de “The Zone of Interest”, fue una de las referencias que inspiraron a los realizadores. Su idea de que las víctimas pueden permanecer fuera de cuadro sin desaparecer de la conciencia del espectador sirve a “Naza” para construir una película donde la ausencia tiene un peso constante.
Sin duda, las ruinas de Gaza no necesitan ocupar cada plano para estar presentes.
Agencias
CT