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Fernando de la Mora: la voz que atraviesa el tiempo

A punto de cumplir 50 años de carrera, el tenor regresa a Guadalajara donde debutó escénicamente para encabezar el cierre del Festival Resonalia, en un recital que recorrerá la mélodie française y la canción mexicana

Fernando de la Mora habla de cantar como una actividad que, después de décadas, conserva intacto el placer que la originó. Está cerca de cumplir medio siglo de carrera y ha pasado por escenarios como el Teatro alla Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres y la Ópera Estatal de Viena, pero cuando recuerda Guadalajara vuelve a sus primeros años como cantante. Aquí realizó su debut operístico escénico con “Madama Butterfly”, en el Teatro Degollado. Ahora regresará a la ciudad para presentarse en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, donde el próximo 3 de octubre, a las 20:00 horas, en la Sala 2, encabezará el cierre de la primera edición del Festival Resonalia.

El recital estará dedicado, en buena medida, a la mélodie française, tradición en la que música y poesía establecen una relación íntima y que De la Mora ha frecuentado durante su carrera. El tenor estará acompañado al piano por Mikhail Hallak, fundador del festival, en un programa que incluirá composiciones de Gabriel Fauré, Reynaldo Hahn, Henri Duparc y Francis Poulenc. “Es música ligada a poesía del más alto nivel y, aunque es en francés y muchos no hablen francés, está la transparencia de las palabras clave en este repertorio”, explica De la Mora en entrevista con EL INFORMADOR.

El formato coloca al cantante lejos de la maquinaria de una producción operística. No habrá un personaje desarrollado durante horas ni una gran escenografía que sostenga la narración. Estarán la voz, el piano y poemas convertidos en canciones de apenas unos minutos. De la Mora, sin embargo, no considera que eso elimine el componente dramático de la interpretación. “Tienes un texto en el cual eres protagonista de una historia, de una pequeña historia que puede durar tres minutos o cinco minutos”, explica.

A ello se suma el encuentro entre escritores y compositores: “Grandes poetas universales como Baudelaire, como Apollinaire, como Verlaine [...] y los musicalizan grandes músicos como Debussy, Fauré, Chausson, Duparc, Hahn. Es un regalo para los amantes de la buena música”.

El repertorio tampoco es desconocido para él. A principios de siglo desarrolló un proyecto alrededor de varias de estas piezas junto con la pianista mexicana Silvia Navarrete. Lo presentaron en México y posteriormente lo llevaron a ciudades y festivales fuera del país, incluido París y el Festival Internacional Cervantino. La invitación de Resonalia significó regresar a ese territorio.
“Fue algo que abordé hace muchos años y ahora que se acercó Mikhail Hallak para invitarme a Resonalia, la verdad me encantó y creo que es muy adecuado el repertorio”, recuerda.

De la Mora encuentra, además, en la canción francesa una tradición cuya influencia rebasó las fronteras europeas. En México reconoce su huella en compositores como Manuel M. Ponce, Candelario Huízar y Ricardo Castro, dentro de un periodo en el que las búsquedas musicales convivieron también con transformaciones en la pintura y otras artes. El tenor habla de aquellas composiciones como un repertorio “superdramático”, pero también “delicado, inspirado y poético”.

Y guarda una pequeña sorpresa para el cierre: si la respuesta del público acompaña la noche, anticipa que interpretará algunas arias francesas vinculadas con una de las especialidades que han atravesado su trayectoria.

De Francia a la canción mexicana

El concierto tendrá otra mitad. Después del repertorio francés, De la Mora acercará la noche hacia canciones reconocibles para el público mexicano. “En la segunda parte vamos a hacer un ramillete de canciones muy populares mexicanas. Hacerlas muy sencillas, muy simples, transparentes, para que estén cerquita del corazón de la gente; sentirlas tan cerca que empiezan a cantar contigo”, adelanta.

Ese tránsito entre la ópera y la canción popular ha acompañado buena parte de su carrera. De la Mora ha cantado con mariachi, tríos y bolero, además de mantener su trabajo dentro del repertorio lírico. Las diferencias entre ambos mundos, considera, modifican incluso aquello que se exige de un intérprete. “La ópera tiene una esencia que tiene que ver con el estilo, con muchas cosas, y ahí te deja un margen muy pequeño donde tú puedes jugar con la emoción, con tu interpretación. En la música popular, primero es la interpretación y después es la voz”.

En esta última, sostiene, la capacidad de establecer un vínculo puede imponerse incluso sobre la belleza convencional del instrumento. “La voz es lo que menos importa; lo que más importa es tu conexión con la gente, cómo comunicas”.

Dos veladas, dos experiencias

  • Jueves 1 de octubre: Abdel Rahman El Bacha (piano), Sala 2 del Conjunto Santander, a las 20:00 horas. Primer Premio del Concurso Reina Elisabeth de Bruselas y una de las figuras pianísticas más reconocidas del repertorio clásico internacional. En su programa: Mozart, Beethoven y Ravel.
  • Sábado 3 de octubre: Fernando de la Mora (tenor), Sala 2 del Conjunto Santander, a las 20:00 horas. Una de las voces líricas más queridas de México, con un programa dedicado al repertorio francés (Fauré, Hahn, Duparc y Poulenc) en homenaje al Bicentenario. Lo acompaña al piano el propio Mikhail Hallak, fundador de Resonalia.

Guadalajara, una ciudad en el comienzo de su historia

Presentarse en el Conjunto Santander tendrá para De la Mora un significado adicional. Conoció el recinto desde sus primeros años y asistió como invitado a uno de sus conciertos inaugurales, pero esta será la primera ocasión en que suba a uno de sus escenarios para cantar. “Tengo una ilusión muy grande por cantar por primera vez en este recinto”, reconoce.

Su relación con Guadalajara, en cambio, comenzó mucho antes. Después de un primer acercamiento a la ópera sin puesta en escena en Xalapa, Veracruz, fue en el Teatro Degollado donde realizó su primer protagónico operístico escénico. El tenor conserva una particular admiración por el recinto tapatío. “Guadalajara es la sede de mi debut operístico escénico. Yo hice mi debut escénico con ‘Madama Butterfly’ en el Teatro Degollado, teatro de mis amores, el teatro con mejor acústica de todo México. Es un teatro perfecto para la ópera”.

También recuerda sus primeros palenques en Tlaquepaque durante los años ochenta, cuando llegó a compartir escenario con Lola Beltrán. Desde entonces ha regresado para conciertos, presentaciones benéficas y celebraciones públicas.

“Guadalajara la llevo en el corazón. He hecho tantas cosas en Guadalajara, tantos conciertos a beneficio de muchas instituciones”, dice.

El paso de los años aparece constantemente en la conversación, pero De la Mora no habla de ellos como una despedida. Lo que le sorprende es conservar el instrumento y continuar utilizándolo para aquello que buscaba cuando comenzó. “Ya voy para cumplir 50 años de carrera. Soy un privilegiado de seguir teniendo voz para poder seguir emocionando, para poder seguir invitando a la gente a degustar la buena música”.

Su definición de esa “buena música” tampoco depende exclusivamente de géneros o escuelas. Hay una prueba que considera difícil de superar: el tiempo. “Que le pasen 100 años encima y siga vigente, siga cerca del corazón de la gente”.

Para De la Mora, el concierto del 3 de octubre estará construido precisamente alrededor de esa cercanía. Después de escenarios internacionales, personajes operísticos y décadas de carrera, reduce la experiencia a algo mucho más elemental: un cantante frente a quienes han ido a escucharlo. “Cantar no es un trabajo, cantar es un gozo”, afirma. “Estoy feliz de regresar a Guadalajara, a encontrarme con los ojos de los que estén sentados en las primeras filas, cantarles a ellos, emocionarlos, tomarles su corazón y apretárselo”.

CT

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