Cultura

Tres bailarines, dos destinos y un mismo sueño

Ian Nahir, Paris Matías y Valentina Colmenarez se preparan para dejar Guadalajara y continuar su formación en el extranjero. Los hermanos viajarán a Brasil con una beca de un año, mientras la joven llevará su carrera hasta España

Cuando Ian Nahir y Paris Matías Girón Villalaz tenían seis años, todavía no practicaban ballet. Una tarde caminaban junto a su madre por el estacionamiento de Plaza Patria cuando Doris Topete, maestra de ballet clásico, reparó en la forma en que se movían. Se acercó a la familia y les entregó unos folletos de su academia.

La invitación produjo primero desconfianza. “Mi mamá al inicio no le gustó la idea y le platicó a mi abuela: ‘Esa señora se me hace como muy rara’. Y mi abuela le dijo: ‘No, pues llévalos, a ver qué tal’”, recuerda Ian, uno de los hermanos, en entrevista con EL INFORMADOR.

Doris había observado algo específico. “Los bailarines deben tener muchísima abertura natural. Yo te puedo decir cuando un niño camina de un modo y cuando otro camina de otro. Entonces yo los vi a ellos”, explica la también coreógrafa.

Su madre terminó llevándolos a la academia. Les gustó. Doce años después, aquellos dos niños son adolescentes de 18 años, han entrenado durante meses en Brasil y se preparan para regresar a ese país con una beca de un año para continuar su formación como bailarines.

Antes tendrán una última presentación en Guadalajara. La Gala de Ballet se realizará este 12 de septiembre en Opus 244 —ubicado en Manuel Acuña 244, Sta. María del Pueblito, Zapopan— y reunirá a alrededor de 15 bailarines.

Para tres de ellos tendrá un significado particular: Ian Nahir y Paris Matías partirán hacia Brasil, mientras que Valentina Alejandra Colmenarez Gallardo continuará su formación en España. Todos fueron formados bajo la tutela de la maestra Topete.

“Estoy nervioso. Es como una despedida antes de salir del país”, cuenta Paris. Ian, su cuate, describe el momento como una mezcla de emociones: “Ya voy a salir de la escuela donde crecí, donde aprendí, mejoré y salí a otros lugares. Son sentimientos encontrados”.

Una despedida antes de partir

Los hermanos ya conocen el lugar que los espera. Pasaron aproximadamente seis meses entrenando en Brasil antes de regresar a Guadalajara para realizar trámites y participar en esta función. Ahora cuentan con una beca por un año en el Ballet Vera Bublitz. “Nos vamos a quedar allá por un año para limpiar todo lo que tengamos que limpiar y salir adelante como bailarines”, explica Paris.

Valentina seguirá otro camino. Tiene 23 años, nació en Venezuela y vive en México desde hace seis. Cinco de ellos los ha pasado formándose con Doris Topete. Tras una estancia previa en España recibió una invitación para incorporarse durante un año a la academia de danza JAC Ballet. “Uno de mis sueños siempre ha sido ir a Europa y, gracias también a la academia, llegué a Europa”, cuenta a esta casa editorial.

Su relación con la danza comenzó a los nueve años, aunque inicialmente su formación estuvo relacionada con el flamenco. Alrededor de los 15 se concentró en el ballet y fue durante los años que pasó en Guadalajara cuando tomó la decisión de intentar convertirlo en su profesión. “Desde que llegué aquí me enamoré más y aquí fue donde decidí que esto era lo que quería hacer profesionalmente”.

La danza ya la ha llevado por cinco países. Los viajes, dice, han significado entrar en contacto con otros bailarines y culturas, además de comprender las posibilidades que pueden abrirse mediante una formación artística. “Se abren las puertas y la mente. Es algo que nunca imaginé hacer y ha sido gracias al ballet. También a la disciplina, porque es así como conseguimos todo esto”.

La disciplina es una de las cualidades fundamentales para quienes buscan desarrollarse profesionalmente en la danza. EL INFORMADOR/J. Acosta

Dos hermanos lejos de casa

Para Ian Nahir y Paris Matías, viajar juntos ha añadido otra dimensión a una relación que anteriormente transcurría entre la familia, los amigos y las actividades de cada uno. Durante su primera estancia en Brasil, su madre los acompañó algunos días. Después quedaron los dos frente a una ciudad y una dinámica que todavía estaban aprendiendo a conocer.

“Cuando llegas a un lugar no conoces a nadie”, explican. “Es muchísimo más fácil teniendo un hermano en el mismo lugar que estar tú solo y tener que introducirte con otras personas”.

En Guadalajara podían recurrir a su madre, su abuela y sus amigos. La distancia cambió esa estructura. “Cuando estuvimos en Brasil, pues solo estábamos nosotros dos. Al inicio nos acompañó nuestra mamá como una semana, dos semanas, pero de ahí en adelante fue un trabajo de los dos: acoplarnos, trabajar, platicar todas esas cosas”.

Incluso, el idioma pasó a formar parte del aprendizaje. Durante aquellos meses tuvieron que resolver juntos las dificultades cotidianas mientras continuaban con sus entrenamientos. Ahora la ausencia será mayor. La beca representa el periodo más largo que pasarán fuera de casa. Sus familiares, dicen, viven la partida entre la tristeza y el orgullo.

“Están felices, están orgullosos de nosotros, de todo el trabajo que hemos puesto en manos de la maestra Doris, de otros maestros, de los ensayos, la dedicación y la disciplina que hemos ganado”.

Valentina encuentra algo semejante en su familia. Quienes permanecen alrededor de un bailarín, explica, conocen una parte del proceso que difícilmente alcanza a observarse cuando finalmente llega una beca. “Ellos también se sienten realizados porque son los que más ven cuando uno trabaja, cuando uno sufre, lo que le dedicamos. Se sienten tristes porque nos vamos lejos, pero también se sienten en paz y felices por nosotros, porque saben que es nuestro sueño y conseguir una oportunidad así no cualquiera puede”, dice.

Doce horas de entrenamiento

Las oportunidades llegan después de jornadas que pueden extenderse alrededor de 12 horas. Los tres bailarines hablan de una adolescencia y juventud organizadas alrededor de los ensayos. Las salidas con amigos suelen quedar para las noches o los fines de semana, y buena parte de su círculo cercano termina formado por otros estudiantes de danza que comparten horarios semejantes.

“Desde el inicio es muy difícil hacer algo que te gusta para poder conseguir salir al extranjero. Es trabajar bastante día a día”, explica Paris.

Esa intensidad también tiene costos. Reconocen que quienes buscan dedicarse profesionalmente al ballet algunas veces no descansan lo suficiente. Sin embargo, la posibilidad de conocer otros escenarios funciona como una motivación para continuar. “Uno trabaja para seguir saliendo del país”.

La maestra Doris Topete resume la formación que intenta inculcarles mediante tres palabras: “Disciplina, devoción y dedicación”. La bailarina asegura que antiguos alumnos de la academia se encuentran actualmente en Europa, Asia y América, y que una de las características que más le han reconocido de ellos es precisamente su disciplina.

Una última función en Guadalajara

Antes de las maletas vendrá el escenario. La gala del 12 de septiembre incluirá variaciones que los estudiantes ya han trabajado, otras que presentarán por primera vez y distintos pas de deux, entre ellos una pieza de “El Corsario”.

También llegará a Guadalajara una parte de lo aprendido en Brasil. Durante su estancia, un maestro montó un dueto para los hermanos que tuvo una buena recepción. Para interpretarlo nuevamente, solicitaron autorización a la directora de la escuela brasileña. Doris concibió la función con una intención sencilla: que las familias pudieran sentarse frente al escenario y observar cuánto han avanzado los jóvenes a quienes han acompañado durante años.

Para Ian Nahir, Paris Matías y Valentina, la función marcará también el final de una etapa. Después vendrán Brasil y España, nuevas escuelas, maestros, idiomas y compañeros. Para los hermanos quedará, además, una historia difícil de imaginar cuando tenían seis años: aquella tarde en que una desconocida los vio caminar por el estacionamiento de Plaza Patria, creyó reconocer en sus pasos las condiciones para convertirse en bailarines y convenció a su madre de llevarlos a una clase.

Doce años después, aquellos pasos están a punto de llevarlos fuera del país.

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