Cultura

Teatro Degollado: así será la celebración por sus 160 años con “Lucia di Lammermoor”

A horas de celebrar su 160 aniversario, el Degollado afina cada detalle de “Lucia di Lammermoor” con el ensayo de músicos y cantantes

A pocas horas de que el Teatro Degollado cumpla 160 años, el silencio de sus butacas vacías dura poco. Sobre el escenario, los integrantes de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) llegan vestidos con ropa casual, acomodan atriles, revisan partituras y afinan sus instrumentos. Las cuerdas prueban algunas notas; los metales responden desde otro extremo. Todavía no hay público ni trajes de época. Hay trabajo.

El domingo 13 de septiembre, a las 18:00 horas, esas mismas butacas recibirán al público para escuchar “Lucia di Lammermoor”, de Gaetano Donizetti, la ópera con la que el Degollado abrió sus puertas exactamente 160 años atrás. Entonces, el 13 de septiembre de 1866, “Lucia” fue interpretada por Ángela Peralta, el “Ruiseñor Mexicano”. La elección de la obra para el aniversario devuelve al escenario la música que acompañó el nacimiento del recinto.

Por eso, durante el ensayo, cualquier error pesa. José Luis Castillo está al frente de la OFJ. Escucha con atención, detiene, corrige. Una entrada fuera de sitio, una nota que no alcanza la precisión requerida o una coordinación imperfecta entre voces y orquesta: basta un tropiezo para regresar. Castillo no deja pasar los detalles. Si hay que comenzar otra vez, se comienza otra vez.

La Orquesta Filarmónica de Jalisco ensaya en el Teatro Degollado para la función de “Lucia di Lammermoor”. EL INFORMADOR/J. Acosta

En ocasiones, repetir implica reconstruir incluso el movimiento escénico. El telón vuelve a arrastrarse. Los coristas regresan a sus posiciones. La orquesta recupera el punto indicado en la partitura. Otra señal del director y la música vuelve a levantarse desde el principio.

La disciplina tiene una razón que nadie necesita explicar demasiado. Ciento sesenta años no se cumplen dos veces y falta apenas un día. La función del domingo cargará con la memoria de aquella noche de 1866, cuando el teatro recién inaugurado estaba lleno, Ángela Peralta recibió flores y aplausos, y Guadalajara estrenó un edificio que terminaría acompañando buena parte de su historia cultural.

Ahora, el Degollado está casi vacío. Detrás de un velo, los integrantes del coro parecen sombras. Apenas iluminados, sus cuerpos se distinguen mientras las voces atraviesan la tela y avanzan hacia la sala. Desde las butacas, la escena todavía conserva algo provisional: técnicos y algunos invitados observan, anotan y calculan movimientos, tiempos y posiciones. Nada está completamente terminado porque, precisamente, para eso existe el ensayo.

La jornada de ensayo transcurre entre ajustes musicales y movimientos escénicos. EL INFORMADOR/J. Acosta

Entonces entran las voces de los solistas. No necesitan micrófonos. El sonido sale del escenario y ocupa los espacios vacíos del teatro con una fuerza que sorprende, incluso cuando desciende hacia las notas graves. La acústica recoge las voces y las devuelve por la sala. Por momentos, resulta difícil recordar que frente a ellos no hay todavía cientos de espectadores, sino filas de asientos desocupados y unas cuantas personas inclinadas sobre sus notas.

“Lucia di Lammermoor”, estrenada en 1835, pertenece al repertorio esencial del bel canto italiano. En esta música, la voz permanece expuesta. La orquesta acompaña, construye la atmósfera y sostiene una línea vocal que exige aire, extensión, belleza y precisión. Para los cantantes, cualquier fragilidad queda al descubierto. Para la orquesta, acompañarlos exige una escucha igualmente rigurosa.

La producción reúne a Anabel de la Mora, César Delgado, Rodrigo Urrutia y Enrique Ángeles, entre otros intérpretes. Luis Manuel “Mosco” Aguilar está al frente de la dirección y el concepto escénico, mientras Castillo conduce a la OFJ. Pero durante estas horas previas los nombres ceden ante las tareas. Tras bambalinas, la solemnidad del aniversario convive con escenas ordinarias. Quienes no participan en determinado momento conversan. Algunos revisan sus teléfonos. Otros salen a fumar un cigarro antes de volver al escenario.

Lucía enfrenta en escena el conflicto entre el amor, las imposiciones familiares y la tragedia. EL INFORMADOR/J. Acosta

La ópera monumental que verá el público este domingo se construye también con esos intervalos: esperas, correcciones, llamadas, minutos muertos y regresos apresurados cuando llega el turno de trabajar. En el escenario, Castillo vuelve a detener la música.

Hay una indicación. Se habla con los músicos o con el coro. Se localiza el sitio exacto. De nuevo. El gesto resume el ánimo de la jornada. No existe espacio para confiar en que algo saldrá bien llegado el momento. Tiene que salir bien ahora, en una sala casi vacía, con ropa cotidiana y sin los aplausos que el domingo modificarán por completo la atmósfera. Cada repetición elimina una posibilidad de error.

La historia que interpretan tampoco concede demasiada tranquilidad. “Lucia” está atrapada entre el amor que siente por “Edgardo” y los intereses familiares que buscan decidir su matrimonio. “Enrico” consigue separarlos y casarla con “Arturo”. El conflicto conduce hacia la tragedia y hacia una de las escenas más célebres del repertorio operístico: “la locura de Lucia”.

Hace 160 años, Ángela Peralta cantó esa historia sobre este escenario. Tenía una relación extraordinaria con el personaje: llegó a interpretarlo más de 160 veces. La prensa de aquella inauguración registró un teatro lleno, salvas de aplausos, vivas a México y una lluvia de flores sobre el escenario. Hasta Jacobo Gálvez, arquitecto del edificio, tuvo que presentarse ante el público.

El montaje avanza con revisiones puntuales antes de abrir las puertas al público. EL INFORMADOR/J. Acosta

Cien años después, para el centenario del Degollado, “Lucia di Lammermoor” volvió a escucharse aquí. Ernestina Garfias interpretó a “Lucia”; Plácido Domingo, Sherrill Milnes y el director Eduardo Mata participaron en aquella función. Otra vez hubo un teatro repleto. Otra vez hubo flores.

Sesenta años han pasado desde entonces. Durante el ensayo de 2026 todavía no existen ovaciones. En su lugar están el sonido seco de una corrección, el murmullo de los músicos, una página que cambia, el roce del telón y la voz de Castillo pidiendo repetir.

Los coristas vuelven a convertirse en sombras detrás del velo. Los instrumentos recuperan la afinación. Los cantantes respiran. Y la música comienza otra vez. Este domingo, cuando el Degollado cumpla 160 años, deberá parecer que todo ocurre por primera vez. Un día antes, el secreto consiste exactamente en lo contrario: hacerlo una y otra vez hasta que nada dependa del azar.

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Vive la locuda de "Lucía"

Ópera “Lucia di Lammermoor” de Gaetano Donizetti, en el Teatro Degollado, el domingo 13 de septiembre, a las 18:00 horas.

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