Soltería femenina en sociedades conservadoras
Persisten imaginarios que cuestionan la autonomía de quienes desafían los mandatos tradicionales y revelan la lenta transformación de ciertas mentalidades sociales
El refrán “La mujer, en soledad, piensa solo en la maldad” niega la capacidad de las mujeres solteras para conducir sus vidas con valores morales, criterio y equilibrio. Asimismo, descarta su aptitud para emprender acciones que las beneficien y favorezcan a su entorno, y les niega la posibilidad de alcanzar la felicidad. Implícitamente, las presenta como una potencial amenaza social, bajo la presunción de que dedican su tiempo a conspiraciones malintencionadas. Otros dichos denigran la soltería femenina como un fracaso personal: “Se quedó a vestir santos” o “Se le fue el tren” son ilustrativos de ese discurso.
Los refranes condensan saberes e ingenio popular, pero también cristalizan prejuicios. Esto se aprecia en los dichos occidentales sobre la soltería femenina, cuya persistencia invita a preguntarnos por qué dicha condición se cuestiona y descalifica con tanta facilidad.
En sociedades donde predomina el patriarcado, la soltería de la mujer cuestiona la concepción del matrimonio como su destino natural. Allí, la identidad femenina se define en función de la subordinación al varón, y todo proyecto vital fuera del matrimonio carece de legitimidad social. Históricamente, la vida de las mujeres ha estado limitada por una combinación de normas jurídicas, prescripciones morales y representaciones culturales que restringen sus opciones a dos destinos considerados válidos: el matrimonio o el convento.
Pese a esas limitaciones, ha habido mujeres críticas y, en diversos grados, disidentes respecto de ese pilar del orden patriarcal: la equivalencia entre feminidad, matrimonio y dependencia. Más que sostenerlo como principio, muchas lo contradijeron con su trayectoria: optaron por la soltería y se mostraron satisfechas con sus logros y aportes en la esfera pública. Son ejemplo de ello dos maestras jaliscienses que impulsaron transformaciones significativas en la educación estatal durante el periodo posrevolucionario: Irene Robledo García (1890-1988) y Willebalda Rodríguez Jiménez (1896-1977).
Irene Robledo García desempeñó un papel relevante en todos los niveles educativos: primaria, preparatoria, educación profesional, Escuela Normal, escuelas nocturnas para adultos y cursos de verano para extranjeros. En 1925 fue una de las dos mujeres entre los fundadores de la Universidad de Guadalajara. Todo ello ocurrió en una época en la que, según la propia Robledo —quien permaneció soltera—, “se hacía la guerra a las mujeres en todos sentidos”.
Originaria de Mexticacán, en los Altos de Jalisco, Willebalda Rodríguez Jiménez inició su labor docente a los trece años en su localidad y, en 1911, recibió su primer nombramiento como maestra en el sistema educativo estatal. Su mayor satisfacción fue enseñar a leer y escribir a los niños. En una entrevista de finales de la década de 1970 afirmó: “Yo nací libre como el aire; por eso nunca me casé. Soy amante de mi libertad, porque la libertad bien dirigida da muy buenos rendimientos”.
Hasta la actualidad, en ciertos sectores sociales de ciudades de la provincia mexicana, la soltería femenina —ya sea por elección, viudez o divorcio— continúa siendo motivo de condescendencia, estigmatización o sospecha. Esta persistencia evidencia la lentitud con la que cambian ciertas mentalidades sociales y subraya la necesidad de mantener el análisis histórico y las políticas públicas que promueven la autonomía y el reconocimiento de la diversidad de trayectorias sociales de la ciudadanía.
Para saber
Esta entidad está compuesta por aspectos de índole multicultural que durante su proceso evolutivo ha forjado de manera distintiva su identidad. Sus habitantes como parte esencial de sus componentes producen la herencia cultural material e inmaterial, representada por su entorno natural, arquitectura, urbanismo y tradiciones, los cuales, se encuentran sujetos a un proceso constante de adaptación a los tiempos modernos