Recorre las rutas del arte en el Cabañas
Pintura, arte popular, feminismos, futbol de barrio y paisajes mexicanos conviven en la nueva temporada de exposiciones del museo
Hay quienes llegan al Museo Cabañas buscando los murales de José Clemente Orozco y terminan encontrando mucho más. Este verano, recorrer sus salas implica atravesar distintos territorios: los paisajes que ayudaron a imaginar México, las voces que cuestionan el cuerpo y la identidad, los objetos cotidianos convertidos en poesía visual y hasta las canchas de tierra donde el futbol sigue funcionando como un acto comunitario.
La temporada de exposiciones del recinto propone una especie de viaje por distintas formas de habitar el mundo. Algunas muestras miran hacia la historia; otras, hacia las preocupaciones más contemporáneas. Todas comparten una intención: invitar al visitante a detenerse y observar aquello que normalmente pasa desapercibido.
Uno de los recorridos más amplios es “Travesías por México: territorios y raíces”, una exposición que reúne 55 obras de la Colección de Pintura del Banco Nacional de México. La muestra funciona como una travesía visual por distintas regiones del país y ofrece una mirada plural a la geografía, los paisajes y las identidades que han dado forma a la cultura mexicana.
Para quienes prefieren las lecturas contemporáneas, “Contenedor, Ducto, Refugio, Víscera, Hogar y Superficie: Cuerpo”, con curaduría de Laura Bordes, reúne el trabajo de artistas que dialogan con distintas perspectivas feministas y exploran las experiencias de mujeres y disidencias desde lenguajes sensibles y multidisciplinarios. La muestra plantea una reflexión sobre el cuerpo como territorio político, emocional y simbólico.
A partir del 13 de junio se suma “Polvo Llanero”, proyecto desarrollado por Obreros de la Cultura Futbol Club. La exposición toma como punto de partida el futbol de barrio para explorar las relaciones entre comunidad, identidad y territorio. Aquí el protagonismo no pertenece a los estadios ni a las grandes ligas, sino a esos espacios improvisados donde dos piedras pueden convertirse en una portería y donde el deporte sigue siendo una herramienta de cohesión social.
Unas semanas después, el 27 de junio, abrirá “Amor y Rabia”, del artista Israel Martínez. La muestra coloca al sonido en el centro de la experiencia artística. Más que representar espacios, sus instalaciones buscan producirlos, construyendo experiencias donde los sonidos activan recuerdos personales, culturales y colectivos.
Otra parada obligada es “Escurrimientos y craqueladuras. Orozco, Siqueiros y la piroxilina”, una investigación que pone en diálogo obras de dos de los artistas más influyentes del muralismo mexicano. La exposición permite acercarse a la materialidad de sus pinturas y descubrir cómo las texturas, los colores y los procesos técnicos también forman parte de sus discursos políticos y artísticos.
La vida cotidiana encuentra espacio en “Las cosas cuando nadie las ve”, de la artista Alicia Ayanegui. A través de una pintura íntima y contemplativa, la exposición transforma objetos y espacios ordinarios en escenas cargadas de memoria y sensibilidad, recordando que muchas veces la belleza se encuentra en aquello que pasa inadvertido.
El recorrido puede concluir en “Insistir el arte popular. Colección Roberto Montenegro”, una revisión de piezas pertenecientes al acervo del museo que propone repensar el arte popular no como una expresión separada de la modernidad artística mexicana, sino como una parte fundamental de ella.
Para todos los gustos
Más allá de las exposiciones, el Museo Cabañas complementa la experiencia con talleres, actividades familiares y ejercicios de mediación artística. Hay propuestas para crear pines inspirados en la diversidad natural, explorar técnicas artesanales, pintar con pigmentos obtenidos del entorno del museo o acercarse a los procesos utilizados por Orozco en sus murales.
La invitación es sencilla: entrar al museo sin prisa. Porque entre los muros del antiguo Hospicio Cabañas conviven muchas historias al mismo tiempo.
Algunas hablan del pasado, otras del presente; unas se escuchan, otras se observan. Todas esperan ser descubiertas en un recorrido que demuestra que el arte sigue siendo una de las mejores formas de viajar sin salir de la ciudad.