La emergencia de las Smart Cities en tiempos del Antropoceno
La transformación urbana impulsada por la digitalización, la economía circular y la participación ciudadana emerge como una vía para reducir el impacto ambiental y mejorar la calidad de vida frente a los desafíos del siglo XXI
Desde 2010, las Naciones Unidas proyectan una rápida urbanización a nivel mundial y estiman que, para 2050, el 80 % de la población mundial vivirá en ciudades. También se definió el término megaciudad como aquella con más de 10 millones de habitantes, y se prevé pasar de 35 a 100 megaciudades en todo el mundo. En la actualidad, las ciudades representan el 2 % de la superficie total del planeta, pero en ellas habita el 50 % de la población mundial y, como se comentó previamente, esta cifra aumentará al 80 %. El reto de esta urbanización acelerada radica en que estas ciudades generan el 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global.
En la era del Antropoceno, la acelerada urbanización y el modo en que las ciudades han venido operando se convierten en un camino hacia el colapso de nuestra biosfera y de nuestro planeta. Sin embargo, los antropocenistas consideran que la solución está en las propias ciudades si cambiamos nuestro enfoque y las concebimos como organismos biológicos complejos. Es decir, las ciudades tienen un metabolismo, ya que consumen materia prima, procesan energía y excretan residuos.
Desde la Revolución Industrial, hace dos siglos, este metabolismo ha sido lineal: al consumir recursos de la corteza terrestre que se procesan en las ciudades a gran velocidad, se generan toneladas de desechos y emisiones que contaminan el planeta. Este modelo es el principal causante del cambio climático a escala mundial. Por ello, los científicos consideran que la solución pasa por sustituir este modelo lineal por otro basado en un metabolismo circular. Es decir, crear infraestructura y bienes de consumo sostenibles desde su concepción, prolongar su vida útil de meses a décadas y combatir la obsolescencia programada. La solución requiere sanar las ciudades, cerrando los ciclos de consumo de materiales y asegurando que la energía utilizada provenga de fuentes renovables y no de combustibles fósiles. También es necesario medir cómo se consume y procesa dicha energía; para ello, se trabaja en la digitalización urbana.
Aquí es donde intervienen las denominadas SmartCities, que agregan una capa de digitalización a todos los procesos urbanos mediante la ciencia de datos y la inteligencia artificial, creando una especie de sistema nervioso central para las ciudades. Esto permite generar mecanismos de autorregulación del consumo para hacer más eficiente el metabolismo urbano dentro de un modelo circular. La tecnología, entonces, se traduce en una mejora significativa de la vida diaria de los ciudadanos.
Para ello, las Smart Cities consideran al ciudadano como un actor activo que contribuye a la toma de decisiones sobre dónde debe intervenir el gobierno para mejorar su comunidad y su calidad de vida. Algunas ciudades de América Latina ya han iniciado este proceso de transformación, en países como Chile, México, Colombia, Brasil y Argentina, donde los esfuerzos de digitalización se enfocan en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Finalmente, el planeta es responsabilidad de todos, y las SmartCities implican un cambio en la manera en que concebimos las ciudades y en su funcionamiento, con el fin de revertir el daño que estamos causando a nuestro planeta.